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Crítica:LOS LIBROS DE LA SEMANA

El temor a ser visto como una vaca

Dos libros del estadounidense David Foster Wallace muestran su faceta como narrador de relatos y como gran practicante de ese híbrido de periodismo y literatura. El primero de ellos gira en torno a las relaciones entre hombres y mujeres y a la psique del varón machista. En el segundo título, el escritor hace una radiografía desternillante sobre el concepto americano de felicidad y ofrece una definición crítica sobre el turista de su país.

ALGO SUPUESTAMENTE DIVERTIDO QUE NUNCA VOLVERÉ A HACER.ENSAYOS Y OPINIONES

David Foster Wallace Traducción de Javier Calvo Mondadori. Barcelona, 2001 402 páginas. 3.300 pesetas

ENTREVISTAS BREVES CON HOMBRES REPULSIVOS

David Foster Wallace Traducción de Javier Calvo Mondadori. Barcelona, 2001 328 páginas. 2.700 pesetas

El temor a ser visto como una vaca, es decir, 'el miedo mórbido a ser visto como un ser bovino' o boviscopofobia, es un síndrome que sufren algunos seres humanos, sobre todo en verano, cuando se ven de pronto a sí mismos dentro de una multitud que avanza, con la lentitud y pesadez de un rebaño de lanosos ungulados, en dirección a algún tipo de atracción turística. David Foster Wallace lo sintió, ay, en Cozumel, México, en una de las paradas del crucero de siete noches por el Caribe que pudo disfrutar (es un decir) gracias a un encargo de la revista Harper's que, por cierto, no debe confundirse con Harper's Bazaar. Lo cual nos provoca, inmediatamente, un sinfín de reflexiones. ¿Qué es más interesante hoy día, albores del siglo XXI, la realidad o la ficción? ¿Por qué le paga la revista Harper's a David Foster Wallace un crucero de siete noches por el Caribe? ¿Se ha agotado la ficción posmoderna?

Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer es un libro de 'ensayos y opiniones'. Entrevistas breves con hombres repulsivos es un libro de relatos. David Foster Wallace es autor de una inmensa novela que se llama Infinite Jest (Burla infinita) y también de una magnífica colección de relatos titulada La niña del pelo raro y publicada en español por Mondadori. Resulta curioso que de los dos libros que comentamos en esta reseña sea el primero, el supuestamente 'no literario', el mejor escrito, el más divertido y el más profundo de los dos.

Hemos de comenzar diciendo

que Entrevistas breves con hombres repulsivos no tiene la variedad de registros, ni la abigarrada fauna de personajes improbables, ni, sobre todo, la contagiosa alegría pop que exhibían los relatos de La niña del pelo raro. La mayoría de las piezas que componen el libro son demasiado largas, demasiado infladas, demasiado abstractas (normalmente los personajes ni siquiera alcanzan a tener un nombre propio: 'Tú', 'la persona deprimida', 'el hombre', etcétera) y giran sobre todo en torno al tema de las relaciones entre hombres y mujeres, poniendo un particular énfasis en lo repugnante que puede llegar a ser la psique del varón machista de clase media.

Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer es, por el contrario, un libro magnífico (y quiero dejar aquí constancia de mi titubeo, dos manos como dos alas de pájaro inmóviles en el aire sobre el teclado: ¿'estupendo'? ¿'maravilloso'?), uno de esos que se leen con placer y avidez y que uno desea recomendar a los amigos aficionados a las lecturas poco habituales y a los placeres inesperados.

La palabra 'ensayo' resulta inadecuada para describir el contenido de la mayoría de las piezas. Extraordinariamente exagerado es una crítica del libro de H. L. Hix Morte d'Author: an Autopsy, que constituye una introducción muy clara y didáctica a algunos conceptos básicos de la deconstrucción y 'E unibus pluram: televisión y narrativa americana', un interesantísimo ensayo (en sentido clásico) sobre la influencia de la televisión en la narrativa americana reciente, donde se nos da noticia, también, de una corriente literaria de última hora que Wallace llama 'narrativa de la imagen'. La tesis de Wallace es que la narrativa posmoderna quiso 'redimir' a la televisión y en general a la cultura popular, pero que la televisión se las arregló para incorporar todos esos guiños posmodernos y los asimiló a su discurso embrutecedor y masificado.

