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Editorial:

Bush define Europa

George Bush sale reforzado de su primera visita a Europa, cuya agenda para el futuro pretende definir. No ha cedido un ápice en lo que le importa: el escudo antimisiles o su negativa a aceptar los límites del Protocolo de Kioto para la emisión de gases tóxicos. Pero ha tenido gestos positivos hacia los europeos respecto a los Balcanes ('entramos juntos y saldremos juntos'); Oriente Próximo, donde una colaboración entre Estados Unidos y la UE es la única posibilidad de volver a encarrilar la región por la senda de la paz, y, tras su quiebro anterior, el diálogo con Corea del Norte.

La agenda transatlántica debe adaptarse a las nuevas circunstancias. Bush se mostró ayer preocupado ante la eventualidad de que la Comisión Europea se oponga a la fusión de las empresas norteamericanas General Electric y Honeywell, lo que pone de manifiesto que el poder de Bruselas llega más allá del territorio de la UE. ¿Cambiará esto la posición de algunos europeos, como Francia, sobre la nueva ronda de liberalización comercial que se ha decidido lanzar? No hay garantías de que no fracasará como en Seattle. Pero empresas europeas como Vivendi o Bertelsmann pesan ahora en la producción de bienes culturales en EE UU. La ecuación económica está cambiando.

La ecuación política, también. A su favor. Bush puede estar debilitado internamente al haber perdido los republicanos el control del Senado. Pero el líder conservador que ocupa la Casa Blanca cuenta ahora con Berlusconi en Roma y Aznar en Madrid compitiendo por sus favores, además del siempre leal primer ministro británico, sea cual sea.

Esta gira ha sido más que una toma de contacto. Como dejó claro ayer en Varsovia, Bush quiere definir la agenda de Europa, acelerando y vinculando la ampliación de la UE y la de la OTAN, 'con decisiones concretas e históricas en 2002', para incorporar a 'todas las democracias' (no incluye aún a Rusia entre ellas) y conseguir, como recordó, esa 'Europa unida y libre' de la que hablara su padre. Detrás está la preocupación de EE UU de que la ampliación de la UE, que se discute en Gotemburgo, tenga consecuencias que afecten a Washington en el terreno de la seguridad. Por eso pretende Bush elaborar una nueva doctrina estratégica y supervisar la reunificación de Europa, mientras su secretario de Defensa trabaja en una nueva definición de las tareas futuras de la Alianza Atlántica. Bush ha dejado sentado en una Europa en orden disperso que hay que tomarle en serio. Muy en serio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de junio de 2001