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La Fura dels Baus reescribe a Goethe en 'Fausto 5.0'

El debú cinematográfico del grupo teatral triunfa en Sitges

Las críticas recogidas por Fausto 5.0 en su reciente pase en el Festival de Venecia se han tornado alabanzas en Sitges. Porque la película con la que La Fura dels Baus debuta en el cine tiene los mejores mimbres con los que se hacen los filmes fantásticos: una cuidada ambientación intemporal, una historia irreal pero apasionante y una interpretación superlativa, en este caso del dúo que forman Miguel Ángel Solá y Eduard Fernández: de más está decir que Fausto 5.0 aspira a todo en el palmarés final del certamen.

El buen día de ayer se completó con el pase, en Gran Angular, de una sensible y ácida comedia con protagonismo adolescente, Ghost world, adaptación del cómic de Daniel Clowes en el cual el propio dibujante ha escrito el guión, en colaboración con el director, Terry Zwigoff.

Fue notable el balance de ayer, incluso si en él se incluye la tercera del día, segunda a concurso, la japonesa Kairo, de Kiyoshi Kurosawa, una historia de fantasmas cibernéticos que, a pesar de su narración tan característicamente oriental (reiteraciones excesivas, estirada resolución de la trama, ritualidad exagerada), contiene momentos de inusual belleza. Porque películas como Ghost world o Fausto 5.0 hacen bueno al festival que las programe.

En el caso de la segunda, que compite en la oficial dedicada al cine fantástico, la inmortal historia fáustica escrita por Goethe cobra actualidad de la mano de un extraño cuarteto: dos hombres de teatro, miembros ambos de La Fura dels Baus, Àlex Ollé y Carlos Padrissa; un director y guionista de cine, aquí sólo en funciones de escritura, Fernando León de Aranoa, y un realizador televisivo, Isidro Ortiz, que han juntado sus diferentes talentos, y el resultado es altamente esperanzador..., aunque hay que advertir a los forofos de La Fura que deben olvidarse de ver un espectáculo furero, pero con otros medios.

Belleza y provocación

En una Barcelona fantasmal, el oncólogo Solá vivirá la extraña aventura de reencontrarse con un antiguo paciente milagrosamente curado (Fernández, peculiar Diablo), empeñado en hacer cumplir los más íntimos deseos del médico; pero también con la tentación de la carne y la confusión de los sentidos. Tiene Fausto 5.0 la hipnótica belleza de lo prohibido, pero también la zumbona provocación inteligente de volver a proponer un texto tantas veces visitado. Es una película sobre la que habrá que volver, porque pronto se estrena. Pero vaya por delante que en ella Solá realiza uno de esos trabajos suyos, en el límite sutil que separa lo sublime de lo ridículo, sin caer jamás en él; y Fernández le da la réplica con una interpretación de esas que están haciendo de él uno de los mejores actores de su generación: no debería escarpárseles el premio de interpretación... jurado mediante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 11 de octubre de 2001.