Sin embargo, los textos más originales del volumen pertenecen a ese género sin nombre que está entre el periodismo y la literatura y que sólo puede definirse diciendo lo que no es: 'No ficción'. El 'nuevo periodismo' de Tom Wolfe, Truman Capote y Norman Mailer es sólo uno de los aspectos, quizá el más notorio, de este vasto territorio de las letras americanas, equidistante entre la ciencia, el ensayo, la literatura y el periodismo, que ha dado obras tan interesantes e inclasificables como los artículos-relatos de Oliver Sacks y cuya historia está inextricablemente unida a publicaciones como The New Yorker, donde se originó, por ejemplo, A sangre fría, de Truman Capote, o Harper's, que encargó a Norman Mailer lo que luego sería Los ejércitos de la noche. Dos de los extensos, extensísimos artículos recogidos en el presente volumen, Dejar de estar de vuelta de todo y el que da título al libro, que tiene más de cien páginas, son también encargos de la revista Harper's.

La pasión, la brillantez y la riqueza documental con que están escritos estos textos resultan adictivas. Debe de haber algún lugar en nuestro cerebro que se muere, literalmente, por ser alimentado con miles de datos y observaciones detalladas sobre cualquier cosa, no importa qué, no importa para qué, y se siente misteriosamente distendido, saciado y feliz cuando este tipo de alimento se le proporciona.

Permítanme terminar con una pequeña muestra de lo ingenioso que puede llegar a ser David Foster Wallace. Quentin Tarantino se inspiró en la oreja cortada que aparece al principio de Terciopelo azul, de David Lynch, para la famosa escena de Reservoir Dogs en que Michael Madsen le corta una oreja a un policía. ¿Cuál es la diferencia entre ambos cineastas? Wallace la explica así: 'A Quentin Tarantino le interesa ver cómo a alguien le cortan la oreja. A David Lynch le interesa la oreja'.

El concepto americano de felicidad

PARECEN REPORTAJES periodísticos, pero en realidad son mucho más que eso. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer no sólo es el relato desternillante de un joven reportero embarcado en un crucero de vacaciones, sino también una radiografía del concepto americano de la felicidad y una reflexión sobre el horror en que puede convertirse una sociedad diseñada para que todo sea perfecto y todos los deseos se realicen.

Es en este texto donde aparece la definición de la boviscopofobia y donde David Foster Wallace define, además, al turista americano como 'la única especie de bovino carnívoro que se conoce en el mundo'.

Dejar de estar de vuelta de todo no sólo es un reportaje sobre la feria agrícola de Illinois, sino una descripción meticulosa, hilarante y sorprendentemente cruel de la América profunda, con su incultura, sus diversiones groseras, su forma ruda de alimentarse (dedos relucientes de grasa), su sexismo, su brutalidad. (Nuestra lectura se enriquece más todavía cuando nos enteramos de que David Foster Wallace nació, precisamente, en el Estado de Illinois).

'El talento profesional del tenista Michael Joyce como paradigma de ciertas ideas sobre el libre albedrío, la libertad, las limitaciones, el gozo, el esperpento y la realización humana', es una reflexión, sí, sobre todos esos temas y también un apasionado canto de amor al tenis en el que la figura de Joyce, un genio absoluto en su arte aunque un desconocido total para el gran público (ocupa el lugar 79 en el ranking mundial de los tenistas y jamás podrá estar entre los primeros), alcanza ribetes casi crípticos.

Wallace, que por lo general se ríe de casi todo, no bromea en absoluto cuando describe el intenso amor que transmite la mirada de Michael Joyce o cuando argumenta que los deportistas son 'los santos de nuestra cultura', y consigue involucrarnos hasta tal punto en su narración que incluso un lector que, como quien esto escribe, siente poco o ningún interés por el deporte, se encuentra al leer el texto con el pulso acelerado y con la boca seca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de septiembre de 2001

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