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Karzai inicia en Kabul la formación del nuevo Gobierno

Hamid Karzai, que el próximo 22 de diciembre será designado presidente provisional de Afganistán, no ha perdido el tiempo. Llegó en la noche del miércoles a Kabul y ayer se reunió con una parte de sus futuros ministros, con el enviado especial de Naciones Unidas, el español Francesc Vendrell, y con Burhanuddin Rabbani, el líder de la Alianza del Norte y hasta ahora el hombre fuerte del país.

No han sido difundidos los contenidos de las conversaciones, pero el solo hecho de que hayan tenido lugar tan rápidamente demuestra que las cosas van bien. Karzai, de origen pastún, se encontró con Mohamed Fahaim, ministro de Defensa; Yunus Uanunis, ministro de Interior, y con el propio Rabbani, que esta semana ha reconocido por primera vez sin medias tintas al nuevo Gobierno de este país, surgido de los acuerdos de Bonn, que ocupará el poder durante un periodo de seis meses.

Fahaim, Uanunis y Rabbani son actualmente los hombres clave en la capital afgana. Los dos primeros porque tienen el poder de facto, ya que controlan todas las guarniciones de la ciudad y la policía, en teoría el único cuerpo armado autorizado a patrullar por Kabul. El tercero, porque es el gran perdedor de la transición en Afganistán y hasta hace muy poco no estaba claro cómo iba a tomarse su retirada forzada del incipiente mundo político afgano. Según fuentes de Naciones Unidas, con Vendrell, que viajó a Kabul expresamente para encontrarse con Karzai, el nuevo presidente discutió los aspectos técnicos de la transición y, sobre todo, los detalles del despliegue de una fuerza internacional de paz en Afganistán, cuya entrada en la capital podría ser autorizada hoy mismo por el Consejo de Seguridad.

En un breve encuentro con la prensa a su llegada a Kabul, Karzai aseguró que su objetivo era 'ponerse a trabajar inmediatamente en la reconstrucción del país'. El que dentro de unos días será el nuevo presidente afgano también apoyó el envío de la fuerza internacional, que, según dijo, deberá quedarse en el país 'hasta que sus propios soldados sean capaces de garantizar la seguridad de sus ciudadanos'.

Kabul presentó ayer un rostro insólito: por primera vez desde la retirada de los talibanes y la entrada de las fuerzas de la Alianza del Norte, hace casi un mes, se notaba la actividad diplomática y política en sus calles. Caravanas de coches con los cristales pintados recorrían a toda prisa sus destartaladas avenidas, mientras numerosos trabajadores limpiaban las embajadas de varios países occidentales, que en breve volverán a tener inquilinos. Además, estos días se espera la llegada a Kabul de al menos cuatro ministros de diferentes países de la Unión Europea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de diciembre de 2001