Los últimos siete días de Clinton

La agenda del presidente estadounidense antes de entregarle el relevo el próximo sábado al republicano George W. Bush

A los colaboradores que le preguntaban cuáles son sus planes a partir del próximo sábado, Bill Clinton seguía respondiendo ayer que aún no ha llegado el momento de pensar en eso. 'Todavía me quedan unos días en la Casa Blanca', decía. Lector ferviente de libros de historia, y en particular biografías de presidentes norteamericanos, Clinton tiene una semana escasa para redondear su legado político, y no piensa desaprovecharla. Se le está escapando su sueño de apadrinar el acuerdo de paz definitivo en Oriente Próximo, pero aún puede arrancar algo de israelíes y palestinos, aunque sea un documento de buenas intenciones. Y, sobre todo, aún puede utilizar el púlpito presidencial para dejar sentadas sus opiniones.

En el último tramo de su presidencia, Clinton está hablando sin pelos en la lengua. Declaró a la revista Rolling Stone que es partidario de la despenalización del consumo de marihuana; ante los grupos judíos de Nueva York se proclamó partidario de un Estado palestino con capital en Jerusalén; y en Chicago aseguró que su sucesor, George Bush, sólo ganó porque se detuvo el escrutinio en Florida. Liberado de la necesidad de cultivar a los sectores conservadores de EE UU, el Clinton de los últimos días es otra vez un tipo progresista, el que se oponía a la guerra de Vietnam y se fumaba algún que otro canuto, sin tragarse el humo, eso sí.

Pero le obsesiona su huella en los libros de historia. Deja la Casa Blanca con más del 60% de sus compatriotas aprobando su gestión política, toda una plusmarca, y el EE UU de hoy es más próspero, seguro e influyente que el de hace ocho años, un imperio en el cenit de su potencia. ¿Pero ha hecho Clinton algo de grandeza comparable a la Declaración de Independencia de Thomas Jefferson, la liberación de los esclavos por Abraham Lincoln, la victoria en la II Guerra Mundial de Franklin Roosevelt, la paz entre Israel y Egipto de Jimmy Carter o la derrota del comunismo por Ronald Reagan? Él sabe que la respuesta es negativa y en alguna ocasión ha declarado, medio en broma medio en serio, que le hubiera hecho falta una gran guerra o catástrofe.

Así que, según una encuesta de CNN-USA Today-Gallup difundida esta semana, el 68% de los estadounidenses piensa que el político de Arkansas será más recordado por sus escándalos que por sus realizaciones. Ha sido una verdadera pena que, como señala David Halberstam en Vanity Fair, Clinton, el político más inteligente y brillante de su generación, el artista de la seducción en el trato directo y de la comprensión instantánea de los deseos del pueblo, haya derrochado sus muchos talentos en sobrevivir a las trampas que le tendieron sus feroces rivales republicanos o, como el caso Lewinsky, su propia irresponsabilidad.

A Clinton esas múltiples experiencias de supervivencia frente al escándalo le han enseñado que mientras hay vida hay esperanza, y hasta el próximo sábado no debe cederle a Bush el Despacho Oval. Aún puede hacer, y sobre todo decir, algo. Ésta es la agenda provisional de sus últimos siete días como la persona más poderosa del planeta.

- Domingo 14 de enero. Última estancia en Camp David. Clinton, acompañado por Hillary y Chelsea, ofreció anoche su última fiesta en la residencia campestre presidencial, no lejos de Washington. Al llamado The Last Pijama Party acudieron colaboradores de Bill en la Casa Blanca y nuevos colegas de Hillary en el Congreso. Hoy, los Clinton empacarán sus cosas. Se despiden de Camp David sin demasiada nostalgia. Para sus fines de semana, Clinton, un hijo de los años sesenta, el 'primer presidente rock and roll', como le llama en su American Rhapsody el escritor Joe Eszterhas, siempre ha preferido al reposo en Camp David los viajes a las excitantes Nueva York y Los Ángeles, o las fiestas con actuaciones musicales en directo organizadas por él en la Casa Blanca. A finales de su primer mandato y comienzos del segundo, en fines de semana en los que Hillary estaba fuera de Washington, incluso optó por permanecer en la Casa Blanca y convocar allí a una entonces desconocida becaria llamada Monica Lewinsky.

