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España toma el 3,5% del capital de la Corporación Financiera Andina

España ingresó ayer en la Corporación Financiera Andina (CAF) mediante la aportación de 300 millones de dólares (100 millones en capital ordinario y 200 millones en capital de garantía), unos 346 millones de euros. Se convierte así en el principal socio extrarregional de esta entidad financiera, al controlar el 3,5% del capital. Rodrigo Rato, vicepresidente segundo del Gobierno, y Enrique García, presidente de la CAF, suscribieron el acuerdo por el que España se asegura un puesto permanente en el consejo de administración.

'Esta decisión, que permite mejorar la posición española en la región andina, donde somos el segundo inversor mundial', señala el Ministerio de Economía, 'permitirá una mayor participación en proyectos de integración y desarrollo de la zona, en un mercado potencial de 4.000 millones de dólares'.

La CAF es un banco multilateral, fundado en 1968, con sede en Caracas, y que tiene como principales socios a los Gobiernos de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, que poseen el 92,32% del capital, más los Gobiernos de Brasil, Chile, México, Panamá, Paraguay, Uruguay, Jamaica y Trinidad-Tobago, que poseen el 4,08%. El resto lo controlan varias entidades financieras andinas.

El objetivo de este banco de desarrollo es fomentar la integración económica y el desarrollo sostenido dentro de la región andina. Para ello, la entidad aporta recursos financieros tanto al sector público como al privado. 'La CAF es la principal fuente de financiación para los países andinos, al aportar una media de 3.000 millones de dólares anuales a distintos proyectos de integración, por delante del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo', subraya Enrique García, que dirige esa entidad desde 1991. Este antiguo ministro de Planificación de Bolivia tiene grandes posibilidades de ser el candidato de consenso para las próximas elecciones presidenciales en su país.

Solvencia económica

García señala que la CAF trabaja tanto con el sector público como con el privado y goza de un rating de solvencia (A) muy por encima del disfrutado por los países socios. 'Es el más alto de toda América Latina', expresa con orgullo Enrique García, quien considera que ello se debe 'al total respaldo de los países miembros y a la solidez financiera de la institución basada en unas políticas prudentes'.

La CAF, añade García, siempre se ha beneficiado del apoyo de los países socios, independientemente de los cambios de signo gubernamental.

La corporación, por otra parte, tiene a gala no mantener una posición dogmática en lo referente a las recetas de las políticas de desarrollo, al tiempo, recuerda García, que se siente totalmente identificada con la región.

España, con su entrada en la CAF, fortalece la imagen de la institución, según su presidente, y contribuye a la proyección iberoamericana de esta institución. 'La aportación monetaria es importante, pero no es lo esencial', señala García. 'Valoramos más la contribución española por lo que puede suponer la posibilidad de analizar sus experiencias en el proceso de integración europea'. La CAF espera que España sirva 'como ventana' para las relaciones de la región con la Unión Europea.

'El ALCA es sólo un intento de crear un mercado único americano', reflexiona García. 'El Mercosur [el mercado común entre Argentina, Paraguay y Brasil] es la búsqueda de la unión monetaria y de la integración política. Creo que sería un error no ser pacientes con las dificultades coyunturales y abandonar ese proyecto integrador', asegura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de febrero de 2002