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Reportaje:ESTRENOS, NOTICIAS Y RODAJES

Caravana, memoria y vida

'Time's Up!' combina con talento la comedia con la tragedia

Time's Up! es una película que no debe pasar desapercibida, porque se dirige a ese público que descubre y reivindica por su cuenta aquellas obras que le hablan de lo que sucede en nuestro mundo, y de las personas normales que lo pueblan. Personas sin poderes, y sucesos sin efectos especiales. Es decir, la vida. Esta película -que se estrena hoy en España- tardó mucho en rodarse, porque a su realizadora, Cecilia Barriga, bregada en las lides del documental, chilena con exilio a cuestas, le dijeron en todas las productoras, cuando la propuso, que lo político no estaba de moda. Luego detuvieron a Pinochet en Londres, y las cosas cambiaron.

Es un filme político, sí, pero no es un libelo. Por el contrario, Time's Up! combina con talento la comedia con la tragedia, con un planteamiento de road movie que se desarrolla no en la carretera sino en las calles de una gran ciudad. El planteamiento es original: una psicoterapeuta argentina (la excelente Leonor Benedetto, a quien recordarán como monja en Un lugar en el mundo), afincada en Nueva York e incapaz de pagar el alto alquiler de una oficina para instalar su consulta, decide atender a sus visitas en una caravana, mientras el vehículo circula incesantemente por la enloquecida ciudad. Y esta elección de la calle como marco, porque a la propia Cecilia Barriga le resultaba inalcanzable alquilar una oficina para el rodaje, es lo que da a la película fluidez en el ensamblaje de historias y ese mestizaje de personas y sentimientos que caracteriza a Time's Up!

El personaje de Benedetto es la médula espinal del relato, porque tiene un pasado que a medida que avanza el filme sabemos relacionado con la dictadura militar de su país; pero hay algo más, algo que añadió más horror al horror, y que aún no está saldado. En torno a ella, aparecen quienes la ayudan más o menos en su vida cotidiana, el colectivo psicoanalista local que la acoge con condescendencia, la asistenta y el chófer hispanos y, sobre todo, los angustiados pacientes que acuden a su consulta. Cada cual con sus fobias, con su soledad, con sus preguntas.

Es una buena película que debe beneficiarse del boca a oreja, porque, aunque ha sido premiada en los festivales de cine de Amiens y Creteil y exhibida con éxito en la sección Zabaltegi del de San Sebastián, carece del aparato propagandístico necesario para sobrevivir a la avalancha de estrenos que ahoga nuestros cines.

Ah, olvidaba decir que es una película de mujeres, pero que no se trata de una obra hecha para las mujeres, sino para todo el que ama el cine independiente, el cine que recurre a los rostros y las historias para narrar lo que somos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de junio de 2001