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Talleres para los pequeños y marcha para los mayores

En el colegio San Esteban, uno de los 36 centros públicos del municipio de Fuenlabrada -que cuenta también con 13 colegios concertados-, un grupo de niños juega al fútbol en el patio, mientras otros pintan o aprenden a cocinar en las aulas. Pero lo hacen en un horario muy diferente al resto de los escolares: desde las cuatro y media de la tarde y hasta las diez de la noche.

La explicación está en que San Esteban forma parte del grupo de 14 centros que se han acogido al programa Fuenlicolegios, una iniciativa municipal surgida hace ocho años debido al número cada vez mayor de población escolar. Beatriz Valencia, una joven monitora de 21 años, se hace cargo cada tarde, con otros dos compañeros, de más de 100 chavales de entre cinco y 16 años que acuden a los talleres de dibujo, animación a la lectura, cocina y sexualidad que organiza la escuela.

Beatriz explica: 'Cada vez hay más niños en Fuenlabrada, por eso se organizan actividades con el objetivo de que ellos acudan en su tiempo de ocio'.

Aunque niños y jóvenes forman el grupo de población más numeroso de la localidad, los mayores de 65 años -que sólo son 8.294 (un 4%) de los 178.221 fuenlabreños- se hacen notar. Sus vecinos los conocen porque participan en bailes, juegan a las cartas y hacen viajes culturales. Francisco Velázquez no ha cumplido los 65, pero no ha esperado más para organizar las actividades de la asociación La Serna, una de las ocho que hay en Fuenlabrada. Está jubilado por enfermedad y se niega a que su mente y su cuerpo se paren. Si no se apunta a una partida de naipes, está pensando en qué pieza mover para dar jaque al rey o bailar con una dama. 'Así', dice, 'la vida es más agradable'.

Velázquez asegura que los fuenlabreños 'cuidan mucho a los mayores'. Lo que desconoce este jubilado es que, para sus vecinos, el adjetivo que define a este sector de población no es el de mayores, sino el de marchosos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de febrero de 2002