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Los jóvenes diseñadores cierran Cibeles con audaces propuestas

El desfile de Montesinos fue toda una carta de amor a Balenciaga

Los diseñadores jóvenes llegaron con un día de retraso a Cibeles -fueron desplazados sin contemplaciones por la vuelta de los disidentes- pero se presentaron con propuestas llenas de creatividad: el negro imprescindible, mucho colorido, estampados artesanales y muy originales como los de Miriam Ocariz o vestidos de cuento como los de Macarena Kindelán. Ailanto propuso modernizar la ropa de andar por casa. Un año más, Francis Montesinos fue el encargado de cerrar una edición que se ha caracterizado por el desfile de políticos del PP.

Los ocho diseñadores jóvenes tenían que desfilar el jueves pero fueron utilizados como comodín por la organización, que aceptó la condición impuesta por los disidentes para volver a Cibeles de desfilar, precisamente, el día dedicado a los jóvenes. Así que para éstos supuso un verdadero trastorno desfilar ayer porque tenían que acudir a la feria parisiense Primera Visión donde la mayoría compra sus tejidos.

De los ocho diseñadores que presentaron sus propuestas, tres son del País Vasco, y con ellos se abrieron los desfiles. Ailanto, firma de los creadores bilbaínos Iñaki y Aitor Muñoz, llegaron con el ruido de los fuegos artificiales para presentar una colección donde mandaban las prendas deportivas reconvertidas y las versiones modernizadas de la ropa de estar en casa. Muy divertidas sus chaquetas quimono y los estampados de árbol sobre seda.

Miriam Ocariz, otra creadora vasca, fue la gran triunfadora de la jornada. Llamó la atención por sus estampados realizados artesanalmente mediante serigrafía que utiliza en pantalones, faldas, vestidos y camisas, en las que se aprecian referencias tan clásicas como Chanel. Ocariz llamó la atención también por sus propuestas de ropa masculina en rosa palo, crudo, gris y plata como colores más destacados. Esta diseñadora junto con la modelo Verónica Blume consiguieron los Premios L'Oréal a la mejor modelo y a la mejor diseñadora.

El tercer vasco de la jornada, Alejandro Sáez de la Torre, representante de la firma Por fín, basó su propuesta en el tejido vaquero casi desde el principio hasta el fin. Sáez, que estuvo arropado por numerosos seguidores entre el público, presentó una colección dirigida sobre todo a la gente más joven. El desenfado de Por fín contrastó con la seriedad de Guillermo Torino, antiguo diseñador de bolsos de Loewe, que basó su colección en el contraste de materiales como la piel y los tejidos rugosos, los encajes de nailon y la seda. Algunos de sus trajes parecían sacados de una película futurista, pero lo mejor fue el colorido, sobre todo los lilas, los guindas y los azules turquesa.

Alma Aguilar y Yohuate abrieron los desfiles de la tarde. Aguilar tituló su colección La robe noire (El vestido negro) y buena parte de las 37 salidas estuvieron dedicadas a esa prenda y a los abrigos que ella sitúa por la mitad del muslo.

La siguieron Jorge Vázquez, con experiencia en Zara y en el equipo de diseño de Antonio Pernas. Con él volvieron a Cibeles los pantalones y las faldas caídas y las imponibles transparencias. Estuvo sobrio y comercial. Lo contrario de Macarena Kindelán, que parece huir de las tendencias abrazadas por todos para mostrar una ropa que parece sacada de un cuento.

El cierre estuvo marcado por la ausencia de espectáculo y de fiesta. Montesinos, que venía de enterrar a su único hermano, suprimió el pase de Nacho Duato y todo lo que tenía que ver con el destape y la fiesta. Se limitó a mostrar una colección dedicada al maestro Balenciaga -Carta de amor- pero tamizada por la creación de este explosivo diseñador valenciano. El estampado de claveles, que tanto le gustaba a Balenciaga, se imprimió en sedas, organzas y vaqueros, todo en rosas fucsias y rojos. No faltaron ni el macramé ni el punto y Montesinos aprovechó para presentar su colección de gafas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de febrero de 2002