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Guterres anuncia su dimisión tras la derrota socialista en las municipales de Portugal

El partido gobernante pierde las alcaldías de Lisboa, Oporto y otras ciudades importantes

La rotunda y sorprendente derrota electoral de los socialistas portugueses en las elecciones municipales de ayer provocaron un inesperado desenlace: el primer ministro António Guterres, en contra de lo que había expresado días atrás, anunció que presentará al presidente de la República su dimisión como máximo responsable del Gobierno. Instantes después, el alcalde de Lisboa, Joao Soares, anunció la última sorpresa de la noche, la pérdida del ayuntamiento de la capital a favor del Partido Social Demócrata (PSD), el gran vencedor de la jornada electoral.

El primer ministro portugués, el socialista Guterres, había advertido durante la campaña electoral que una derrota en las municipales no supondría la convocatoria de elecciones generales anticipadas y, en ese hipotético caso, sólo sacaría sus correspondientes conclusiones para corregir algunas líneas de su política gubernamental. Sin embargo, el grave fiasco electoral le llevó en la madrugada de ayer a reconsiderar una de sus más firmes convicciones.

Guterres asumió la derrota como "una responsabilidad personal" y afirmó que para "evitar un pantano político y clarificar la situación" dimitirá de su cargo ante el presidente de la República, Jorge Sampaio, quien ahora deberá tomar las decisiones oportunas para garantizar la estabilidad del país.

Las previsiones más pesimistas se hicieron realidad para los socialistas en las municipales. El Partido Social Demócrata (PSD), de ideología liberal conservadora, arrebató a los socialistas las alcaldías de los centros urbanos más importantes del país, sus habituales feudos, alcanzando así una clara victoria que, a su juicio, constituía un "rotundo voto de castigo" al Gobierno y el inicio de una nueva etapa en su carrera hacia las legislativas.

El PSD no ganaba las municipales desde 1985 y las legislativas desde la última victoria de Aníbal Cavaco Silva en 1991. Apartados del poder desde esas fechas, los socialdemócratas venían anunciando desde hacía meses el desencanto de la población con la gestión realizada por el Gobierno de Guterres y confiaban en una clara reprobación a los socialistas en las municipales. Nadie lo creía y las encuestas tampoco presagiaban una derrota tan severa. Anoche, los socialistas no acababan de creerse los resultados que iban registrándose.

Las sorpresas fueron sucediéndose a lo largo de la noche, pasando de la euforia inicial a la más absoluta estupefacción. Los socialdemócratas arrebataron a los socialistas las alcaldías de Oporto, en contra de todos los sondeos, Sintra, Coimbra, Cascais y Faro. Los socialistas perdieron la mayoría de los ayuntamientos más importantes del país, ganaron algunos y también perdieron en número de votos.

Sólo faltaba Lisboa y las previsiones seguían siendo pesimistas. El candidato socialdemócrata, Pedro Santana Lopes, explicó que, independientemente del resultado final a la alcaldía, el PSD se convertiría en la primera fuerza política de Lisboa frente a la coalición de socialistas y comunistas, quienes realizaron una movilización sin precedentes para no perder uno de los grandes símbolos del poder en Portugal. La sorpresa sería la traca final para una noche negra e imprevista para los socialistas.

Guterres había descartado durante la campaña la convocatoria de elecciones anticipadas si su partido sufría una derrota electoral en las municipales. El líder socialista explicó hace días que "el objetivo del PSD no es elegir a sus candidatos a los ayuntamientos sino crear las condiciones para provocar una crisis política en Portugal, la caída del Gobierno y la anticipación de elecciones con base en una hipotética y aplastante victoria que proclaman". Y añadió: "Tengo la obligación de analizar los resultados de las elecciones municipales y, en función de ellos, corregir algunos aspectos de la acción del Gobierno, en el caso de que supiera interpretar de esos resultados aspectos menos correctos de la política gubernativa". Incluso recordó que el ex primer ministro conservador, Aníbal Cavaco Silva, siempre rechazó la lectura nacional del resultado de las municipales que el PSD perdió en dos ocasiones durante sus mandatos y, por ese motivo, criticó severamente la falta de coherencia de Cavaco, quien en la campaña electoral pidió una "tarjeta roja" al Gobierno.

En contra de sus peores previsiones, el primer ministro portugués, el socialistas António Guterres, no resistió la derrota electoral.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de diciembre de 2001