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CARTAS AL DIRECTOR

Sindicato vertical

California, Estados Unidos

Con la alta temporada, todos conocemos los juegos de tarifas que las líneas aéreas ejecutan, mareando tanto a los profesionales de agencias de viajes como a los experimentados viajeros que negocian directamente sus reservas y billetes. Lo que no tiene ya explicación son las innumerables huelgas de un colectivo privilegiado (conductor de autobús-airbus ni más ni menos) que cobra más que médicos, abogados, arquitectos y demás profesionales sólo por el hecho de transportar verticalmente, y a deshora la mayoría de los trayectos, a una borregada aprisionada en cabina irrespirable, cuyo deseo es llegar cuanto antes, y vivos, a su destino, con o sin maleta

Este colectivo no está haciendo más que abusar de la sociedad viajera sin que nadie les corte las mangas galonadas con barras de oro que recuerdan salas de banderas. Parece mentira que sigan haciendo de las suyas, sin reacción de respuesta inmediata de un Gobierno que vuela en Falcon, que ataje de una vez tanto desacato. El público tiene paciencia y sumisión borreguil ante estas autoridades volátiles, pues cuando pasan por los corredores mecánicos de aeropuertos, gallardos como ninguno, arrastrando esas maletitas negras tan de piloto llenas de planos, les hacen espacio para que lleguen a su aparato Iberia reluciente, aparcado en su finguer..., esperándolos. Ya está bien. Nos van a arruinar.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de junio de 2001