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Desde hace dos años, Clinton recibe constante 'asesoramiento espiritual', que no médico, para combatir lo que algunos llaman su priapismo. Eszterhas asegura que Clinton se metió en política por la misma razón que Mick Jagger se convirtió en músico: para tener muchas fans. En ese aspecto de su personalidad deja un doble legado. Uno, malo para él, el de haber sido el único presidente del siglo XX procesado y juzgado para su destitución; otro, positivo para EE UU, el de haber conseguido que una mayoría de norteamericanos considere secundarios los pecadillos de su presidente, siempre que su gestión sea buena. Quizá la principal herencia del caso Lewinsky haya sido comenzar a introducir a EE UU en una madurez tolerante a la europea en este tipo de cuestiones personales. Bush se ha beneficiado de ello: poco impacto tuvieron en las urnas las revelaciones sobre su detención por conducir borracho hace 24 años.

Eso sí, Camp David deja un amargo recuerdo en el político de Arkansas. Allí fracasó el pasado julio en su intento de arrancar con fórceps un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos. Gran mediador en conflictos internacionales, y con éxito en el caso de Irlanda del Norte, Clinton quería que esa paz fuera la gran realización de su presidencia, lo que los libros de historia situaran de inmediato al lado de su nombre, relegando al caso Lewinsky. El viernes ya aceptó que lo más probable es que no lo consiga y que Bush tenga que seguir lidiando con el asunto.

- Lunes 15 de enero. Día de Martin Luther King. A las once de la mañana, en la Universidad del Distrito de Columbia, Clinton participará en uno de los muchos actos de ese día festivo en el que EE UU conmemora el aniversario de King, el líder negro asesinado en los años sesenta. Allí estará en su salsa. Los afroamericanos adoran a Clinton, con el que comparten muchas cosas: carácter extrovertido, pasión por la comida y la música, tolerancia sexual, convicción de que EE UU todavía no ha pagado la enorme deuda contraída por la esclavitud... Fueron ellos sus más activos defensores durante el caso Lewinsky y los más ardientes partidarios de Al Gore en la batalla poselectoral de Florida, y son ellos los que siguen levantando dudas sobre la legitimidad de Bush.

En los días más sombríos del caso Lewinsky, Clinton recibió de la escritora Toni Morrison el honor de ser tildado de 'primer presidente negro de EE UU'. Probablemente es verdad. A este hijo humilde del sureño Arkansas se le ve feliz en la compañía de los negros. Negro es uno de sus grandes amigos y compañeros de golf, el abogado Vernon Jordan, al que le encargó que le buscara a Lewinsky un trabajo fuera de Washington. Si Clinton va a tener muchas razones para pasar largas temporadas en la capital de EE UU, una de las más fuertes será que Jordan vive cerca de la hermosa vivienda que Hillary ha comprado en la avenida de Massachusetts. Negra es también la secretaria presidencial de Clinton, Betty Currie, que tanto sufrió protegiendo a su jefe frente a las pesquisas inquisitoriales del fiscal Kenneth Starr.

Un célebre dicho de Harry Truman afirma que si quieres tener un amigo de verdad en Washington, debes hacerte con un perro. Cuando su presidencia se tambaleaba, Clinton siguió el consejo y se hizo con Buddy, un labrador de color chocolate. Buddy, según ha informado muy oficialmente la Casa Blanca, se irá el próximo sábado para la casa adquirida por los Clinton en la zona residencial neoyorquina de Chappaqua cuando Hillary comenzó su exitosa campaña para hacerse con un escaño en el Senado. En cambio, el gato Socks se quedará con Betty Currie, según una exclusiva del diario The New York Times.

En la Universidad del Distrito de Columbia, Clinton repetirá unas cifras que se sabe de memoria, las que dan la medida del éxito económico de su presidencia: una media de crecimiento anual del 4%, la creación de 22 millones de puestos de trabajo, un incremento en la propiedad de la vivienda del 67%, siete millones de norteamericanos sacados de la pobreza, un desempleo del 4% y el mayor superávit presupuestario de todos los tiempos. Los afroamericanos presentes aplaudirán a rabiar; los especialistas afirmarán que el mérito le corresponde al presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, aunque Clinton acertara al no ponerle obstáculos, y Bush insistirá en que a él le toca torear ahora las vacas flacas.

