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Crítica:CRÍTICAS

La adolescencia

Desde hace unos cuantos años, el cine norteamericano explota un nuevo subgénero, dirigido a su cada vez más adolescente público, que podría denominarse comedia de quinceañeros o de jovencitos libidinosos.

Sus producciones, cada día más iguales a sí mismas, giran en torno a un grupo de amigos que, al acabar sus estudios en el colegio, antes de ir a la universidad, intenta perder la virginidad, con la muchacha más atractiva del centro, en la fiesta de graduación.

Quizá por su más exagerado sentido del humor y llegar al estrecho límite de desnudos permitido en este nuevo subgénero, hace un par de años tuvo más éxito del habitual American pie (1999), de Paul Weitz. Esto ha sido origen de esta segunda parte, exacta continuación de la anterior, también sobre guión de Adam Herz, cuyo máximo atractivo, para los admiradores de la primera, es que su amplio reparto es exactamente el mismo. La única diferencia del equipo es que el éxito de la anterior ha permitido a Paul Weitz ser uno de los productores ejecutivos y que ahora el casi debutante realizador J. B. Rogers fuese quien se limitara a obedecer órdenes.

AMERICAN PIE 2

Director: J. B. Rogers. Intérpretes: Jason Biggs, Shannon Elizabeth, Alyson Hannigan, Chris Klein. Género: comedia. Estados Unidos, 2001. Duración: 100 minutos.

Tras pasar su primer año en la universidad, los cinco protagonistas vuelven a encontrarse en una mansión que alquilan para pasar su siguiente verano y descubrir que lo difícil no es perder la virginidad, sino tener una pareja más o menos estable.

Diez personajes

La primera parte de American pie no era ninguna maravilla, pero esta segunda es bastante peor por tener un comienzo donde se da demasiada información sobre la anterior a quienes no la hayan visto, u olvidado, y luego perderse en largas escenas donde su escasa comicidad está estirada más allá de lo conveniente.

Además, ninguno de sus 10 jóvenes protagonistas tiene un excepcional atractivo, como prueba que en los dos años transcurridos desde la primera no hayan destacado y hayan vuelto a encontrarse en la segunda, ni el director, J. B. Rogers, sabe, ni tan siquiera intenta, sacar de ellos algo más que una caricatura de su personaje, del habitual jovencito norteamericano tan atraído por el sexo como asustado por él.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de diciembre de 2001