Reportaje:

'Ardillas' contra coches en la Alameda

Defensores del bulevar sevillano trepan a sus árboles para protestar por el aparcamiento proyectado en la zona

Desde una tarima montada en un árbol a ocho metros del suelo se oye más a los pájaros que pueblan la Alameda de Hércules que a los coches que asfixian a este bulevar sevillano del siglo XVI. Encaramados a uno de los plátanos que pueblan esta zona del casco histórico de Sevilla, varios miembros de la Plataforma Alamedaviva protestan desde ayer contra los planes de rehabilitación del paseo, que incluyen la construcción de un aparcamiento subterráneo. Las asociaciones y grupos de vecinos que forman la plataforma temen que esa obra acabe con la arboleda y atraiga a sus calles un volumen de tráfico aún mayor del que ya soportan.

Los miembros más activos de la plataforma, los más jóvenes, se llaman entre sí ardillas. Ante el riesgo de que las autoridades les impidieran llevar a cabo su protesta, se pusieron manos a la obra a primera hora de la noche del jueves al viernes. A la una de la madrugada, la actividad en el extremo norte de la Alameda era frenética. Las ardillas ultimaban el montaje de dos cabañas en sendos plátanos espectacularmente frondosos.

Tan frondosos que, a la mañana siguiente, desde una de esas plataformas que les dará cobijo durante al menos cuatro días, en turnos de seis horas cada activista, apenas se veía el albero que tapiza la franja central del paseo. Su atípico encierro en la copa de los árboles irá acompañado por actividades culturales y divulgativas sobre los problemas del barrio en el mismo bulevar, lo que ellos mismo llaman 'el piso de abajo'.

Gustavo Alés, de 30 años, es uno de los miembros de la plataforma que ocupa el primer turno de las protestas encaramado a la estructura construida en lo alto del plátano. Alés, ingeniero técnico agrícola y licenciado en Ciencias del Mar, se considera vecino de la Alameda, aunque no vive en sus alrededores. 'Vivo y convivo aquí. Mis ratos de ocio están ligados a este barrio'.

Compromiso social

Esos lazos afectivos conforman su compromiso con uno de los barrios más deprimidos y con más problemas sociales de la ciudad. A los pies de los árboles ocupados ayer esa realidad social se desarrolla como habitualmente. Policías a caballo conviven en las aceras con toxicómanos que se buscan la vida como pueden.

Además de los miembros de la plataforma, otro grupo no habitual trabaja en el paseo. Son los topógrafos del Ayuntamiento que miden y remiden las dimensiones de la Alameda para ultimar los detalles de la reforma pendiente.

Gustavo trabaja en el movimiento social de defensa de la Alameda desde el año 1995. Ha pasado los últimos años en Suramérica y a su vuelta, el pasado invierno, vio con dolor cómo las amenazas que en forma de aparcamiento subterráneo se cernían sobre su paseo se habían convertido en la realidad de un proyecto de reforma del Ayuntamiento.

Alés, como sus compañeros, se lamenta de que el Ayuntamiento haya decidido la reforma de la Alameda sin contar con la opinión de los vecinos que la habitan. 'Toman decisiones de espaldas a la gente'. Su protesta también pretende ser una llamada de atención a la población en general, 'porque la mayoría aún desconoce qué es lo que se va a hacer aquí, que van a perder los árboles que ahora disfrutan'.

Desde la plataforma critican que el proyecto de aparcamiento subterráneo va directamente en contra de lo establecido por el Plan Integral de Ordenación Vial, de la delegación municipal de Tráfico y Transportes, que en 1999 propugnaba, literalmente, 'impedir la construcción de aparcamientos de rotación en el interior del casco histórico'. Los activistas incluso recuerdan una reciente visita del director de la Oficina del Plan de Sevilla, Manuel Ángel González Fustegueras, en la que éste aseguró, delante de Rafael Carmona, delegado de Urbanismo, que estaba en contra de las obras previstas tanto en la Alameda como en la cercana plaza de la Encarnación.

Pese a los inminentes planes municipales, Alés y sus compañeros han decidido vender cara la vida de los árboles, y del resto de habitantes de la Alameda. 'Ofreceremos toda la resistencia pacífica posible', asegura uno de ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0022, 22 de junio de 2001.