- Martes 16 de enero. Visita a Arkansas. Si quieres ser presidente de EE UU debes garantizarte la victoria en tu Estado natal, dice una vieja regla estadounidense. Clinton lo consiguió en 1992 y 1996. Arkansas no le falló y le permitió ser el primer demócrata en conseguir dos mandatos presidenciales desde Franklin Roosevelt. Ésa no es la única huella que deja en su partido, también un giro hacia la moderación desde las posiciones izquierdistas de los sesenta, setenta y ochenta. Clinton ha sido un maestro en lo que él llama la tercera vía, la conquista del poder y su mantenimiento sin alejarse demasiado del centro vital. Su instrumento favorito ha sido la lectura de todo tipo de encuestas. Allí donde estaba la mayoría de sus compatriotas, allí estaba Clinton. Fuera defendiendo el toque de queda nocturno para los adolescentes o el mantenimiento de la pena de muerte; fuera defendiendo la preservación de derecho al aborto o la lucha contra el tabaquismo.

Ante la Asamblea Legislativa de Arkansas, Clinton agradecerá la fidelidad de la mayoría de los habitantes de su patria chica. Luego dará un vistazo a los trabajos de su futura librería presidencial, en Little Rock. Allí dispondrá de un apartamento, lo que hace que ya tenga tres hogares posibles a partir del sábado: Chappaqua (Nueva York) y Washington, que compartirá con Hillary, y su propio refugio en Little Rock.

Para Clinton, de 54 años, comienza el periodo de hacer dinero. El Gobierno, según un cálculo oficial, le pagará hasta el final de sus días una pensión evaluada globalmente en 7,3 millones de dólares, y también le mantendrá la protección del Servicio Secreto y dos oficinas con personal en Nueva York y Washington. Pero eso puede ser el chocolate del loro al lado de las ofertas para dar conferencias en universidades a 100.000 dólares la hora, redactar sus memorias -Hillary ya ha conseguido un adelanto de ocho millones de dólares por las suyas- y participar en programas de televisión y películas de Hollywood. En Los Ángeles, donde gente como Steven Spielberg se pirra por Clinton, también se dice que el político de Arkansas sería un maravilloso lobbysta de la industria del cine en Washington.

Pero Clinton quiere seguir en la política activa. Pese a sus muchas diferencias con él, declara que Jimmy Carter es su modelo de ex presidente, por su reconversión en hombre bueno para crisis internacionales. Y, sobre todo, hay un hecho: Gore perdió en su Estado natal de Tennessee el pasado noviembre, y con ello la Casa Blanca. Aunque Gore está reaccionando con gran elegancia a su amarga y controvertida derrota, el Partido Demócrata busca un jefe y sólo encuentra al indiscutible Clinton. El hijo de Arkansas tiene todos los números en la mano para convertirse en el líder espiritual, en la sombra o como quiera llamársele de la oposición al republicano Bush.

- Miércoles 17 de enero. Chateo en CBS. Un analfabeto en materia de ordenadores e Internet, como él mismo se define, Clinton ha presidido la revolución tecnológica que está llevando a EE UU y el mundo desde la era industrial a la digital. Con la entusiasta militancia de Gore, su Gobierno ha favorecido la introducción de los ordenadores conectados a la red en la totalidad de las empresas norteamericanas y la mayoría de los hogares, escuelas y hospitales. Y ha creado una web gigantesca para que los ciudadanos puedan resolver, con unos pocos cliks de su ratón, infinidad de asuntos relacionados con las administraciones públicas. Aún más, una de sus grandes cruzadas judiciales ha sido para oponerse a que Microsoft consolidara una posición monopolista en el naciente universo.

Invitado por la cadena CBS y calzándose sus gafas de leer, Clinton se sentará frente a un ordenador y responderá a las preguntas on-line de sus compatriotas. Les reiterará su apuesta por este nuevo medio de comunicación, aun confesando que él prefiere una buena conversación en directo, de preferencia a primeras horas de la madrugada y, aunque no lo dirá, con un cigarro en la boca.

