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INTENTO DE GOLPE DE ESTADO EN CONGO

El presidente Kabila muere asesinado en Congo

Uno de los guardaespaldas disparó contra el dirigente durante un intento de golpe en el país

Laurent Desiré Kabila, presidente de la República Democrática de Congo (RDC), el tercer país más grande de África, murió ayer tiroteado, según confirmaron el ministro belga de Asuntos Exteriores, Louis Michel, y fuentes gubernamentales francesas. No se descarta que este atentado sea parte de un supuesto intento de golpe de Estado que sacudió ayer al país africano, aunque los disparos fueron realizados por uno de los guardaespaldas, que fue abatido en el mismo momento del atentado. Tras ser alcanzado por dos balas, el presidente fue trasladado en helicóptero a un hospital cercano, donde falleció. El país permanecía anoche bajo el toque de queda ordenado por el Gobierno, que no confirmó la muerte del jefe de Estado.

Según los portavoces belgas, el presidente congoleño sobrevivió en un primer momento al ataque y se llegó a pensar en la posibilidad de trasladarlo a Luanda, capital de la vecina Angola, en un último intento por salvarle la vida, pero finalmente fue ingresado en el hospital Ngaliema de Kinshasa, donde falleció.

De acuerdo con las fuentes, el atacante fue abatido tras cometer el crimen, que se produjo en las cercanías del Palacio presidencial de Mármol, al oeste de Kinshasa, y ante la presencia de varios generales del Ejército congoleño.

Fuentes diplomáticas y de servicios secretos de las capitales ugandesa, Kampala, y ruandesa, Kigali (cuyos regímenes se encuentran en guerra con el Gobierno congoleño), ya daban por hecho por la tarde que Kabila había resultado 'muerto o herido' en el atentado.

Una alta fuente del espionaje del Ejército de Uganda, país que sostiene desde agosto de 1998 una guerra contra el régimen de Kabila, aseguró en Kampala a la agencia Reuters poco después del tiroteo: 'Ha muerto. Fue tiroteado por gente desconocida. Estoy 101% seguro de que [Kabila] está muerto'.

Versiones encontradas

A pesar de la confirmación oficial belga, todo lo que rodea al tiroteo ocurrido ayer cerca del palacio presidencial de Kinshasa era ayer muy confuso. Las confirmaciones de Bélgica (antigua potencia colonial de la zona) y Francia sobre la muerte de Kabila no aclaran, sin embargo, nada sobre el supuesto intento de golpe de Estado ni sobre los disparos ocurridos en la capital.

Durante toda la tarde, las informaciones fueron contradictorias y miembros del Gobierno de la RDC insistieron en que Kabila estaba herido. El ministro del Interior, Gaétan Kakudji, informó de que la instauración del toque de queda fue ordenado por el propio jefe de Estado. 'Para garantizar la seguridad de Kinshasa, el presidente Kabila acaba de decidir la puesta en alerta general de todas sus unidades militares en la capital y la instauración de un toque de queda', dijo a las ocho (hora peninsular) la radio local.

Hasta ese momento, ni Estados Unidos ni Francia, países con importantes legaciones diplomáticas en Kinshasa e intereses contrapuestos en la RDC, disponían de una versión clara de los hechos. Horas más tarde, el Gobierno estadounidense, a través de un alto funcionario del Departamento de Estado que prefirió confirmar el anonimato, dijo que, aunque no habían verificado el hecho directamente, disponían de información suficiente de distintas fuentes para asegurar que Kabila había muerto. Pero nada más.

En Zimbabue, estrecho aliado de Kabila, una fuente del Gobierno de Robert Mugabe, cuya identidad no cita Reuters, también confirmó el tiroteo. Fuentes independientes dijeron que a mediodía de ayer se escucharon disparos cerca o dentro del palacio presidencial, que numerosos militares comenzaron a patrullar por las calles de Kinshasa y que el servicio telefónico y la radio televisión congolesa fueron cortados.

Poco después, en una improvisada emisión, apareció ante las cámaras, vestido de campaña, tocado de una boina negra y con la mirada nerviosa, el coronel Eddy Kapend, jefe de Gabinete de Kabila. El coronel aseguró haber ordenado el inmediato bloqueo del aeropuerto de N'Djili (a las afueras de Kinshasa) y de la navegación por el río Congo, así como el cierre del resto de las fronteras. Kapend leyó una lista de altos mandos y bases militares a los que instó a mantener calma y disciplina.

Fuentes de los rebeldes de la Reagrupación Congolesa para la Democracia (la principal guerrilla apoyada por Ruanda y con base en Goma, al este del país), aseguran que el coronel Kapend y el general Sylvestre Luecha, jefe de la guerrilla mai-mai, son los líderes del supuesto golpe de Estado en el que la muerte de Kabila formaba parte del operativo militar.

La sucesión

El asesinato abre un compás de espera sobre la sucesión a Kabila, que ejercía el poder con mano de hierro y que no había designado sustituto. Según fuentes diplomáticas, la continuidad del régimen del fallecido presidente podría depender de los Gobiernos de Angola, Zimbabue y Namibia, cuyas tropas sostienen militarmente el Gobierno congoleño frente a los grupos rebeldes que, con el apoyo de Uganda y Ruanda, tratan desde agosto de 1998 de tomar el poder.

Entretanto, fuentes diplomáticas esperaban que el Gobierno divulgase una declaración oficial en la que se dé cuenta de lo sucedido, pero hasta entonces tanto la radio como la televisión estatales se limitaban a emitir el comunicado con el anuncio del toque de queda.

Aunque la tranquilidad era esta noche la nota dominante en Kinshasa, las representaciones de las cancillerías occidentales se preparaban para poner en marcha planes de evacuación de sus nacionales, ante la eventualidad de una degradación de la seguridad en la capital congoleña. Según un portavoz de la Embajada de España que no quiso ser identificado, tanto los españoles como los hispanoamericanos cuyos intereses representan, se encuentran bien. España no cuenta con embajador en Kinshasa y la legación está encabezada por un encargado de negocios. El portavoz añadió que la situación en Kinshasa es de calma total, si bien añadió que hay mucha confusión con respecto a lo sucedido esta tarde.

Situada entre el Océano Atlántico y la región de los Grandes Lagos, la RDC es uno de los países más extensos y potencialmente ricos del continente. Pese a las enormes posibilidades económicas que tiene gracias a sus ingentes recursos naturales (o, según algunos observadores, debido precisamente a ello), la RDC cuenta con una de las historias más sangrientas y convulsas de África.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de enero de 2001