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LA OFENSIVA TERRORISTA

La banda emplea la bicicleta bomba por segunda vez en 11 años

En tres ocasiones ha puesto explosivos en motos

El primer atentado mediante el método de la bicicleta bomba fue cometido por ETA cinco minutos antes de las tres de la tarde del 30 de enero de 1990 en la calle Bizkaia de Galdakao (Vizcaya). El artefacto, como en el crimen terrorista de ayer, estaba colocado en la parte trasera de una bicicleta, aunque con una cantidad mayor de explosivo y de metralla -unos diez kilos, aproximadamente-. El agente del Cuerpo Nacional de Policía Ignacio Pérez Álvarez, de 39 años de edad, casado y con tres hijos, falleció prácticamente en el acto y otras dos personas sufrieron heridas a causa de la explosión.

La organización ha utilizado con más frecuencia la motocicleta que la bibicleta para colocar bombas a fin de que pasaran lo más inadvertidas posibles a sus víctimas, ya que las motos portan en numerosas ocasiones cajetines o maletas adosadas. La última vez que ETA recurrió a un ciclomotor para colocar una carga explosiva fue para acabar con la vida de Manuel Zamarreño, de 42 años, quien murió en el acto. El artefacto, compuesto por unos tres kilogramos de amonal, fue activado mediante un mando a distancia por miembros del comando Donosti, que en ese año asesinó a otros seis concejales del PP.

El ertzaina que escoltaba a Zamarreño, Juan María Quintana, también resultó herido. Zamarreño sustituía en el Ayuntamiento de Rentería al también concejal del PP José Luis Caso, asesinado por ETA el 11 de diciembre de 1997 en un bar de Irún cercano a su domicilio.

La banda terrorista atentó contra Manuel Zamarreño cuando éste volvía a media mañana a su casa tras haber comprado el pan y los periódicos del día. La moto con la bomba estaba colocada frente al portal número siete de la calle Sorgintxulo de la citada localidad guipuzcoana y la explosión desplazó varios metros el cuerpo de Zamarreño, que quedó tendido entre dos coches. Era la tercera vez que ETA, más experimentada en el uso del coche bomba y del tiro en la nuca, empleaba una moto bomba.

Sistema muy similar La primera vez que ETA utilizó una motocicleta bomba fue en marzo de 1980, un año en el que la banda terrorista batió todas sus récords criminales con el asesinato de 92 personas, la mayoría de ellas mediante atentados masivos con coches bomba.

ETA utilizó también una motocicleta bomba el 18 de marzo de 1980 contra el general Fernando Esquivias Franco y su ayudante, el entonces coronel Manuel Miler, a la altura del portal número 66 de la calle Ayala, en Madrid.

Los autores de ese atentado fueron los miembros del comando Argala, dirigido por el francés Henrí Parot, posteriormente detenido en Sevilla, que utilizaron para perpetrar la acción una motocicleta sustraída previamente, que colocaron junto a una farola y accionaron mediante control remoto, al igual que en el atentado de ayer en la calle de Lopez de Hoyos.

Sobre el vehículo de dos ruedas colocaron un artefacto explosivo compuesto por un kilo y medio de goma-2 -explosivo que había sido robado en una cantera-, que fue activado por control remoto cuando el general se dirigía a su vehículo oficial junto a su ayudante.

La explosión provocó la muerte del soldado José Luis Ramírez Villar, de 19 años, quien realizaba misiones de escolta armado con una metralleta y que minutos antes había estado apoyado en la motocicleta. Los dos jefes militares salieron ilesos. Esquivias, como ayer el general Oreja, se dirigía a su despacho en el Ministerio de Defensa.

La suerte acompañó más a las víctimas de otro atentado con motocicleta bomba, perpetrado ocho meses después del llevado a cabo contra el general Esquivias. El 8 de noviembre de 1980, el comando Donostia colocó una bomba compuesta por cinco kilos de amosal y otros cinco de metralla en un ciclomotor parecido al que segó la vida al concejal Zamarreño.

La explosión de la bomba provocó heridas a los guardias civiles Antonio Felipe Gómez, de 36 años, y Miguel Ángel Hidalgo, de 26, a quien el estallido le desgarró una pierna, si bien ambos salieron con vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 29 de junio de 2001