Hace ocho años, Clinton llegó al poder con una canción de Fleetwood Mac como himno que decía: 'Don't Stop Thinking About Tomorrow'; o sea, una invitación a pensar siempre en el futuro. Cuatro años después consiguió la reelección con el lema de la construcción de un puente hacia el siglo XXI. El primer hijo de la rebelión de los sesenta sentado en el Despacho Oval ha revitalizado el optimismo norteamericano, la idea de que lo mejor está siempre por llegar y es alcanzable si se escuchan todas las nuevas propuestas y se trabaja duramente. Con el chateo del miércoles en CBS, Clinton irá terminando la larga conversación que ha sostenido con el pueblo norteamericano. Gran actor y gran comunicador, Clinton deja para la posteridad la célebre frase que empleaba ante compatriotas en apuros: 'Siente tu dolor'.

- Jueves 18 de enero. Llamadas a líderes internacionales. Cuando fue menester, Clinton los movilizó telefónicamente para castigar a Sadam Husein o invadir Kosovo. Incluso en sus momentos de mayor debilidad interna, a Clinton no le faltó el respeto y el apoyo de sus pares. Ahora se despide de ellos. Nelson Mandela, que tanto le confortó durante el caso Lewinsky, ya no está en el poder, pero sí Tony Blair, con el que convirtió en amistad personal el parentesco político entre Washington y Londres, y Jacques Chirac, cuya simpatía personal por EE UU siempre compensó la rebeldía francesa ante la arrogancia norteamericana. En su última ronda de llamadas internacionales, Clinton añorará este jueves al asesinado Isaac Rabin, que fue su amigo y con el que estuvo a punto de conseguir la paz en Oriente Próximo. E instará a Ehud Barak y Yasir Arafat a seguir trabajando con Bush en aras de ese objetivo.

Pero, quién sabe. Igual el jueves hay buenas noticias en Jerusalén y Gaza y Clinton todavía puede ponerse una medalla. Si no es así, la historia también retendrá que Arafat ha sido el dirigente extranjero que ha efectuado más visitas a la Casa Blanca de Clinton. Y el mero hecho de la conversión del líder palestino en un socio de EE UU será otro activo en el historial de Clinton.

Como tantos políticos, Clinton llegó a la Casa Blanca denostando a su predecesor, el primer Bush, por ocuparse mucho de asuntos internacionales y poco de los domésticos, y termina habiéndole tomado gusto a lo de arreglar el mundo. Su política extranjera sólo ha tenido una constante: la promoción del libre comercio; el resto lo ha ido construyendo a salto de mata, en función del humor de su opinión pública. Podría haber hecho más aquí o allá, o haberlo hecho antes, como en Bosnia, pero el planeta que deja no es peor que a comienzos de los noventa.

- Viernes 19 de enero. Adiós a la Casa Blanca. 'Creo que lo echaremos en falta; ya lo echamos en falta', dice Herber Parmet, profesor de la Universidad de Nueva York y biógrafo de Dwight Eisenhower y el primer presidente Bush. Este viernes, mientras él empaqueta sus cosas en la Casa Blanca y se despide de su equipo, comenzará una irresistible oleada de nostalgia de Clinton. Pocos como él capaces de generar tanto odio por su oportunismo y desvergüenza, y tanta admiración por su habilidad y su inteligencia. Pocos tan simpáticos y tan golfos. Pocos que hayan sorteado tantos obstáculos y terminen no sólo de pie, sino firmemente asentados y aplaudidos a rabiar. Y ninguno que sea de los nuestros, de los que descubrieron al llegar a la edad de la razón que el mundo de los padres y abuelos era manifiestamente mejorable.

- Sábado 20 de enero. Cesión del poder a Bush. Llegó el día del síndrome de abstinencia. ¿Qué hacer tras asistir al juramento de Bush en las escalinatas del Capitolio y cederle simbólicamente las llaves de la Casa Blanca? Su equipo le ha enseñado un divertido vídeo con pistas sobre 'cómo comportarse en el mundo real'. ¿Pero qué es el mundo real tras ocho años vistiendo el ropaje de emperador?

