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Entrevista:Inés Argüelles | Gerente del Teatro Real

'Romperé el sortilegio de los fantasmas del Real'

Diplomática de carrera y gestora cultural de larga trayectoria, Inés Argüelles (Madrid, 1948) es la nueva gerente del Teatro Real de Madrid. Su nombramiento fue ratificado anteayer por el Patronato, a propuesta de la ministra Pilar del Castillo. Tras pasar por la Embajada española en El Salvador, el Instituto de Cultura Hispano-Árabe y la subdirección de un banco, su llegada al Real cierra la crisis directiva abierta tras la dimisión del anterior gerente, Juan Cambreleng.

La nueva gerente del Teatro Real recibe en el que ya casi no es su despacho del Ministerio de Educación y Cultura, donde se ocupó de la Dirección de Cooperación desde marzo de 2000 hasta ayer. Por todas partes hay libros, bolsas, papeles y muchas plantas. Pide excusas por el desorden, que tampoco es tanto: 'Lo siento, soy muy desordenada', dice.

Es por la tarde, pero Inés Argüelles aparece impecable, con un look muy parecido al de su presentación anteayer en el Teatro Real, de una sobriedad que roza lo monacal, una apariencia que se rompe discretamente con sus respuestas directas y la firmeza con que mira al interlocutor a través de unas gafas de cristales muy gruesos.

Pregunta. ¿Le costó trabajo aceptar el cargo? Parece que la cooperación cultural está más cerca de su currículo que gestionar un teatro de ópera y ballet.

'En el Patronato no hay enfrentamiento político. La unanimidad siempre es sospechosa'

'Tengo una afición a la ópera, pero no es nada especializada. Ahora sí entraré a tope'

Respuesta. Tuve mis dudas. Siempre se piensa en dudar como en algo negativo, pero no es así. Hubiera preferido hacer estas entrevistas después de conocer más el teatro. Ayer tuve el primer contacto directo con el equipo del teatro y creo que es muy válido.

P. Pero, hasta hoy, la historia interna del teatro ha sido muy accidentada.

R. En parte han estado todos los ojos puestos allí, y creo que, sobre todo, lo que se ha producido en el Teatro Real han sido desencuentros personales.

P. En el momento de la salida del primer equipo del Real, uno de ellos dijo que ese teatro estaba dominado por pequeñas ambiciones personales y por la ira castiza. ¿Qué se encontrará usted?

R. Aquello de 'la cólera del español sentado'. Espero que no quede nada de ira castiza. Los arranques suelen ser duros. Había que echar a andar el teatro y había una falta de rodaje.

P. El Patronato del Teatro Real está más dividido política que culturalmente, lo que el voto en su contra de uno de sus miembros parece demostrar. Con un patronato así será difícil gestionar. Quizá su función también será atemperar esa división política.

R. Los patronos pueden tener sus opiniones personales. Yo, la sensación que tengo, y ha sido muy fuerte, es de coincidencia de criterios, y que sobre mi persona, sinceramente, hay un acuerdo total. Tuve muy buena sensación al encontrarme con el presidente de la Comunidad de Madrid, y luego con Eduardo Casanueva. Enfrentamiento político no hay. La unanimidad siempre es sospechosa.

P. ¿Piensa intervenir en las relaciones entre el Teatro Real de Madrid y el Liceo de Barcelona, que hasta ahora han sido más de rivalidad que de verdadera colaboración?

R. Ya he hablado con Josep Caminal, y pasadas las fiestas volveremos a estar en contacto. España no es un país tan grande ni tan poderoso, y sus dos teatros más importantes tienen que estar en estrechas relaciones.

P. Cuando Stéphane Lissner dimitió del Teatro Real, en sus primeras declaraciones en Francia dijo que estaba convencido de que había varias clases de derechas, una vez comparada la española y la francesa. ¿Hay una manera española y de derechas para gestionar el Real?

R. No hay una manera de derechas, ni de izquierdas. Ni un teatro, ni una orquesta, ni pintar de derechas o de izquierdas. Salvo que en literatura quieras hacer un manifiesto, en cuyo caso eso ya no es arte. Esto es gestión pura y dura, fuera de toda política.

P. El proyecto del Teatro Real era al principio muy internacional y muy europeísta, pero, sin embargo, la evolución que ha tenido lo ha convertido cada vez más en una solución mucho más discreta y doméstica. En otros teatros europeos hay una tendencia a crear equipos internacionales.

