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OPINION DEL LECTOR

Repetidores de móviles

A pesar de que últimamente nos hacen más caso a los colectivos ecologistas, aunque no todo lo que sería necesario, insistimos, para que no caiga en el olvido, en volver a criticar a la bonita y multicolor gallina de los huevos de oro de la telefonía móvil y reiterar que el oro que produce es defectuoso y perjudica severamente la salud. El problema radica en que nos intentan hacer creer que estamos bien informados, pero existe un gran desconocimiento público de las repercusiones en la salud, ya que presiones de las multinacionales retrasan la divulgación pública de la verdad.

Lo más peligroso, preocupante y que está produciendo una gran alarma social más que justificada, es el tema de las grandes antenas repetidoras, pues la carga de radiación se acumula con el tiempo y la gravedad aumenta con el número de repetidores. Investigadores de la radiación concluyen que el deterioro de la salud por estas antenas llega tras meses o años; al principio se nota pesadez, dolor de cabeza, insomnio, zumbidos, y las últimas consecuencias pueden dar lugar a tumores cerebrales y al aumento del riesgo de cáncer. Es una temeridad por parte del poder político no tomar medidas urgentes de precaución: investigación previa a salida al mercado y normativa coherente en cuanto a emisión de radiación de baja frecuencia.

Aunque las compañías telefónicas seducen sibilina y sospechosamente con dinero, en contratos a largo plazo (más de 25 años) a los propietarios de inmuebles por dejarse colocar una antena repetidora en la azotea de su casa, ¿cómo van a compensar a quienes han enfermado y enfermarán a causa de su negligencia? Y por último, algo que nos deja más intranquilos: ¿por qué las compañías de seguros no se hacen cargo de los problemas que les surjan a los afectados por las ondas de estas antenas?.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de febrero de 2001