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LECTURA

La oscura y vertiginosa fortuna de Berlusconi

Elio Veltri y Marco Travaglio 'El olor del dinero. Origen y misterio de la fortuna de Silvio Berlusconi', de Ediciones Península, es un exhaustivo trabajo de investigación sobre el origen y los modos de enriquecerse del primer ministro italiano, al mismo tiempo que una crítica a los políticos por no haber impedido que se aprobaran todas las leyes que 'Il Cavaliere' necesitaba para que prescribieran la mayoría de los delitos de los que le acusaban varios tribunales.

Este libro puede ser de utilidad por varias razones.

A pesar de su gravedad, los hechos que cuenta sólo son conocidos por un restringido grupo de políticos, magistrados y fuerzas del orden. Los partidos y casi todos los medios de información mantienen una especie de pacto de silencio que respetan con inusual empeño y sin que entre ellos se produzcan fisuras.

En los demás países de la Unión Europea, hechos como los que describiremos provocarían un terremoto político y, en todo caso, obligarían a sus responsables a abandonar la vida pública. Pero en Italia no pasa nada. Ni siquiera se le formula una tímida pregunta al interesado, Silvio Berlusconi, en alguna de las muchas entrevistas que le hacen, hincados de rodillas, los periódicos y las televisiones públicas y privadas. (...)

Berlusconi está encausado en España por fraude fiscal y ha tenido que depositar una alta fianza. Afirma que Garzón y Jiménez Villarejo no son más que marionetas del 'pool antimafia' de Milán

Dell'Utri y Berlusconi temían la difusión de la entrevista porque ésta constituye una verdadera acta de acusación contra ellos por parte de un juez que sacrificó su vida por combatir a la Mafia

Pero, ¿qué pasa con las televisiones y los periódicos que no son de Berlusconi? ¿Y con los partidos de centro-izquierda? Sus comportamientos son mucho menos comprensibles. Cuando hablas con alguno de ellos, te suelen contestar que atacar a Berlusconi supone hacerle el juego, porque la gente le considera un perseguido. Se puede objetar que ese argumento no vale cuando se trata de hechos tan graves, porque están en cuestión asuntos y valores que constituyen el fundamento del Estado de derecho. Pero demos por buena la motivación del silencio y la autocensura de quien no es amigo de Berlusconi. Entonces, preguntémonos lo siguiente: ¿estamos seguros de que una batalla sobre la cuestión moral en relación con Berlusconi, si hubiera salido a la luz desde 1996, fecha de la victoria del Olivo, no habría dado sus frutos?

El camino del apaciguamiento

La verdad es que el centro-izquierda ha elegido el camino del appeasement, es decir, del apaciguamiento, en las dos Cámaras, en las televisiones y en los tribunales de justicia. Y por tanto, de hecho, ha estado trabajando para el rey de Prusia, es decir, para Berlusconi. No podemos olvidar que Il Cavaliere fue declarado elegible por la Junta Electoral a la Cámara de Diputados, siendo la mayoría de centro-izquierda, aunque una ley de 1957 preveía la inelegibilidad de quienes poseyeran concesiones de servicios públicos. Que durante casi dos años se ha erigido en padre constituyente, aun siendo el político más procesado de toda Europa. Que los bancos le han dado créditos cuando sus empresas tenían más de cinco billones de liras de deudas. Que en nombre de una política de garantías se aprobó la legislación sobre la justicia que quería el Polo. Que han quedado en nada todas las propuestas de leyes anticorrupción. Que los hombres más influyentes del partido-empresa (Previti y Dell'Utri) se han librado de peticiones de detención formuladas por algunos magistrados gracias a los votos determinantes de sectores del centro-izquierda. Que Rete 4 tenía que difundirse por satélite y, sin embargo, sigue transmitiendo vía éter.

Pero prescindamos incluso de todo esto. Y preguntémonos por qué documentos tan inquietantes como rotundos son sistemáticamente censurados. Hablemos de documentos que tienen como protagonistas a Paolo Borsellino, el juez asesinado por la Mafia, un conservador notorio, y a Francesco Giuffrida, inspector de la Banca de Italia, que desde luego no es un nido de revolucionarios.

Para que lo entienda el lector: en este libro no se habla de acusaciones de los típicos políticos justicieros ni de teoremas de las típicas togas rojas. En este libro habla Paolo Borsellino en una entrevista concedida a dos periodistas franceses dos días antes del atentado de Capaci [que causó la muerte del juez Giovanni Falcone, el 23 de mayo de 1992] y dos meses antes del de Via D'Amelio [en el que murió Borsellino]. Es una entrevista inédita que desapareció durante años y que su familia reencontró recientemente casi de milagro. Un documento impresionante por la gravedad de las acusaciones que el magistrado mártir, normalmente prudente y silencioso, vierte sobre Berlusconi y Dell'Utri con motivo de la relación de éstos con Vittorio Mangano, 'el mozo de cuadra de Arcore', uno de los mayores traficantes de droga de la Cosa Nostra.

