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Editorial:

Pesca sin futuro

El desmesurado recorte propuesto por la Comisión Europea a las capturas y a la actividad pesquera en aguas de la UE no toma en cuenta suficientemente la importancia social del sector. Quizá el futuro del pescado como alimento, en España y en otros países, pase más por el desarrollo de las piscifactorías que de las capturas en mar abierto, pero miles de familias que viven de esta actividad en el mar requieren algo más que ayudas sociales hasta el 2006.

El comisario Franz Fischler, al precio de una grave división Norte-Sur en el seno de la Comisión, ha logrado imponer sus tesis con un recorte de capturas que oscila entre el 30% y el 60%, una reducción de la flota comunitaria de casi el 9% (8.500 barcos, 1.300 de ellos españoles) y el fin de las subvenciones a la modernización de la flota. Pero en el Consejo de Ministros de Pesca, países del Sur con gran tradición en el sector como España, Italia, Portugal y Grecia cuentan con votos suficientes para bloquear el plan.

La propuesta misma del comisario es una indicación de que la Política Pesquera Común ha sido un fracaso, al no conseguir a lo largo de casi 30 años un equilibrio entre recursos naturales y capacidades de captura. Y de que la coyuntura va a cambiar en un sentido más conservacionista. España, el segundo país más afectado por la reforma, ha reducido su flota a la mitad en los 16 años transcurridos desde su ingreso en la UE. Con este precedente, es muy difícil seguir exigiéndole sacrificios tan drásticos sin alternativa. La mayor facilidad para el acceso a los caladeros del mar del Norte no compensa ni de lejos la reducción de capturas, especialmente tras el cierre para nuestros pesqueros de los caladeros marroquíes.

Aunque es cierto que los comisarios defienden con demasiada frecuencia intereses de sus países de origen, resulta insólito que el ministro español del ramo, Arias Cañete, haya manifestado haber dado instrucciones a los comisarios españoles de parar la propuesta. También lo es que la vicepresidenta de la Comisión y ex ministra española de Agricultura y Pesca, Loyola de Palacio, no pudiera estar presente en la votación por 'razones de agenda'. Que Fischler se haya salido con la suya en plena presidencia española del Consejo de la UE refleja que el Gobierno de Aznar no acierta a utilizar eficazmente esta institución. Y quizás por eso sus propuestas de reforma institucional pretenden reducir la Comisión a un mínimo, en beneficio del Consejo de los Estados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 30 de mayo de 2002