Un helicóptero de los marines estará esperando a Clinton al lado de Capitolio, listo para despegar una vez tomado el juramento a Bush. ¿Dónde ir, dónde pasar la primera noche en la condición vitalicia de ex presidente? Clinton, según su portavoz, probablemente empezará por Chappaqua, su hogar neoyorquino. Bien entrada la madrugada, seguirá de palique. Pensando, sin duda, en el futuro.A los colaboradores que le preguntaban cuáles son sus planes a partir del próximo sábado, Bill Clinton seguía respondiendo ayer que aún no ha llegado el momento de pensar en eso. 'Todavía me quedan unos días en la Casa Blanca', decía. Lector ferviente de libros de historia, y en particular biografías de presidentes norteamericanos, Clinton tiene una semana escasa para redondear su legado político, y no piensa desaprovecharla. Se le está escapando su sueño de apadrinar el acuerdo de paz definitivo en Oriente Próximo, pero aún puede arrancar algo de israelíes y palestinos, aunque sea un documento de buenas intenciones. Y, sobre todo, aún puede utilizar el púlpito presidencial para dejar sentadas sus opiniones.

En el último tramo de su presidencia, Clinton está hablando sin pelos en la lengua. Declaró a la revista Rolling Stone que es partidario de la despenalización del consumo de marihuana; ante los grupos judíos de Nueva York se proclamó partidario de un Estado palestino con capital en Jerusalén; y en Chicago aseguró que su sucesor, George Bush, sólo ganó porque se detuvo el escrutinio en Florida. Liberado de la necesidad de cultivar a los sectores conservadores de EE UU, el Clinton de los últimos días es otra vez un tipo progresista, el que se oponía a la guerra de Vietnam y se fumaba algún que otro canuto, sin tragarse el humo, eso sí.

Pero le obsesiona su huella en los libros de historia. Deja la Casa Blanca con más del 60% de sus compatriotas aprobando su gestión política, toda una plusmarca, y el EE UU de hoy es más próspero, seguro e influyente que el de hace ocho años, un imperio en el cenit de su potencia. ¿Pero ha hecho Clinton algo de grandeza comparable a la Declaración de Independencia de Thomas Jefferson, la liberación de los esclavos por Abraham Lincoln, la victoria en la II Guerra Mundial de Franklin Roosevelt, la paz entre Israel y Egipto de Jimmy Carter o la derrota del comunismo por Ronald Reagan? Él sabe que la respuesta es negativa y en alguna ocasión ha declarado, medio en broma medio en serio, que le hubiera hecho falta una gran guerra o catástrofe.

Así que, según una encuesta de CNN-USA Today-Gallup difundida esta semana, el 68% de los estadounidenses piensa que el político de Arkansas será más recordado por sus escándalos que por sus realizaciones. Ha sido una verdadera pena que, como señala David Halberstam en Vanity Fair, Clinton, el político más inteligente y brillante de su generación, el artista de la seducción en el trato directo y de la comprensión instantánea de los deseos del pueblo, haya derrochado sus muchos talentos en sobrevivir a las trampas que le tendieron sus feroces rivales republicanos o, como el caso Lewinsky, su propia irresponsabilidad.

A Clinton esas múltiples experiencias de supervivencia frente al escándalo le han enseñado que mientras hay vida hay esperanza, y hasta el próximo sábado no debe cederle a Bush el Despacho Oval. Aún puede hacer, y sobre todo decir, algo. Ésta es la agenda provisional de sus últimos siete días como la persona más poderosa del planeta.

- Domingo 14 de enero. Última estancia en Camp David. Clinton, acompañado por Hillary y Chelsea, ofreció anoche su última fiesta en la residencia campestre presidencial, no lejos de Washington. Al llamado The Last Pijama Party acudieron colaboradores de Bill en la Casa Blanca y nuevos colegas de Hillary en el Congreso. Hoy, los Clinton empacarán sus cosas. Se despiden de Camp David sin demasiada nostalgia. Para sus fines de semana, Clinton, un hijo de los años sesenta, el 'primer presidente rock and roll', como le llama en su American Rhapsody el escritor Joe Eszterhas, siempre ha preferido al reposo en Camp David los viajes a las excitantes Nueva York y Los Ángeles, o las fiestas con actuaciones musicales en directo organizadas por él en la Casa Blanca. A finales de su primer mandato y comienzos del segundo, en fines de semana en los que Hillary estaba fuera de Washington, incluso optó por permanecer en la Casa Blanca y convocar allí a una entonces desconocida becaria llamada Monica Lewinsky.

