Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA

El sastre del PP

No es el bueno de Harry Pendel, el inolvidable sastre de Le Carré y sin embargo, no le va a la zaga en capacidad de fabulación. Una de las claves más certeras sobre lo que está pasando nos la ha dado estos días un sastre valenciano, Antonio Puebla. Sostiene el sastre que, desde que el PP está en el Gobierno, en España se viste mejor y que 'el PSOE dio una imagen con la chaqueta de pana para todos los actos, que la gente se creyó que esto era Jauja y vestían fatal'. Donde mejor se viste, según asegura Puebla al periódico Levante, es en Madrid, porque allí se mueven más políticos y empresarios. En una lógica defensa de su oficio, frente al traje prêt-à-porter, que sería el de la etapa socialista, el sastre defiende el traje a medida, que es el que gastan los políticos del PP y los empresarios.

No sé si el sastre es consciente de que su análisis va más allá de las chaquetas y de los pantalones y llega hasta la urdimbre de los partidos y las entretelas de los gobiernos. En efecto, los socialistas hicieron una política de prêt-à-porter en sectores como la educación y la sanidad, que universalizaron y uniformaron, con más o menos acierto, para regocijo de algunos menesterosos que pensaron que esto era Jauja. El PP tiene un excelente sastre, y no me refiero a Antonio Puebla, ni a ninguno de los miembros del digno gremio de la aguja y el dedal, sino a los que practican las oscuras artes del control de la agenda política, en las que los actuales gobernantes se han revelado como auténticos maestros.

Y como muestra, un botón, de esos que van sobre ojales auténticos y que algunos llevan abiertos para que se note que están cosidos a mano. Madrid gana peso como destino de la inversión extranjera y atrae el 72% del total; la Comunidad Valenciana, Cataluña y Andalucía han perdido fuerza y reciben el 17%. En concreto la Comunidad Valenciana ha pasado, en 8 años, del 2,7% al 1%. El análisis sobre la pujanza madrileña que realizan las Cámaras de Comercio coincide con el diagnóstico sobre la geografía de buen vestir del sastre: Madrid es un polo de atracción de inversiones porque es la sede de la Administración del Estado y porque en su territorio están implantadas la mayoría de empresas de telecomunicaciones. Y es que si miráramos mejor los trajes de los poderosos, como hace el sastre Puebla, nos ahorraríamos algunas estadísticas.

Eduardo Zaplana, que es un figura, y si me apuran un figurín como dicen algunas cronistas de la Villa y Corte, sería otro ejemplo de las bondades de un buen traje. La realidad puede dar cifras desastrosas para la inversión, o para la sanidad, en la Comunidad Valenciana, pero él se pone el traje a medida del poder valenciano y tanto peor para la realidad, que, a fin de cuentas, la sufren otros.

En esto de los trajes es muy importante tener muchos y por supuesto todos con doble pantalón, porque si no se gastan y enseguida se notan los deslustres y las rozaduras. Vean si no ese traje, que tanto le gustaba a Zaplana, de la línea de Alta Velocidad y que, con lo bien que lo lucía, más que un AVE cualquiera parecía un pavo real. Pues nada, ahora, guardadito en el ropero, no vaya a ser que a alguien se le ocurra preguntar cuándo sale el primer tren. El Gobierno acaba de estrenar un par de trajes a medida de las clases medias, que son las que dan las mayorías: la lucha contra el botellón y la reforma educativa. Todo es cuestión de un par de decretos y mucha televisión. Elegantes que son.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de febrero de 2002