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El fiscal general de Bush declara bajo juramento que protegerá el derecho al aborto

Durante dos jornadas consecutivas, la del martes y ayer, el polémico político de Misuri sorteó con habilidad el severo interrogatorio al que le sometieron los senadores progresistas demócratas como Edward Kennedy y Diane Feinstein. Una y otra vez, declaró que no reniega de sus convicciones, pero que en el ejercicio del cargo de fiscal general aplicará las leyes vigentes. 'He llegado a una edad en la que comprendo la necesidad de sacrificar algunas de mis creencias', dijo.

Los demócratas reconocían anoche que esa actitud abría el camino a una confirmación de Ashcroft como fiscal general por el Senado. El candidato de Bush cuenta con el apoyo firme de sus 50 correligionarios en la Cámara Alta y para salir del paso solo necesita la abstención o el apoyo de uno de los 50 demócratas. Los demócratas, no obstante, seguían anoche apretándole las tuercas en el comité de Asuntos Judiciales, cuyas audiencias pueden continuar hoy y prolongarse incluso hasta la próxima semana.

El martes, Ashcroft rechazó las acusaciones de racismo que le fueron formuladas en el comité. Afirmó que, como gobernador de Misuri, nombró más jueces negros que ninguno de sus predecesores y añadió que, como senador, votó a favor de 26 de los 27 nombramientos de negros sobre los que tuvo que pronunciarse. El único caso en que su respuesta fue negativa fue el del magistrado Ronnie White.

Derecha cristiana

El aborto, al que Ashcroft, un líder de la derecha cristiana de Estados Unidos, se opone furibundamente centró la jornada de ayer. Ashcroft declaró explícitamente que aplicará la decisión del Tribunal Supremo de EE UU de 1973 que legalizó la interrupción del embarazo, la histórica sentencia Roe versus Wade. 'Tal como lo entiendo, el papel del fiscal general es aplicar la ley tal como es, y no como desearía que fuera', dijo. 'Sigo oponiéndome a Roe versus Wade, pero ésta es la ley aceptada por el país'. A pregunta de Feinstein, afirmó que descargará 'todo el peso de la ley' contra los grupos que intentan oponerse por métodos violentos a la práctica del aborto en Estados Unidos.

Esos comentarios fueron recibidos con desconfianza por algunos demócratas. 'Este hombre ha pasado su vida intentando eliminar el derecho de la mujer a escoger; ¿cómo es que ahora ha cambiado de chaqueta?', se preguntó Charles Schumer. Ashcroft le respondió: 'Mi principal creencia es que yo no puedo ni debo colocarme por encima de la ley'. El senador demócrata Russ Feingold aceptó esa declaración y le arrojó un capote a Ashcroft con esta declaración: 'Estar situado políticamente a mitad del camino no es un requisito para asumir una cartera en el Gobierno'.

Armas de fuego

Las audiencias en el comité de Asuntos Judiciales, ideológicamente muy cargadas, fueron salpicadas por un incidente provocado por unos espectadores que, denunciando su oposición a los programas de rehabilitación, gritaron: 'Ashcroft dejaría que los drogadictos se murieran'. La policía los desalojó de inmediato.

Ashcroft, que como senador se opuso a aplicar nuevas restricciones a la venta y uso de armas de fuego, también se moderó en ese terreno: 'No creo que la Segunda Enmienda a la Constitución prohíba regular las armas'.

El aspirante de Bush a la fiscalía general no quiso pronunciarse sobre cuál será su actitud en la demanda por monopolio contra la empresa informática Microsoft abierta por el Gobierno de Bill Clinton, ni tampoco en el actual proceso de concentración de las compañías aéreas norteamericanas. Pero declaró que la falta de competencia es 'un problema muy serio'.

Por otro lado, Bill Clinton siguió apurando sus últimos momentos como presidente para aplicar medidas a contrapelo de la política tradicional republicana. Ayer anunció la suspensión por seis meses más de la ley Helms-Burton, diseñada para endurecer el embargo contra Cuba. Clinton dijo que esta medida es conveniente para promover cambios democráticos en la isla.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de enero de 2001

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