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Muere en Madrid a los 88 años el pintor surrealista español Eugenio Granell

Exiliado político por su militancia antifascista, fue también un destacado músico y escritor

Nacido en A Coruña en 1912, Eugenio Fernández Granell, fallecido en la madrugada de ayer a punto de cumplir los 89 años, ha sido uno de los artistas más notables y polifacéticos de nuestro país durante el siglo XX. Mucha gente conoce su importancia como pintor y su relación con el surrealismo, con cuya dirección internacional se vinculó en su primera etapa de exiliado político en Santo Domingo, en el año 1940, pero muchos menos saben que fue además un notable músico, un gran escritor y un activo combatiente de la izquierda española en la difícil etapa de la II República y la guerra civil.

Parte del desconocimiento de la personalidad y obra de Eugenio Granell entre el público español se debió precisamente a su situación como exiliado político doblemente maldito por su militancia en el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), lo que retrasó su reconocimiento hasta bien avanzada la transición democrática de nuestro país.

Las inquietudes vanguardistas de Eugenio Granell se despertaron, sin embargo, pronto, ya que antes de su traslado a Madrid, en 1928, ya se había vinculado a los grupos artísticos renovadores de su Galicia natal, creando con su hermano Mario, en Santiago de Compostela, la revista Sir (Sociedad Infantil Revolucionaria), a través de la cual se relacionó con Carlos Maside y otros intelectuales locales. Ya en la capital de España, ingresó en la Escuela Superior de Música, estudiando violín y trabando amistad con el director de orquesta Enrique Casal Chapí. A partir de 1930, Eugenio Granell empieza a colaborar con las revistas culturales y políticas más prestigiosas, así como a formar parte del interesante grupo gallego de la tertulia de La Granja del Henar, junto con Eduardo y Rafael Dieste, Cándido Fernández Mazas, Urbano Lugrís y Carlos Gurméndez. El agravamiento de la tensión política española hizo que Eugenio Granell supeditase su vocación creadora a la acción cultural y al combate político, sobre todo tras el estallido de la guerra civil.

Huido a Francia en 1939 y tras pasar toda suerte de penalidades en campos de concentración, Eugenio Granell consiguió escapar de nuevo en dirección a América en el último barco que pudo salir del puerto de El Havre, con un cargamento humano en el que se incluía a unos 800 exiliados españoles. Fue en este buque, llamado el La Salle, que partía rumbo a Chile, desde donde Eugenio Granell se acabó trasladando a Santo Domingo, el lugar en el que permaneció los siguientes años y en el que estableció el primer contacto directo con André Breton y otros surrealistas, además de con un sinfín de intelectuales y artistas europeos transterrados, algunos tan notables como Saul Steinberg. En esta etapa es cuando Granell pudo dedicarse con más ahínco a la pintura, la escenografía y a otras actividades artísticas, que simultaneó con su dedicación profesional como violinista. Fueron unos años de gran fecundidad creativa, que le llevaron a muchos lugares de Centroamérica, donde expuso y dio conferencias, sin por ello abandonar su compromiso político y su siempre fundamental dedicación a la creación literaria y ensayística. Hombre de fina inteligencia y trato cordial, Granell trabó amistad con los principales escritores y artistas de todo el mundo, siendo difícil hacer una lista de ejemplos por la importancia y diversidad de quienes establecieron una estrecha relación con él, porque, aparte de todos los principales personajes del surrealismo, Granell trató a Arthur Koestler, Marcel Duchamp, Albert Camus y, naturalmente, a la flor y nata del exilio intelectual español, empezando por Juan Ramón Jiménez, del que fue amigo íntimo. En cualquier caso, de toda esta polifacética actividad, en Granell acabó predominando el artista plástico, de orientación marcadamente surrealista, con ecos de Óscar Domínguez, Wilfredo Lam o André Masson. En este sentido, ciertamente, Eugenio Granell es uno de los pintores surrealistas más importantes de nuestro país y uno de los españoles más directamente vinculados con el surrealismo internacional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de octubre de 2001