¿Qué se puede decir? ¿Que Borsellino la había tomado con Berlusconi? ¿Que también él era una toga roja? ¿Que utilizaba a los arrepentidos para hacer política? ¿Que se anticipó en ocho años a la caballería electoral de los comunistas?

Roberto Morrione, jefe de la RAI Internacional, que el 18 de noviembre de 2000, sábado, junto a sus compañeros Sigfrido Ranucci y Arcangelo Ferri, logró en Florencia, en un encuentro antimafia organizado por Antonino Caponetto, recuperar la cinta desaparecida, ha revelado ante un millar de personas que ofreció la entrevista a todas las emisoras de la RAI, pero que ninguna la quiso. También los periódicos han permanecido en silencio, a excepción de alguna que otra nota casi invisible.

Berlusconi y Dell'Utri trataron por todos los medios de se-cuestrar la cinta para evitar que se emitiera, incluso en la programación de madrugada de RAI News 24. Y el propio Dell'Utri, a través de sus abogados, en un comunicado que éstos hicieron llegar a la agencia Ansa el 28 de noviembre de 2000, recomendaba a la RAI que no divulgara la cinta con la entrevista porque, según decía, había sido manipulada. Los periodistas que se encargaron de la transmisión replicaron recordando que habían enviado la cinta a Berlusconi y a Dell'Utri para que verificaran su autenticidad y que les habían invitado a participar en la transmisión, recibiendo una rotunda negativa. (...)

La verdad es que Dell'Utri y Berlusconi temían la difusión de la entrevista porque ésta constituye una verdadera acta de acusación contra ellos por parte de un magistrado que sacrificó su vida por combatir a la Mafia.

El segundo documento es un doble informe, firmado por el doctor Francesco Giuffrida, funcionario de la Banca de Italia, y por el mariscal jefe de la DIA Giuseppe Ciuro, a quienes el pool antimafia de Palermo encargó indagar en las 22 empresas de Berlusconi de las que nació Fininvest. (...)

Se trata de un documento de excepcional valor porque, por primera vez, descubre algún punto de luz sobre tantos agujeros negros que salpican los orígenes del imperio de Il Cavaliere. No es casual que nadie hasta entonces hubiera logrado entrar en las infinitas cajas chinas que, como un prestidigitador, Berlusconi fue construyendo durante más de diez años para enriquecerse.

No dejar rastro

Hasta ahora, las 34 empresas (porque desde entonces han sido descubiertas otras 12) han sido impenetrables para quien ha tratado de entrar en ellas, y quienes han escrito sobre las mismas se han visto enterrados por denuncias y han comprobado cómo de golpe han desaparecido de las librerías todos los ejemplares de su obra.

¿Qué cuentan el diligente funcionario de Bankitalia y el suboficial de la DIA a los magistrados del pool antimafia? Que de los 200.000 millones de liras que en los años setenta circularon por las distintas sociedades no se conoce la procedencia ni el destino final de 114.000 millones, cifra que equivaldría en 1997 a 500.000 millones. Que la capitalización de las sociedades se solía realizar en metálico precisamente para no dejar rastro. Que el dinero seguía recorridos tortuosos difícilmente descubribles. Que las sociedades estaban formadas por una infinidad de cajas chinas que solían servir para una sola operación y que los testaferros-pensionistas anónimos, enfermos crónicos y terminales, amas de casa, resultaban ser los titulares del naciente imperio de Berlusconi. Que la documentación no se encuentra o ha sido quemada. Que algunos bancos han facilitado las operaciones de Il Cavaliere: sobre todo, la Banca Popular de Lodi (que había clasificado a las empresas bajo el nombre de 'negocios de peluquería' a fin de que nadie pudiera meter la nariz en ellos) y la Banca Rasini, conocida por hacer transacciones de dinero sucio, cuyo factótum había sido durante más de veinte años el padre de Berlusconi. Que las primeras operaciones habían sido obra de la familia Previti al completo: el padre y dos hijos.

Los documentos demuestran con claridad que fundamentalmente hay dos etapas en la ascensión de Il Cavaliere: la primera empieza en los años setenta, transcurre durante los años de oro de la P2 y termina en 1983, el año en que Craxi pasa a ocupar el palacio Chigi. La segunda comprende los años del Gobierno de Craxi y prosigue durante los años del CAF hasta el escándalo de Tangentopoli. En la primera etapa llueven sobre Il Cavaliere ríos de miles de millones que nadie sabe de dónde proceden. En los años del craxismo la amistad con el líder socialista le permite lograr el boom televisivo a escala nacional, despreciando todas las normas y leyes hasta la aprobación de la ley Manimí, que es una ley de televisión hecha a su medida. (...)

