NUEVO AUDITORIO DE CAIXAFÒRUM
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

En el castillo de La Caixa

Hubo un tiempo en que el poder estuvo en los castillos, más tarde en las fábricas y hoy en las entidades financieras. Una gran entidad financiera catalana, La Caixa, acaba de inaugurar la nueva sede de su fundación cultural en una vieja fábrica, un tipo de edificio que es tópicamente la quintaesencia de la catalanidad. Ocurre, además, que la fábrica, toda ella coronada de almenas, parece, vista de lejos, un inofensivo castillo urbano de juguete. Hemos vuelto al principio y el poder regresa a los castillos.

En el interior del castillo, en el lugar que ocuparía la cripta, la mazmorra o quizá la bodega, se abre el nuevo auditorio, un espacio con intimidad de cripta, penumbra de mazmorra y que, al igual que la bodega, es promesa de alegrías y gozos.

El nuevo auditorio de Caixafòrum, que así se llama el invento, es de aforo reducido, de 350 plazas, y se augura pequeño para la capacidad de convocatoria que ya tiene la institución y que sin duda crecerá con el nuevo equipamiento.

En consonancia con la tradicional alergia que tiene La Fundación La Caixa a todo aquello que pueda parecer exhibicionismo o desmesurado boato ornamental, el nuevo auditorio es de una esencialidad decorativa casi franciscana y, en consonancia también con el estilo Caixa, está técnicamente equipado como una estación espacial. Menos palomitas, puede hacer de todo.

La acústica, escuchada desde el fondo de la sala, es de gran calidad. Algunos oídos de acreditada reputación que se situaron lateralmente y en las próximidades del escenario se quejaron de una cierta sequedad acústica. A la espera de poder escuchar allí grupos de cámara, piano en recital y solistas, el auditorio suena globalmente bien y especialmente bien en la parte posterior y central. La comodidad es buena sin llegar al lujo del Auditorio de L'Illa Diagonal, la visibilidad no presenta problemas y el único punto negro del informe está en que el aire acondicionado es algo ruidoso y genera una nota pedal molesta en la zona medio-grave.

Cantus Cölln

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

El honor de la inauguración del nuevo auditorio recayó en Cantus Cölln, el conjunto vocal e instrumental especializado en el repertorio vocal alemán e italiano del Renacimiento y del barroco que desde 1987 dirige el laudista Konrad Junghänel. Cantus Cölln, una veintena de personas entre instrumentistas y cantantes, ofreció un programa integrado por cantatas y motetes de Bach. Quedaron mejor los motetes pues, al ser a doble coro, sonaban exhuberantes, floridos y más propios de un día de fiesta, y más severas, rigurosas y recogidas quedaron las cantatas.

En esta ocasión ni el conjunto ni Bach eran el centro de la atención, el protagonismo del concierto estaba en el contenedor y no en el contenido y había motivo para ello: hay un nuevo espacio para la música en la ciudad y es bueno y está bien comunicado.

Regístrate gratis para seguir leyendo

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS