Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Nació y murió en la Intifada

Rabia, dolor y disparos en el entierro en Gaza de la víctima más joven de la revuelta palestina, un bebé de cuatro meses

Imane nació y murió en la Intifada. La víctima más joven, cuatro meses, de la segunda revuelta palestina fue enterrada ayer en el cementerio local del campo de refugiados de Deir al Balah, a una decena de kilómetros al sur de Gaza capital, entre el estruendo de los disparos y el rumor de las aspas de los helicópteros de combate israelíes, que durante toda la mañana sobrevolaron la zona en previsión de nuevos incidentes.

'Dedico la muerte de mi bebé a todos los palestinos y a los pueblos árabes', exclamó rojo de ira, con los brazos abiertos dirigidos hacia el cielo, Mohamed Abdel Hamid Hijo, el padre de la pequeña Imane, muerta el día anterior por el impacto de un obús israelí, cuando se encontraba en los brazos de su madre, visitando a unos parientes en la localidad cercana de Jan Yunis.

'La muerte de mi hija permanecerá como un estigma en el rostro de Israel y de la comunidad internacional', dijo el padre de la niña Imane

El último grito desesperado de Mohamed Hijo, soldado raso de la Seguridad Preventiva Palestina, herido de un disparo en el tobillo en unos incidentes recientes en Jericó, provocaron la respuesta ensordecedora por parte de la muchedumbre que durante toda la mañana se había congregado en la puerta de su domicilio. El nombre de la pequeña Imane, el de Palestina y el de Alá, todas las palabras confundidas, fueron repetidas sin cesar, como si configuraran una única frase, un único destino.

Luego, bajo un sol de justicia, la multitud se puso a caminar por una calle de arena hacia una mezquita cercana para proseguir hasta el cementerio del campo de refugiados de Deir al Balah, uno de los más miserables y abandonados de la zona, donde desde hace más de 50 años se amontonan los supervivientes de la primera guerra con los judíos, huidos de sus casas en Cisjordania. Imane fue enterrada allí, entre la sombra de un olivo y de unos eucaliptos, mientras su padre estallaba nuevamente en gritos y lloros. 'La muerte de mi hija permanecerá como un estigma en el rostro de Israel y de la comunidad internacional', exclamó.

Mientras el cuerpo de Imane era cubierto por la arena, sonaron los disparos de algunos miembros de las fuerzas de seguridad, que, con el coronel Mohamed Dahlan a la cabeza, acompañaban al séquito. Mucho más lejos sonaron también otros disparos secos; los de los soldados israelíes que trataban de dispersar a un grupo de manifestantes que les amenazaban con palos y piedras. Más de una decena de muchachos resultaron heridos en los enfrentamientos. Así finalizó ayer al mediodía el sepelio por la víctima más joven de esta segunda Intifada, que arrancó el pasado 28 de septiembre y que ha provocado hasta el momento 516 muertos, 426 de ellos palestinos.

El primer ministro israelí, el general Ariel Sharon, se dirigía a esa misma hora a los miembros de la Asociación Internacional de Periodistas en Jerusalén, para desvelarles un nuevo plan de pacificación con los palestinos en tres fases: primero, aliviar las restricciones y el bloqueo; segundo, poner fin a la violencia palestina, y tercero, reanudar las negociaciones de paz.

'Sé que la situación es complicada, no es cuestión ni de un día ni de un mes, pero confío en la fortaleza del pueblo israelí. Soy optimista sobre el futuro de nuestro Estado al contemplar lo que los judíos hemos hecho en un siglo en este país', aseguró Sharon a los periodistas, para lanzar después un mensaje tranquilizador hacia el presidente Arafat asegurándole que 'no atacaremos a las personalidades políticas' palestinas.

Pero ya nadie confía en las promesas y menos en Gaza. La violencia parece no tener fin. Ayer volvieron los fundamentalistas a disparar obuses de mortero sobre los asentamientos judíos, después de que un colono fuera acribillado a tiros y cosido a puñaladas en las cercanías del enclave de Itamar al norte de Cisjordania. Las fuerzas israelíes se preparan para una nueva operación de represalia.

[Los embajadores francés y estadounidense en Damasco fueron convocados ayer en el Ministerio sirio de Asuntos Exteriores después de las críticas de París y Washington contra las palabras pronunciadas por el presidente Bachar el Asad, que acusó a Israel de profanar los lugares santos, durante la visita de Juan Pablo II, informó France Presse. 'El ministerio ha explicado que sus críticas se basan en una mala interpretación', señaló un comunicado, que agregó que Asad 'no mencionó a los judíos porque su objetivo no es la incitación a la violencia'].

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de mayo de 2001