Desde hace dos años, Clinton recibe constante 'asesoramiento espiritual', que no médico, para combatir lo que algunos llaman su priapismo. Eszterhas asegura que Clinton se metió en política por la misma razón que Mick Jagger se convirtió en músico: para tener muchas fans. En ese aspecto de su personalidad deja un doble legado. Uno, malo para él, el de haber sido el único presidente del siglo XX procesado y juzgado para su destitución; otro, positivo para EE UU, el de haber conseguido que una mayoría de norteamericanos considere secundarios los pecadillos de su presidente, siempre que su gestión sea buena. Quizá la principal herencia del caso Lewinsky haya sido comenzar a introducir a EE UU en una madurez tolerante a la europea en este tipo de cuestiones personales. Bush se ha beneficiado de ello: poco impacto tuvieron en las urnas las revelaciones sobre su detención por conducir borracho hace 24 años.

Eso sí, Camp David deja un amargo recuerdo en el político de Arkansas. Allí fracasó el pasado julio en su intento de arrancar con fórceps un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos. Gran mediador en conflictos internacionales, y con éxito en el caso de Irlanda del Norte, Clinton quería que esa paz fuera la gran realización de su presidencia, lo que los libros de historia situaran de inmediato al lado de su nombre, relegando al caso Lewinsky. El viernes ya aceptó que lo más probable es que no lo consiga y que Bush tenga que seguir lidiando con el asunto.

- Lunes 15 de enero. Día de Martin Luther King. A las once de la mañana, en la Universidad del Distrito de Columbia, Clinton participará en uno de los muchos actos de ese día festivo en el que EE UU conmemora el aniversario de King, el líder negro asesinado en los años sesenta. Allí estará en su salsa. Los afroamericanos adoran a Clinton, con el que comparten muchas cosas: carácter extrovertido, pasión por la comida y la música, tolerancia sexual, convicción de que EE UU todavía no ha pagado la enorme deuda contraída por la esclavitud... Fueron ellos sus más activos defensores durante el caso Lewinsky y los más ardientes partidarios de Al Gore en la batalla poselectoral de Florida, y son ellos los que siguen levantando dudas sobre la legitimidad de Bush.

En los días más sombríos del caso Lewinsky, Clinton recibió de la escritora Toni Morrison el honor de ser tildado de 'primer presidente negro de EE UU'. Probablemente es verdad. A este hijo humilde del sureño Arkansas se le ve feliz en la compañía de los negros. Negro es uno de sus grandes amigos y compañeros de golf, el abogado Vernon Jordan, al que le encargó que le buscara a Lewinsky un trabajo fuera de Washington. Si Clinton va a tener muchas razones para pasar largas temporadas en la capital de EE UU, una de las más fuertes será que Jordan vive cerca de la hermosa vivienda que Hillary ha comprado en la avenida de Massachusetts. Negra es también la secretaria presidencial de Clinton, Betty Currie, que tanto sufrió protegiendo a su jefe frente a las pesquisas inquisitoriales del fiscal Kenneth Starr.

Un célebre dicho de Harry Truman afirma que si quieres tener un amigo de verdad en Washington, debes hacerte con un perro. Cuando su presidencia se tambaleaba, Clinton siguió el consejo y se hizo con Buddy, un labrador de color chocolate. Buddy, según ha informado muy oficialmente la Casa Blanca, se irá el próximo sábado para la casa adquirida por los Clinton en la zona residencial neoyorquina de Chappaqua cuando Hillary comenzó su exitosa campaña para hacerse con un escaño en el Senado. En cambio, el gato Socks se quedará con Betty Currie, según una exclusiva del diario The New York Times.

En la Universidad del Distrito de Columbia, Clinton repetirá unas cifras que se sabe de memoria, las que dan la medida del éxito económico de su presidencia: una media de crecimiento anual del 4%, la creación de 22 millones de puestos de trabajo, un incremento en la propiedad de la vivienda del 67%, siete millones de norteamericanos sacados de la pobreza, un desempleo del 4% y el mayor superávit presupuestario de todos los tiempos. Los afroamericanos presentes aplaudirán a rabiar; los especialistas afirmarán que el mérito le corresponde al presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, aunque Clinton acertara al no ponerle obstáculos, y Bush insistirá en que a él le toca torear ahora las vacas flacas.

