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CRISIS EN ARGENTINA

Argentina evita el pánico en la reapertura de los mercados

La divisa norteamericana se sitúa en 1,70 pesos en su primer día de cambio libre en los mercados

El peso argentino volvió ayer a flotar libremente con respecto al dólar después de 10 años y nueve meses de paridad fija. La divisa norteamericana, que cotizó durante todo ese período a un peso, se vendía ayer de 1,50 a 1,80, según el banco o la casa de cambio. Terminó en 1,70, lo que supone una devaluación del 41%. El valor del dólar libre supera al tipo de cambio oficial, fijado en 1,40 pesos, pero se sitúa en torno de las previsiones del Gobierno de Eduardo Duhalde. Mientras tanto, en las oficinas bancarias se registraban largas colas de clientes y algunas protestas contra la congelación de depósitos. Las operaciones bancarias están restringidas desde hace ocho días por el Ejecutivo mientras definía sus nuevas medidas económicas.

Las medidas económicas de Dualde incluyen la devaluación y la prolongación de la congelación de depósitos. El cambio de divisas permanecía prohibido desde el 21 de diciembre pasado, un día después de la renuncia del radical Fernando de la Rúa a la presidencia, lo que paralizó las operaciones de comercio exterior.

Ayer comenzaron a regir los dos nuevos tipos de cambio: uno fijo para las exportaciones, importaciones de bienes considerados de primera necesidad y envíos de fondos al exterior, y otro flotante para las demás transacciones.

La mayoría de las casas de cambio del centro de Buenos Aires mostraban en sus escaparates que el verde, como llaman los argentinos al billete de un dólar, valía 1,60 pesos, lo que supone una depreciación del 37,5% de la moneda local en relación a la anterior paridad fija.

Otros locales sólo informaban de los precios cuando el cliente llegaba a la ventanilla. El Gobierno estableció una devaluación del 28,5% para el tipo de cambio fijo. De todos modos, el equipo económico de Duhalde esperaba que la moneda norteamericana llegara a 1,70, lo que representa un 41,1% de pérdida de valor.

'El número lo pone la gente', declaró Alfredo Piano, dueño de una casa de cambio, a Radio Mitre. El empresario vaticinó que la intervención del Gobierno en el mercado llevará a que el dólar cotice a 1,50 o 1,60 pesos. Piano desestimó que el billete verde dispare, lo que colapsaría el actual plan económico y avivaría la inflación.

En algunas casas de cambio de Buenos Aires, donde el dólar valía 1,65 o 1,80 pesos, se registraban colas de hasta 50 metros. Otras prefirieron permanecer con las puertas cerradas ante la incertidumbre sobre el precio de la moneda estadounidense.

Confianza de la población

Julio Macchi, director del Banco Hipotecario, observó que la confianza de la población determinará el valor de dólar. 'No se moverá demasiado de 1,50 pesos', concluyó el directivo del Hipotecario, sobre la base de la falta de recursos en un país que lleva tres años y medio de recesión. Pero admitió que aparecerán 'aprovechados' que intentarán sacar tajada.

El titular del Banco Credicoop, Carlos Heller, opinó en Radio Continental que el dólar libre debería mantenerse por debajo de los 1,50 o 1,60 pesos. El banquero consideró que, si bien se amplió el límite de retirada de efectivo de los bancos de 1.000 a 1.500 pesos, la mayoría de los ciudadanos deberá usar ese dinero para pagar sus obligaciones y no para comprar dólares.

En los años anteriores a la paridad fija, los argentinos se habían acostumbrado a ahorrar en el billete norteamericano ante las periódicas devaluaciones inflacionarias.

Desde las nueve de la mañana, una hora antes de que abrieran los bancos, se registraban filas de personas ansiosas de concretar distintas operaciones, no sólo de cambio.

'¡Respeten la cola!', gritaba un hombre a otros clientes que intentaban acercarse a la ventanilla de una sucursal del Citibank.

Algunas oficinas del centro porteño acumulaban clientes en su interior, mientras que en otras del distinguido barrio de Belgrano se formaban colas de hasta 150 metros y bajo el sol veraniego.

A pesar de las dificultades operativas y del nuevo anuncio de la prolongación de la congelación de depósitos, no se registraron incidentes ni manifestaciones en Buenos Aires como las que habían sucedido la noche anterior.

Las protestas continuaron en determinadas provincias. En la ciudad de San Miguel de Tucumán, en el noroeste argentino, unas cien personas protagonizaron un cacerolazo a las puertas de los bancos.

Grupos de agricultores se manifestaron frente a las oficinas del pueblo de San Justo, en la provincia de Santa Fe, la tercera en población de Argentina.

Las filas interminables se repetían en capitales de provincia, como Córdoba, La Plata y Santa Rosa. La Asociación de Bancos de Argentina (ABA), que incluye a las filiales de BBVA y SCH, había anticipado que ayer iban a producirse inconvenientes en la atención al público, después de tantos días con actividad restringida.

El Gobierno sugirió a sus ciudadanos ir al banco la semana próxima. En los periódicos de Buenos Aires apareció un aviso en el que el canadiense Scotiabank negaba los rumores de que se marchara de Argentina.

Días atrás hizo lo mismo el argentino Banco Galicia. La inestabilidad del sistema financiero ha despertado versiones y temor entre los ahorradores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de enero de 2002