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Italia obliga a Piqué a suspender su visita como presidente de la UE

La crisis euroescéptica italiana, primer quebranto para la presidencia española de la Unión

Josep Piqué, flamante presidente del Consejo de Ministros de la UE desde el pasado día 1, tuvo que suspender ayer el viaje que hoy iba a emprender a Italia a instancias del Gobierno de Silvio Berlusconi. Piqué tenía previsto cenar hoy con Renato Ruggiero, ministro de Exteriores que dimitió el sábado, pero el Ejecutivo italiano ha solicitado el retraso, ya que está 'reorganizando el Ministerio de Exteriores' tras la asunción de manera interina de sus funciones por parte del primer ministro, Silvio Berlusconi, según informaron a Europa Press fuentes diplomáticas españolas.

También quedó suspendida una reunión de los ministros de Exteriores británico, alemán, francés e italiano que iba a tener lugar el jueves en París. Piqué calificó como 'asunto interno' la crisis política italiana causada por la dimisión de Renato Ruggiero, pero dijo que no dudaba del europeísmo del jefe del Gobierno y ministro de Exteriores, 'al menos a juzgar por las declaraciones que he leído este fin de semana en la prensa'. En cualquier caso, Piqué solicitó un 'apoyo explícito' de Italia al euro.

Ese respaldo público del Gobierno italiano a la moneda única y en general a Europa ha sido solicitado en las últimas horas por el ministro de Economía y Finanzas francés, Laurent Fabius, y por el comisario europeo de Política Regional, Michel Barnier, uno de los miembros que representarán a la Comisión en el presidium de la Convención para la reforma institucional de la UE. Barnier es un aliado de Valéry Giscard d'Estaing, que presidirá las labores de este órgano a partir de marzo. El ex primer ministro italiano Giuliano Amato, con vocación federalista europea, será uno de los dos vicepresidentes. Berlusconi parece no sentirse ahora lo suficientemente representado por el socialista Amato y exige que en el presidium haya también otro italiano.

Analistas europeos opinan que el problema italiano es el primer quebradero de cabeza que afronta España recién estrenada su presidencia de la UE, en una agenda ya de por sí cargada y difícil: euro, ampliación, reformas económicas y sociales y antiterrorismo. La cuestión es probable que salga a flote cuando el jefe del Gobierno, José María Aznar, reciba hoy en La Moncloa al presidente de la Comisión, Romano Prodi, y al resto de los miembros del Ejecutivo comunitario. Prodi no ha ocultado en privado inquietud por la actual situación política italiana, aun cuando en público no cuestiona la vocación europeísta de que ha dado siempre pruebas su país. 'El compromiso europeo del pueblo italiano no está en duda. Europa necesita de Italia como Italia necesita de Europa', declaró ayer su portavoz.

Piqué declaró en Bruselas, tras reunirse con su homólogo belga, Louis Michel, que la introducción del euro es una de las prioridades de la presidencia española y que espera un respaldo 'muy claro y preciso' de todos los países que lo integran, incluido Italia. 'Debemos ser muy sensibles a la evolución del euro y al reforzamiento del euro como referencia internacional de la economía. Por eso lamento ciertas declaraciones de ciertos políticos contra ese espíritu', afirmó, en alusión al escepticismo beligerante del que han hecho gala tres de los ministros de Berlusconi, entre ellos el de Hacienda.

Para Piqué, la UE no tiene ante la mesa un problema italiano, a diferencia de lo ocurrido en Austria hace dos años tras el ingreso de la extrema derecha en el Gobierno. De tener alguien un problema, según el ministro, lo tiene el propio Berlusconi con algunos de los miembros de la coalición que gobierna desde hace siete meses. Sin embargo, analistas y diplomáticos comunitarios no lo ven así, y auguran tiempos difíciles e inciertos para el desarrollo de la política europea. De entrada, Berlusconi tendrá que explicar a sus homólogos de la UE cómo, siendo tan 'intrínseca y convencidamente proeuropeo' como confiesa, da un portazo a su ministro más europeísta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de enero de 2002