- Martes 16 de enero. Visita a Arkansas. Si quieres ser presidente de EE UU debes garantizarte la victoria en tu Estado natal, dice una vieja regla estadounidense. Clinton lo consiguió en 1992 y 1996. Arkansas no le falló y le permitió ser el primer demócrata en conseguir dos mandatos presidenciales desde Franklin Roosevelt. Ésa no es la única huella que deja en su partido, también un giro hacia la moderación desde las posiciones izquierdistas de los sesenta, setenta y ochenta. Clinton ha sido un maestro en lo que él llama la tercera vía, la conquista del poder y su mantenimiento sin alejarse demasiado del centro vital. Su instrumento favorito ha sido la lectura de todo tipo de encuestas. Allí donde estaba la mayoría de sus compatriotas, allí estaba Clinton. Fuera defendiendo el toque de queda nocturno para los adolescentes o el mantenimiento de la pena de muerte; fuera defendiendo la preservación de derecho al aborto o la lucha contra el tabaquismo.

Ante la Asamblea Legislativa de Arkansas, Clinton agradecerá la fidelidad de la mayoría de los habitantes de su patria chica. Luego dará un vistazo a los trabajos de su futura librería presidencial, en Little Rock. Allí dispondrá de un apartamento, lo que hace que ya tenga tres hogares posibles a partir del sábado: Chappaqua (Nueva York) y Washington, que compartirá con Hillary, y su propio refugio en Little Rock.

Para Clinton, de 54 años, comienza el periodo de hacer dinero. El Gobierno, según un cálculo oficial, le pagará hasta el final de sus días una pensión evaluada globalmente en 7,3 millones de dólares, y también le mantendrá la protección del Servicio Secreto y dos oficinas con personal en Nueva York y Washington. Pero eso puede ser el chocolate del loro al lado de las ofertas para dar conferencias en universidades a 100.000 dólares la hora, redactar sus memorias -Hillary ya ha conseguido un adelanto de ocho millones de dólares por las suyas- y participar en programas de televisión y películas de Hollywood. En Los Ángeles, donde gente como Steven Spielberg se pirra por Clinton, también se dice que el político de Arkansas sería un maravilloso lobbysta de la industria del cine en Washington.

Pero Clinton quiere seguir en la política activa. Pese a sus muchas diferencias con él, declara que Jimmy Carter es su modelo de ex presidente, por su reconversión en hombre bueno para crisis internacionales. Y, sobre todo, hay un hecho: Gore perdió en su Estado natal de Tennessee el pasado noviembre, y con ello la Casa Blanca. Aunque Gore está reaccionando con gran elegancia a su amarga y controvertida derrota, el Partido Demócrata busca un jefe y sólo encuentra al indiscutible Clinton. El hijo de Arkansas tiene todos los números en la mano para convertirse en el líder espiritual, en la sombra o como quiera llamársele de la oposición al republicano Bush.

- Miércoles 17 de enero. Chateo en CBS. Un analfabeto en materia de ordenadores e Internet, como él mismo se define, Clinton ha presidido la revolución tecnológica que está llevando a EE UU y el mundo desde la era industrial a la digital. Con la entusiasta militancia de Gore, su Gobierno ha favorecido la introducción de los ordenadores conectados a la red en la totalidad de las empresas norteamericanas y la mayoría de los hogares, escuelas y hospitales. Y ha creado una web gigantesca para que los ciudadanos puedan resolver, con unos pocos cliks de su ratón, infinidad de asuntos relacionados con las administraciones públicas. Aún más, una de sus grandes cruzadas judiciales ha sido para oponerse a que Microsoft consolidara una posición monopolista en el naciente universo.

Invitado por la cadena CBS y calzándose sus gafas de leer, Clinton se sentará frente a un ordenador y responderá a las preguntas on-line de sus compatriotas. Les reiterará su apuesta por este nuevo medio de comunicación, aun confesando que él prefiere una buena conversación en directo, de preferencia a primeras horas de la madrugada y, aunque no lo dirá, con un cigarro en la boca.