Berlusconi jugó con sus adversarios y conquistó a los italianos. Hay que admitir que quienes, cuando empezaron los trabajos de la Bicameral, pensaban que D'Alema se podía merendar a Berlusconi de un solo bocado se equivocaban de parte a parte. Il Cavaliere siempre supo jugar todas las cartas, incluida la de Manos Limpias.

El 8 de diciembre de 1994, dos semanas después de que fuera llamado a declarar por haber corrompido a la Guardia de Finanzas, Berlusconi aún seguía elogiando 'esa ansia de verdad que se manifiesta en las investigaciones de estos magistrados (los que formaban el denominado pool antimafia de Milán) y definía a Di Pietro como 'un magistrado que se ha ganado con su trabajo el respeto de los italianos'. Luego añadía lo siguiente: 'Creo que pronto me entrevistaré con él . Es un hombre de centro, como yo. Siempre reconocí el papel desempeñado por los magistrados en la lucha contra el sistema perverso de la Primera República. La televisión y los periódicos de Fininvest han estado siempre en primera línea en defensa de los magistrados, y sobre todo de Di Pietro . Su defensa de la moralización podría ser un patrimonio precioso para todo el país...'.

En aquellos días Il Cavaliere confiaba todavía en que Di Pietro se pusiera de su parte. Por eso olvidaba esa orden de comparecencia que había firmado el propio Di Pietro y seguía hablando bien del pool de Manos Limpias. Pero tuvo que desdecirse unas semanas después: 'Si soy absuelto significará que todavía existe una justicia en Italia, si soy condenado significará que la democracia ha cedido su puesto al régimen contra el cual los hombres libres y los partidos que les representan tienen derecho a reaccionar de cualquier manera, desde manifestaciones en la calle hasta el obstruccionismo parlamentario'.

Un mensaje devastador

Ante declaraciones de tal gravedad, el centro-izquierda duda y empieza a diferenciar de manera bizantina entre las investigaciones judiciales y la lucha política, enviando así a los ciudadanos un mensaje devastador: los políticos, como los ciudadanos corrientes, son inocentes hasta que haya sentencia judicial firme, y por tanto se puede ser inquilino del palacio Chigi o del Quirinal con una condena por corrupción encima.

A Il Cavaliere le bastaron dos años desde la victoria del Olivo para que todas las situaciones se volvieran en su favor: liquidó a la Bicameral tras haberse servido de ella; convenció a la mitad de los italianos de que era un perseguido de los jueces por motivos políticos; fue desagraviado en el Parlamento porque alguien, a las órdenes de no se sabe quién, le había colocado en casa una grabadora para espiarle, atentando contra la Constitución; canceló sus deudas y empezó a acumular ganancias de vértigo, hasta llegar a ser el hombre más rico de Italia, con un patrimonio estimado en 30 billones de liras; consiguió que se aprobaran todas las leyes sobre justicia que necesitaba para que prescribieran la mayoría de los delitos de los que le acusaban varios tribunales; convirtió a Forza Italia en el primer partido del país; logró dominar a Fini y a Bossi, que ahora le obedecen ciegamente; retomó sólidamente en sus manos ese liderazgo del Polo, que en 1996 todos le discutían; logró paralizar la ya larga transición italiana que puso en marcha Manos Limpias y ahora trabaja con éxito en la restauración, reclutando a miles de viejos cuadros de la DC y del PSI.

Y así, mientras todos los organismos internacionales lanzan la voz de alarma contra la corrupción, aliada predilecta de la criminalidad organizada y del reciclaje de dinero sucio, Il Cavaliere convence a políticos, intelectuales y ciudadanos de que, en definitiva, Italia no es un país distinto a los demás y de que la corrupción no es sino un invento de un puñado de magistrados sedientos de poder.

El que se atreve a hablar de legalidad en la Cámara es vilipendiado e insultado; los diputados perseguidos o condenados por cualquier delito (corrupción y lesiones incluidas) son declarados inmunes y por ello no juzgables; las órdenes de detención de Previti, Dell'Utri, Cito y Giudice son consideradas persecutorias y devueltas al remitente.

