Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
LA OFENSIVA TERRORISTA

ETA intenta matar a una edil socialista con una bomba oculta en un carrito

La banda hizo estallar más de 20 kilos de dinamita ocultos en un carrito de la compra en Portugalete

ETA intentó asesinar ayer con más de 20 kilos de dinamita escondidos en un carrito de la compra a una concejal del PSE, nueve días después de haber mutilado con una bomba lapa a un dirigente de las Juventudes Socialistas. Esther Cabezudo Martínez, de 56 años, teniente de alcalde de Portugalete (Vizcaya) e histórica sindicalista, y su escolta privado, Iñaki Torres Mediavilla, de 30, salvaron la vida gracias a que los etarras habían orientado el artefacto en la dirección contraria al lugar por el que ambos caminaban. La explosión sólo les causó heridas leves, al igual que a otras tres personas que pasaban por la zona. Los departamentos de Interior de los Gobiernos central y vasco atribuyen sin dudar este nuevo atentado al comando Vizcaya, el más activo con que cuenta actualmente la banda terrorista y el responsable de 11 de los 12 atentados cometidos en España en los últimos tres meses.

MÁS INFORMACIÓN

En pleno debate político sobre la seguridad de los concejales vascos, ETA ha reorientado de nuevo sus armas contra cargos locales socialistas, colectivo contra el que no atentaba desde que en marzo del año pasado asesinó al edil guipuzcoano Froilán Elespe.

Esther Cabezudo salió de su domicilio, en la calle de Peñota de Portugalete, junto a su escolta, contratado por el Ministerio del Interior, poco antes de las nueve. Ambos se dirigían a pie al ayuntamiento, donde la edil iba a participar en un pleno al mediodía.

Los activistas del comando Vizcaya habían escondido la carga, entre 20 y 30 kilos de dinamita Titadyne de la robada por la banda en Francia, dentro de un carrito de la compra azul y blanco que colocaron contra la pared del inmueble número 11 de la calle de Casilda Iturrizar, junto a una tienda de muebles. Los terroristas esperaron a que la edil y su escolta estuvieran a la altura del carrito, aunque en la acera de enfrente, para activar a distancia el artefacto.

Un "error afortunado" de los etarras, en expresión del consejero vasco de Interior, Javier Balza, salvó la vida a Cabezudo y su escolta. Los activistas colocaron el carrito de forma que la onda expansiva se dirigió principalmente hacia la estructura del inmueble, uno de cuyos pilares llegó a seccionar, y no hacia la acera. La casualidad hizo que una furgoneta de reparto de bebidas pasase en ese momento por la calle. Este vehículo recibió parte de la metralla y de la onda expansiva, hasta el punto de que todos sus cristales se rompieron, perdió parte del techo y sus ruedas reventaron, según precisó su conductor.

Dos hombres

Testigos presenciales vieron huir corriendo del lugar a dos hombres inmediatamente después de la explosión, según aseguró Balza en los pasillos de la Cámara vasca. La policía investiga si los dos etarras usaron un teléfono móvil para activar la carga.

En las cercanías, junto a una parroquia, se encuentra el centro cultural Santa Clara, en el que cerca de un centenar de personas, en su mayoría adolescentes, recibían en esos momentos clases de formación ocupacional. "El estallido ha sido terrible. Ha temblado todo. Los cristales han saltado por los aires y menos mal que había unas cortinas. He salido corriendo y he visto dos cuerpos tendidos en el suelo", señalaba ayer tras el cordón policial uno de los alumnos del centro.

Cabezudo y Torres cayeron aturdidos por el estallido y varios transeúntes fueron los primeros en atenderles. Una ambulancia les trasladó poco después hasta el Hospital de San Eloy, en la cercana localidad de Barakaldo. La edil presentaba, según el parte médico, múltiples heridas de metralla y le había estallado el tímpano del oído derecho. Su estado es leve, salvo complicaciones. Iñaki Torres sufría múltiples heridas por metralla en extremidades y tórax, estallido timpánico también del oído derecho y una herida en la parte superior de la ceja. Su pronóstico es menos grave. Tras curar sus heridas, ambos pasaron a planta.

Otras tres personas -dos mujeres y un hombre joven- que pasaban por la zona en el momento de la explosión fueron atendidas en el Hospital de Cruces, en Barakaldo, de lesiones leves, principalmente problemas auditivos, y dados de alta sin llegar a ingresar. Además, una mujer de 32 años embarazada, quien también se encontraba en el lugar, acudió al mismo hospital para comprobar el estado del feto, que no sufrió ningún daño.

Todo parece indicar que el comando había ensayado la acción en la mañana del miércoles. Javier Miranda, concejal del PNV en la misma localidad y que reside en el inmueble junto al que estalló la bomba, vio el carrito a primera hora de la mañana de ese día apoyado junto a su portal. Un tiempo después ya no estaba. Miranda volvió a ver el carrito ayer poco antes de la explosión. "Lo vi otra vez y me dije: a este repartidor [de propaganda, que usan carritos de ese tipo] le debe tocar aquí otra vez. Sí, me pareció raro, e incluso pensé en tocarlo. Al final subí a mi casa y al poco se produjo la explosión", relató el edil peneuvista. Él fue, precisamente, una de las primeras personas en atender a Cabezudo y su escolta.

Es la segunda vez en su histortoria que ETA usa un carro de la compra como escondite de una bomba. Activistas del comando Vizcaya emplearon ese método en julio de 1990 para atentar contra un guardia civil en la también localidad vizcaína de Getxo. El agente resultó herido grave, pero salvó la vida al sospechar del carro.

La explosión de ayer fue de tal magnitud -la carga es similar a la de muchos coches bomba- que el estallido pudo oírse con claridad en domicilios de Las Arenas, el barrio de Getxo separado de Portugalete por el cauce de la ría del Nervión. Una nube de humo se elevó desde la calle, una céntrica vía en cuesta que llega al Puente Colgante sobre la ría.

Un total de 45 viviendas de una docena de inmuebles quedaron "gravemente afectadas" por la deflagración, según señaló el alcalde de la localidad, el socialista Mikel Cabieces. Decenas de cristales saltaron en los edificios cercanos, algunos de ellos distantes hasta casi un centenar de metros del lugar de la explosión. Las viviendas más cercanas, especialmente las del inmueble número 11, que tuvo que ser apuntalado por los bomberos, quedaron destrozadas. Unas 25 familias no podrán volver a sus hogares en varios días. El estallido afectó también a las conducciones de gas, lo que obligó a desalojar cuatro edificios, y dañó a numerosos vehículos y comercios de la zona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de marzo de 2002