Hace ocho años, Clinton llegó al poder con una canción de Fleetwood Mac como himno que decía: 'Don't Stop Thinking About Tomorrow'; o sea, una invitación a pensar siempre en el futuro. Cuatro años después consiguió la reelección con el lema de la construcción de un puente hacia el siglo XXI. El primer hijo de la rebelión de los sesenta sentado en el Despacho Oval ha revitalizado el optimismo norteamericano, la idea de que lo mejor está siempre por llegar y es alcanzable si se escuchan todas las nuevas propuestas y se trabaja duramente. Con el chateo del miércoles en CBS, Clinton irá terminando la larga conversación que ha sostenido con el pueblo norteamericano. Gran actor y gran comunicador, Clinton deja para la posteridad la célebre frase que empleaba ante compatriotas en apuros: 'Siente tu dolor'.

- Jueves 18 de enero. Llamadas a líderes internacionales. Cuando fue menester, Clinton los movilizó telefónicamente para castigar a Sadam Husein o invadir Kosovo. Incluso en sus momentos de mayor debilidad interna, a Clinton no le faltó el respeto y el apoyo de sus pares. Ahora se despide de ellos. Nelson Mandela, que tanto le confortó durante el caso Lewinsky, ya no está en el poder, pero sí Tony Blair, con el que convirtió en amistad personal el parentesco político entre Washington y Londres, y Jacques Chirac, cuya simpatía personal por EE UU siempre compensó la rebeldía francesa ante la arrogancia norteamericana. En su última ronda de llamadas internacionales, Clinton añorará este jueves al asesinado Isaac Rabin, que fue su amigo y con el que estuvo a punto de conseguir la paz en Oriente Próximo. E instará a Ehud Barak y Yasir Arafat a seguir trabajando con Bush en aras de ese objetivo.

Pero, quién sabe. Igual el jueves hay buenas noticias en Jerusalén y Gaza y Clinton todavía puede ponerse una medalla. Si no es así, la historia también retendrá que Arafat ha sido el dirigente extranjero que ha efectuado más visitas a la Casa Blanca de Clinton. Y el mero hecho de la conversión del líder palestino en un socio de EE UU será otro activo en el historial de Clinton.

Como tantos políticos, Clinton llegó a la Casa Blanca denostando a su predecesor, el primer Bush, por ocuparse mucho de asuntos internacionales y poco de los domésticos, y termina habiéndole tomado gusto a lo de arreglar el mundo. Su política extranjera sólo ha tenido una constante: la promoción del libre comercio; el resto lo ha ido construyendo a salto de mata, en función del humor de su opinión pública. Podría haber hecho más aquí o allá, o haberlo hecho antes, como en Bosnia, pero el planeta que deja no es peor que a comienzos de los noventa.

- Viernes 19 de enero. Adiós a la Casa Blanca. 'Creo que lo echaremos en falta; ya lo echamos en falta', dice Herber Parmet, profesor de la Universidad de Nueva York y biógrafo de Dwight Eisenhower y el primer presidente Bush. Este viernes, mientras él empaqueta sus cosas en la Casa Blanca y se despide de su equipo, comenzará una irresistible oleada de nostalgia de Clinton. Pocos como él capaces de generar tanto odio por su oportunismo y desvergüenza, y tanta admiración por su habilidad y su inteligencia. Pocos tan simpáticos y tan golfos. Pocos que hayan sorteado tantos obstáculos y terminen no sólo de pie, sino firmemente asentados y aplaudidos a rabiar. Y ninguno que sea de los nuestros, de los que descubrieron al llegar a la edad de la razón que el mundo de los padres y abuelos era manifiestamente mejorable.

- Sábado 20 de enero. Cesión del poder a Bush. Llegó el día del síndrome de abstinencia. ¿Qué hacer tras asistir al juramento de Bush en las escalinatas del Capitolio y cederle simbólicamente las llaves de la Casa Blanca? Su equipo le ha enseñado un divertido vídeo con pistas sobre 'cómo comportarse en el mundo real'. ¿Pero qué es el mundo real tras ocho años vistiendo el ropaje de emperador?

Un helicóptero de los marines estará esperando a Clinton al lado de Capitolio, listo para despegar una vez tomado el juramento a Bush. ¿Dónde ir, dónde pasar la primera noche en la condición vitalicia de ex presidente? Clinton, según su portavoz, probablemente empezará por Chappaqua, su hogar neoyorquino. Bien entrada la madrugada, seguirá de palique. Pensando, sin duda, en el futuro.

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