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Un anciano con cáncer mata a su mujer afectada de Alzheimer y se suicida

El hombre avisó a la policía tras disparar a su esposa para que no buscase culpables

El ex militar de Armada y antiguo dueño del hotel Balmes de Can Pastilla de Palma, Sebastián Arbona, cuidaba de su esposa Antonia Gelabert, enferma de Alzheimer, que, como consecuencia de esta dolencia degenerativa incurable, ya ni siquiera reconocía a sus interlocutores. El matrimonio, con más de medio siglo de convivencia, no tenía hijos, habitaba un piso modesto de la calle Ovidio, en la zona turística que desemboca al mar. Cada dos días recibía la visita de una asistenta doméstica.

Varios conocidos han coincidido en relatar el aspecto 'depresivo' y 'decaído' que Arbona presentaba en los últimos días por la presión a la que se hallaba sometido por su situación -le acababa de ser diagnosticado un cáncer de pulmón en estado avanzado- y la enfermedad de Antonia, que apenas podía valerse por sí misma.

'De violencia doméstica nada. Era una pareja ejemplar de ancianos, perfecta. Él cuidaba muchísimo a su mujer y sólo temía morir antes que ella', aseguró ayer la cuidadora. El matrimonio gozaba de una gran consideración en la barriada y tenía una posición económica desahogada. En los años 50 la pareja había prosperado al obtener el gordo de la lotería: con los frutos del premio construyeron el hotel, en los comienzos del negocio turístico, cuya explotación habían abandonado hace años. En las cercanías de su casa lleva años abierta una residencia privada de ancianos.

'Cuando le detectaron el cáncer al marido, sucedió la tragedia', explicó una vecina de la misma escalera. Otra conocida de la familia explicó que Sebastián había anunciado con cierto desespero: 'Cualquier día haré un disparate'. La razón era que 'no podía dejar que Antonia fuera a una residencia o asilo' si él fallecía antes.

El barbero que atendía a Sebastián señaló, a su vez, que éste le había relatado en recientes ocasiones sus angustias. 'Es una situación trágica, propia de la desesperación y la soledad extrema de una pareja anciana', explicó otra conocida del matrimonio.

El hombre decidió acabar con la vida de la esposa mientras ésta desayunaba, disparándole en la cabeza, por la espalda, con su antigua arma reglamentaria. Se supone que la muerte de Antonia fue instantánea.

'He matado de un tiro a mi mujer. No echen la culpa a nadie, Ahora me suicidaré', fue el mensaje que Sebastián transmitió a la policía, poco después de las nueve de la mañana de ayer. Tras la comunicación a la policía el ex militar se dirigió el cañón del arma a la sien y volvió a disparar.

Las unidades de intervención inmediata ubicaron el lugar del suceso y, al llegar a la vivienda encontraron el cuerpo sin vida de Antonia, que falleció sentada en la cocina. Cerca yacía, todavía con un hilo de vida, su esposo, que logró ser reanimado y fue trasladado a un centro hospitalario donde falleció hacia la una de la tarde.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de mayo de 2001