R. Es prematuro pensar ahora que voy a cambiar el equipo. No me gusta atenerme a reglas preconcebidas, o un equipo internacional, o un equipo local. Las circunstancias irán pidiendo el tipo de actuaciones o de personas que más se adapten al proyecto. En todo caso, en mis actuaciones quiero ser muy abierta. Si en algún momento hay un técnico que nos interesa y que lo queramos para el Real, da igual que sea italiano, alemán o ruso, da igual, lo mismo que si es de Cuenca.

P. La experiencia diplomática le va a ser muy útil ahora en el ambiente del bel canto, tan lleno de divismos y caprichos estelares.

R. No sé si servirá o no. No creo que la diplomacia prepare especialmente para esto. El mundo está lleno de guerras, y ahí están los diplomáticos que no consiguen arreglarlo. Yo confío más en mis esfuerzos y en mi experiencia.

P. Usted estuvo al frente del Instituto Hispano-Árabe de Cultura, y supongo que allí también había posturas enfrentadas entre académicos y arabistas.

R. Sí, lo que pasa es que aquel instituto era muy distinto de lo que ahora se hace en cooperación con el mundo árabe; ahora la cooperación no es sólo cultural en el terreno académico, sino económica y política.

P. Y usted llegó allí viniendo de la guerra de El Salvador.

R. Sí, y era terrible ver a un país desgarrado, en manos de bandas armadas.

P. En la rueda de prensa de anteayer usted mencionó el tema de 'acercar la sociedad al teatro y viceversa', pero este propósito de enmienda se está oyendo cada cierto tiempo desde la rearpertura del Real, y persisten las quejas por parte del público, entre otras cosas, del alto precio de las butacas o el alquilar la sala para actos ajenos a la lírica como la presentación de un coche.

R. Ya sé que no dije ninguna originalidad, pero me ratifico en que hay que seguir intentándolo, precisamente por eso. Y hay otro elemento importante: el dinero. La calidad en la ópera, actualmente, es directamente proporcional a la inversión en las producciones, aunque hay excepciones. Eso es así, la ópera es un espectáculo total, y si tienes un buen cantante, hay que arroparlo con todo lo que necesita: decorados, vestuario, y eso es muy caro. ¿Qué hacemos entonces? ¿Abaratamos las entradas? Y hay que tener en cuenta el aforo limitado del teatro. ¿Entonces, cómo se financia esa parte del teatro que depende de la taquilla? Hay un juego de equilibrios muy complicado. También es verdad que el presupuesto del Teatro Real es bajo con respecto a otros teatros europeos.

P. Los presupuestos del Teatro Real no se han incrementado lo suficiente.

R. Por supuesto, no es suficiente y lo sabemos todos. Por parte de las administraciones, sí se han actualizado las aportaciones; ahora hay que recuperar e incrementar los aportes vía patrocinio.

P. ¿Pero a usted le gusta la ópera, tiene afición por ella?

R. Tengo una afición, pero no es nada especializada. Ahora sí entraré a tope.

P. ¿Y no cree que debía haber más ballet de repertorio de alta calidad en la programación?

R. Claro, pues contribuye a formar al público.

P. ¿Le han hablado ya de los fantasmas del teatro? Como usted sabrá, la planta del edificio tiene forma de ataúd. ¿Esto le ha hecho meditar en algun momento en la decisión de entrar allí?

R. No. Romperemos el sortilegio de los fantasmas del Real.

P. Le gustan la naturaleza y los animales.

R. Me está hablando usted de las gallinas. Tengo unas diez o doce. Todavía no ponen huevos, pero están creciditas.

P. ¿Y les ha puesto nombres?

R. No, eso no. Es que me interesa recuperar especies autóctonas españolas. Es como el que se dedica a la crianza de perros de raza.

P. ¿Tiene un buen recuerdo de su paso por EL PAÍS?

R. Sí, estupendo. Estuve en documentación poco antes de presentarme a las oposiciones del cuerpo diplomático. Tengo muy buen recuerdo de todos los amigos de entonces, y recuerdo especialmente el día en que se debía imprimir el número cero del periódico, y la rotativa se resistía, el papel se rompía y no había manera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de diciembre de 2001