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Tribuna:

Farsa

El segundo acto de la farsa está convocado para esta mañana. Y todo parece indicar que continuará de acuerdo con el guión previsto inicialmente, cuando era todo lo contrario a una pantomima, cuando se trataba de una cosa seria, como, al menos en teoría, corresponde a toda iniciativa parlamentaria. En las Cortes Valencianas se reúne hoy de nuevo la comisión de investigación creada para esclarecer la actuación de la Generalitat en el brote de legionella de Alcoy y determinar posibles responsabilidades. Y, como el primer día, se reunirá sin el concurso de los grupos de la oposición, que solicitaron su creación pero que decidieron abandonarla al comprobar que el partido que sustenta al Consell no tenía la más mínima intención de cumplir la palabra de su presidente, quien, quizá marcándose un farol, prometió una comisión de investigación "hasta sus últimas consecuencias". Lo curioso del asunto es que el PP ha arremetido contra la oposición por abandonar, pero no se ha parado ni un momento a pensar qué sentido tiene una comisión de investigación sin el concurso de la oposición. El PP parece considerar del todo normal que en un órgano de estas características, que tiene por objeto investigar la actuación del Ejecutivo, participe sólo el partido que le da sustento, que inicie sus trabajos sin la oportuna documentación previa -ésta llegó una vez iniciadas las comparecencias-, que entre éstas últimas no se incluyan las de responsables políticos directamente implicados en el asunto que se investiga, y que la investigación se despache en unos días cuando el reglamento establece una duración de hasta tres meses. Después de 15 meses de brote, con cerca de 150 afectados y siete víctimas mortales, el PP opta por una farsa a mayor gloria del Consell, que en estas circunstancias difícilmente se verá comprometido por los resultados de esta peculiar comisión en la que el PP investiga al PP con el arbitraje del PP. Imagínense que esto pasa en Zimbabue. A estas horas los preclaros estrategas de Presidencia y del PP deben de estar más que arrepentidos de haber entrado al trapo: les habría resultado más barato negarse de entrada a crear la comisión. Ahora no pueden desdecirse, y la farsa continúa. La arrogancia tiene un precio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de diciembre de 2000