Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Editorial:

Por el lado bueno

El mes de octubre ha sido excelente para las esperanzas antiinflacionistas del Gobierno. La tasa anual ha bajado cuatro décimas: del 3,4% al 3%. Es verdad que la inflación subyacente, que excluye los precios más volátiles, como los combustibles y los alimentos frescos, subió dos décimas el mes pasado, hasta situarse en el 3,7% anual, lo que anticipa una mala evolución de los precios en los próximos meses, en cuanto se estabilicen las bajadas en los combustibles y el pollo; pero éstas son las reglas del juego estadístico y el Ministerio de Economía puede exhibir por fin un dato que rompe la tendencia deprimente de los últimos meses.

El IPC de octubre contiene, a pesar de todo, algunos ingredientes preocupantes. La inflación subyacente es la más alta desde que el PP llegó al Gobierno en mayo de 1996, aunque se pueda explotar políticamente el sustancioso recorte de cuatro décimas. También revela que gran parte de la caída de los precios en España se debe al enfriamento de la demanda, y que la inflación se mueve al compás de los precios de los componentes más volátiles, sin que exista una política antiinflacionista digna de tal nombre. Es decir, el descenso de los precios es la consecuencia de una desaceleración económica que resulta evidente para todos los agentes económicos e instituciones de análisis y control.

El gobernador del Banco de España cifró el crecimiento probable de la economía española para el año próximo entre el 2% y el 2,5%, y auguró que 'no parece posible que el crecimiento promedio de 2001 alcance la cifra del 3%'. ¿A qué espera el Ministerio de Economía para descender a la realidad, olvidarse del 2,9% de crecimiento con que ha calculado los Presupuestos del año próximo y ofrecer una previsión más realista?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 15 de noviembre de 2001