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REPORTAJE

El corralito se amplía

Duhalde endurece los plazos para recuperar los depósitos bancarios bloqueados desde diciembre

Los argentinos entraron ayer, bajo el signo de la incertidumbre, en la etapa de la devaluación monetaria. Las medidas anunciadas por el Gobierno, unas de difícil comprensión y otras pendientes de decisiones complementarias de los bancos, han sido recibidas con malhumor e inquietud por los ciudadanos al enterarse de que, en la práctica, la congelación de los depósitos, el llamado corralito, se ampliará. El primero quedó de manifiesto con la nueva cacerolada de la madrugada de ayer; la segunda se percibía en los rostros de los numerosos clientes que se agolparon en los bancos, que abrieron ayer las puertas a todos los efectos después de una parálisis de casi tres semanas.

Una cosa está clara. La reprogramación de los vencimientos de las cuentas atrapadas en el corralito significa una inmovilización del 75% de los depósitos en dólares, al menos durante un año, ya que la devolución de los plazos fijos en la divisa estadounidense no empezará hasta enero de 2003 y su reintegro se prolongará hasta 2005. Asimismo, los saldos en cuenta corriente quedarán asimilados a una imposición a plazo fijo, con lo que entrarán en la red del corralito, es decir, inmovilizados. La medida afectará, entre otros, a quienes quieran utilizar fondos de su plazo fijo para realizar compras, al estar retenidos temporalmente. El Gobierno ha insinuado una flexibilización, que transformaría los plazos fijos en certificados de compra. Para ello, está estudiando fraccionar los depósitos a plazo fijo, para convertirlos en instrumento de pago, en una especie de bonos a valor desconocido.

La incertidumbre no sólo afecta a los ahorradores, sino también a los bancos

Pero hay casos personales mucho más dramáticos, como aquellos que viven de una indemnización y no perciben ingresos periódicos. Sus depósitos quedarán inmovilizados al quedar transformados en plazos fijos.

La incertidumbre no sólo afecta a los ahorradores, sino a los gerentes de los bancos, porque hay muchas dudas de cómo operar con los clientes. Faltan instrucciones por escrito. Los bancos no están en condiciones de atender todas las inquietudes de los clientes, sobre todo las de los titulares de los plazos fijos.

En el capítulo de los préstamos, las nuevas medidas decretan la pesificación (transformación de dólares a pesos manteniendo el tipo de cambio 1 a 1) de todos los créditos hipotecarios de hasta 100.000 dólares para vivienda única y familiar, para obras de rehabilitación hasta 30.000 dólares, para compra de vehículos hasta 15.000 dólares, para vehículos pesados hasta 100.000, créditos al consumo hasta 10.000 dólares y a las pequeñas y medianas empresas hasta 100.000. Todos los demás créditos que superen estos límites dispuestos por el Gobierno sufrirán los efectos de la devaluación y se pagarán a 1,4 pesos el dólar.

Del éxito de las nuevas medidas depende la permanencia en el poder del presidente Eduardo Duhalde. En círculos próximos al presidente se insiste en que no había otro camino posible, y que si fracasa no hay alternativa. Para amortiguar la mala acogida inicial, el presidente ha rescatado la idea de la reforma política del Estado, asignatura pendiente en Argentina desde hace décadas y una de las reclamaciones que ha estado presente en todos los cacerolazos.

Duhalde advierte de que hay sectores que tratarán de desestabilizar a su Gobierno. Lo dijo el jueves en la quinta presidencial de Olivos en su segunda comparecencia pública: 'Van a tratar de desestabilizarnos y van a decir que Duhalde se quiere ir y quiere renunciar'. Apenas nueve días después de su investidura, el presidente mencionó por primera vez la palabra renuncia. Para combatir los ataques, el mandatario está convencido de que el único camino es la reconstrucción del poder. 'Sin poder no se puede salir de la recesión', subraya, en un intento de marcar distancias con la imagen de presidente débil que transmitía Fernando de la Rúa, Duhalde ha querido dejar claro desde el primer momento que está dispuesto a controlar los resortes del poder. El primer ejercicio fue la tajante negativa a atender las numerosas llamadas de empresas privatizadas y bancos hasta que el Congreso dio luz verde a la ley de emergencia económica que consagra la devaluación del peso. Sabe que el cacerolazo acecha, y que debajo del cacerolazo late la violencia incontrolada que podría conducir a un baño de sangre.

Para echar más leña al fuego, el diario Ámbito Financiero publicó ayer una página entera de publicidad pagada firmada por el ex presidente Carlos Menem y una veintena de personas. Bajo el título Un grave error estratégico, el texto afirma que la devaluación 'constituye un golpe mortal contra la estabilidad económica y la inserción internacional del país'. El documento critica el plan de Duhalde -'incrementará la pobreza'- y resalta 'el activo apoyo' del Frepaso y el radicalismo, 'las mismas dos fuerzas políticas que configuraban la Alianza que en los últimos dos años destruyó el país'. Y elude toda responsabilidad por los males de Argentina, como si el peronismo con Menem de presidente no hubiera estado en el poder durante la última década.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 14 de enero de 2002