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AMÉRICA LATINA

EE UU limita daños y ayudas en la debacle argentina

Sus multinacionales están menos atrapadas que en la crisis mexicana de los noventa

Estados Unidos, primer inversor exterior en Argentina, contempla sin nervios el dramático espectáculo que se desarrolla en las calles y los pasillos políticos de Buenos Aires. La línea dominante de las multinacionales norteamericanas es la de no actuar y esperar a ver cómo evoluciona la situación, en un ambiente en el que lo único cierto es que se han acabado los beneficios.

La capacidad de distorsión del actual 'efecto tango' está a años luz de lo que pudo haber sido el 'efecto tequila'

La inclinación al unilateralismo de la Administración de Bush ha hallado un ejemplo de libro en Argentina, que contrasta con la urgente intervención de Washington para contrarrestar el efecto tequila a mediados de los noventa. Clinton lanzó entonces una operación de socorro de 50.000 millones de dólares para evitar el colapso de México, que tenía 30.000 millones de deuda, en la que contó con el apoyo de Bush, gobernador de Tejas, que veía al otro lado de la frontera el espectro del caos. Bush se limita ahora a advertir a Buenos Aires de que tendrá un negro futuro si cae en la tentación proteccionista.

México está cerca, es muy grande y el capital norteamericano estaba mucho más expuesto de lo que está hoy en Argentina, donde, a pesar de las grandes inversiones realizadas, el negocio de las filiales de EE UU supone una parte muy pequeña en el conjunto de las operaciones de las matrices.

Entre 1990 y abril de 2000, EE UU invirtió en Argentina 51.660 millones de dólares, el 37,4% del total de la inversión extranjera en el país, según el Ministerio de Economía argentino. España fue el segundo inversor en dicho periodo, con 34.394 millones de dólares, el 24,9% del total. En los últimos años, Argentina ha atraído en torno al 1,25% de las inversiones norteamericanas en el exterior y alrededor del 10% del total en América Latina, donde México, blindado con el Tratado de Libre Comercio, y Brasil se llevan la parte del león. México realiza el 80% de su comercio exterior con EE UU y recibe de este país porcentajes semejantes de inversión. Sólo el 11% de las exportaciones y el 20% de las importaciones argentinas dependen de EE UU. La capacidad de distorsión del efecto tango está a años luz de lo que pudo haber sido el efecto tequila.

Casi un tercio de la inversión de EE UU en Argentina fue absorbido por el sector de telecomunicaciones con 15.677 millones de dólares, muy por delante de las relacionadas con petróleo y gas (6.228 millones, el 12,8%) y electricidad (4.101 millones, 8,4%). Banca y servicios financieros ocupan en la década 1990-2000 un modesto séptimo puesto en el ranking inversor, con 1.909 millones de dólares, apenas el 3,9% del total.

Sólo en México, Citigroup invirtió el año pasado 12.500 millones de dólares en la adquisición de Banamex, alentado, al parecer, por la positiva experiencia española en Latinoamérica. Hace dos semanas, Banamex traspasó su participación en el argentino Banco Bansud a un banco local, al que entregó 65 millones de dólares por hacerse con su participación y otros 150 por su cartera crediticia. Fue la primera operación de un banco grande por distanciarse de la crisis argentina.

JP Morgan Chase, el segundo banco de EE UU, aludió el miércoles a la situación argentina para explicar sus malos resultados del último trimestre de 2001, pero también habló de la suspensión de pagos de Enron y de la debilidad de la economía norteamericana. En Argentina, el JP Morgan tiene expuestos unos 900 millones de dólares, más que el Bank of America (700), pero apenas una fracción de los 8.000 del Citigroup y los 7.300 del FleetBoston, un clásico con 85 años de historia en el país, donde genera el 3% de ganancias.

El presidente del Citigroup, primer grupo bancario mundial, dice que 'es pronto para entender cómo quedará todo', pero su idea es la de seguir en Argentina, porque las pérdidas serán muy asumibles.

El sector de la telefonía y las telecomunicaciones se prepara para sufrir caídas del 30% al 40% en sus cifras de negocio, pero Bell South y Verizon no tienen planes de retirada, en parte porque las operaciones en el sur del continente apenas rondan el 2% de su negocio. AT&T, tampoco.

McDonald's, con más de 200 establecimientos en Argentina, dice que hay que mirar a largo plazo, y General Motors, que emplea allí a unos mil trabajadores, busca el lado positivo de la crisis: con la devaluación, Argentina estará en mejor situación exportadora.

Algunos analistas subrayan que el mayor peligro del efecto tango tiene una vertiente ideológica, la de dar argumentos a quienes quieren dinamitar el llamado Consenso de Washington, la idea de que la mejor y más veloz vía para llegar al primer mundo pasa por ceder a la hegemonía de los mercados y de la globalización. El eventual contagio dependerá de cómo evolucione la crisis argentina.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de enero de 2002