Poco importa que en las resoluciones del Parlamento Europeo y del Consejo de Europa se diga que la corrupción 'mina el funcionamiento de un sistema democrático' y que se pida 'publicar en el Boletín Oficial de la Comunidad los nombres y cargos de las personas físicas o jurídicas condenadas de forma definitiva por actos de corrupción relacionados con decisiones o financiaciones de origen comunitario'. Poco importa que el Parlamento de Estrasburgo invite a los diputados a 'organizar investigaciones de conocimiento público sobre el desarrollo y las consecuencias de la corrupción' y que exhorte a 'la Comisión y a los Estados miembros a adoptar medidas tendentes a excluir por un determinado periodo de tiempo de los concursos públicos y del derecho a cualquier tipo de subvención a los operadores de mercado que sean corruptos'. Son peticiones análogas a las que proceden de la ONU, de la OCDE, de la Conferencia de Lima sobre corrupción y hasta de Colombia. En Italia todo queda silenciado, escondido. Todo pasa como el agua sobre el cristal, sin dejar huella. (...)

El conflicto de intereses

Hablar de un simple conflicto de intereses es reduccionista: el suyo es un conflicto complejo e intolerable en cualquier país democrático: un conflicto político, empresarial y judicial. Indro Montanelli escribía (Corriere della Sera, 20 de julio de 1998) que 'al menos sobre una cosa, por ser tan evidente, están de acuerdo los italianos: que mientras no se desbloquee el caso Berlusconi no habrá debate político, es decir, no habrá política'. Y con un sarcasmo admirable planteaba un referéndum sobre la siguiente cuestión: '¿Queréis la abolición de los delitos por los que se ha condenado a Silvio Berlusconi?'. Sí, en efecto, es verdad: tal vez el país habría sufrido menos daño si el Parlamento, con la correspondiente ley constitucional, hubiera suprimido los delitos en que incurrieron Berlusconi y sus amigos más próximos. Al menos así se habría evitado la devastación del sistema penal con tantas reformas salvaladrones al alcance de todos.

Sergio Romano, columnista de opinión de centro-derecha, es aún más severo cuando escribe lo siguiente: 'El de Il Cavaliere es el más colosal conflicto de intereses que figura en las crónicas del Estado unitario italiano'.

Pero Berlusconi no piensa lo mismo. 'Sobre el conflicto de intereses la solución es muy sencilla', declaraba, con inefable candor al Corriere della Sera el 20 de septiembre de 2001. 'El presidente del Consejo, que es un primus interpares y coordina la actividad de los demás ministros, tiene la obligación moral de abstenerse cuando se ponen sobre la mesa decisiones que también podrían afectar a sus intereses. Yo lo hice así durante mi Gobierno y hoy me comportaría igual'.

Seguramente Berlusconi está hablando de otro Gobierno, porque el suyo hizo exactamente lo contrario. Clemente Mastella contó que cuando el Gabinete tuvo que deliberar sobre los teléfonos móviles en ausencia de Berlusconi, que se había alejado para evitar un conflicto de intereses, los tres ministros que estaban presentes adjudicaron la concesión a la Omnitel de De Benedetti. Pero cuando luego se lo comunicaron a Berlusconi, éste se puso furioso, porque nunca ha tolerado al ingeniero. Con la ley Tremonti actuó peor todavía, como veremos a lo largo del libro. Por no hablar del decreto Biondi, que impedía la detención de delincuentes de guante blanco precisamente cuando estaba a punto de ser detenido Paolo Berlusconi.

Europa es otro mundo

Exportar a Berlusconi a otros países no dejaría en buen lugar a Italia, desde luego. Los periódicos y televisiones que no quieran a nuestro país lo tendrían fácil para echarnos en cara su gran currículo judicial.

De hecho, Berlusconi está encausado también en España (otro país de sus sueños: ¡el modelo Aznar!) por fraude fiscal y ha tenido que depositar una considerable cantidad en concepto de fianza. Él afirma que Baltasar Garzón (el juez que encausó a Pinochet) y Jiménez Villarejo (el fiscal general anticorrupción) no son más que marionetas en manos del pool antimafia de Milán. Pero seamos serios. ¿Es posible que alguien como Garzón se deje influir por cuatro magistrados italianos? Y además, Garzón no es la única autoridad judicial extranjera que está interesada en los delitos de Berlusconi.

Basta leer la requisitoria inglesa de lord Justice Simon Brown, representante de la Reina, a propósito de los papeles ingleses de Fininvest. (...) Y cuando de Madrid o Londres pasamos a Alemania, las cosas no mejoran mucho para el hombre de Arcore.

El 9 de julio de 1998, tras la condena en primer grado por las comisiones entregadas a la Guardia de Finanzas (delito que luego prescribió en apelación), el Suddeutsche Zeitung de Múnich escribía lo siguiente: 'Que la permanencia (de Berlusconi) en política sea considerada como algo normal sería un fenómeno inconcebible en Inglaterra, en Alemania, en América . Berlusconi es una contradicción que ninguna otra democracia de la Unión Europea debe soportar . Sería realmente paradójico que un imputado ya condenado intervenga en la reforma del ordenamiento jurídico'.

Será paradójico para los alemanes. Pero para muchos italianos resulta hoy normalísimo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de marzo de 2002

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