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Entrevista:RICARDO DARÍN | Actor | ESTRENO | 'El hijo de la novia'

'El humor ni se aprende ni se enseña'

Ricardo Darín, 44 años, porteño, es el actor argentino de moda. Sus dos últimas películas -Nueve reinas y El hijo de la novia- han sido éxitos rotundos en su país y el mejor trampolín para su proyección internacional. No ha rodado todavía fuera de Argentina, y su nombre ya está en los carteles de los grandes festivales. En el momento más dulce de su carrera cinematográfica, reivindica el amor por el teatro, al que nunca traicionaría por el cine. El hijo de la novia, dirigida por Juan José Campanella, se estrena hoy en España.

Pregunta. La Espiga de Plata para El hijo de la novia en el reciente Festival de Valladolid no está nada mal después del éxito de Nueve reinas.

Respuesta. Nos levanta un poco el ánimo. Es la vieja costumbre de los argentinos. Acá nos levantan el ánimo ese tipo de cosas o algún partido que gana la selección en algún lado y con eso salimos todos a la calle.

'La película pasa del humor al drama. Viaja de un lado a otro sin que haga ruido'

P. ¿Por qué cree que funcionan tan bien sus películas en España?

R. El juego de 'no siempre es lo que parece' creo que funciona y además es universal. Nueve reinas tiene los ingredientes necesarios para ser atractiva en cualquier parte.

P. ¿Y El hijo de la novia?

R. Me parece que todavía más El hijo de la novia. A pesar de ser una historia distinta y una trama que no tiene nada que ver con Nueve reinas, tiene condimentos muy importantes para que en España pueda llamar la atención. Su historia es muy simple y no por eso deja de ser original. En la película hay muchísimo humor, del bueno, no encajado, sino natural, que se desprende incluso de situaciones dramáticas. Creo que el valor agregado de la película es el alto nivel interpretativo de Héctor Alterio y Norma Aleandro.

P. ¿El humor de la película procede más del guión o de la capacidad interpretativa?

R. El humor no se aprende ni se enseña en ningún lado. Tiene que ver con la propia dinámica de cada uno. Creo que los actores hacen lo que tienen que hacer y lo pueden hacer mejor o peor. En el festival de Montreal, por ejemplo, hubo mucho público latinoamericano, estadounidense, europeo, anglosajón. Me llamó la atención que todos apreciaran exactamente lo mismo e hicieran hincapié en esa membrana tan delicada y tan imperceptible que hay en la película en el tránsito permanente del humor al drama. Viaja de un lado a otro sin que haga ruido. Y eso sí tiene que ver específicamente con el trabajo de los actores.

P. Pese al éxito que tiene fuera de Argentina, rueda poco en el extranjero.

R. Fuera de la Argentina no filmé jamás. He filmado producciones de otros países pero dentro de Argentina. Hice una película para Francia, una para Estados Unidos y alguna que otra coproducción, pero nunca rodé fuera del país. Bueno... ¡en Uruguay!

P. ¿Qué piensa de Federico Luppi o Héctor Alterio, cuyas vidas discurren mucho más fuera de Argentina?

R. Creo que eso tiene que ver, directamente, con las circunstancias personales de cada uno. Es decir, yo tengo una familia, dos hijos chicos. Cada movimiento mío siempre he tratado que fuera consensuado de acuerdo a los intereses familiares. Esto no significa que si de pronto tuviera que irme dos o tres meses a filmar afuera no lo podría hacer.

P. ¿Tiene que ver el hecho de que usted es también un hombre de teatro?

R. Claro.

P. ¿Le ata más?

R. Imanol Arias tenía un viejo proyecto hace años. Quería que fuéramos a hacer teatro a España. Quería hacer una obra que yo estaba haciendo acá que él había visto en dos oportunidades y que le había encantado. Y me decía siempre: 'Esto tenemos que hacerlo en Madrid'. Pero, bueno, ya pasó el tiempo. El teatro te ata mucho de alguna forma, pero también te libera.

P. ¿Renunciaría al teatro por el cine?

R. Sólo hago aquellas cosas que me movilizan, que me interesan, que me conmueven de alguna forma. Entre esas cosas, para mí, el teatro es muy liberador, es casi una terapia. Cuando estoy haciendo teatro me pasa lo que le pasa a todo el mundo, que es la añoranza de tener una semana, 10, 15 días, un mes, sin hacerlo, para descansar. Pero cuando estoy sin hacer teatro, lo extraño.

P. ¿No le pasa lo mismo con el cine?

R. No, podría estar sin hacer cine toda mi vida. El teatro tiene más mística.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de noviembre de 2001