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LA OFENSIVA TERRORISTA

Los socialistas exigen el diálogo entre los Gobiernos central y vasco para alcanzar la paz

Zapatero pide, tras el asesinato de Lluch, un punto de encuentro entre quienes se sitúan en los extremos

Barcelona
Socialista, independiente, intelectual, ministro del primer Gobierno del PSOE, profesor universitario, defensor del entendimiento con el PNV para hacer frente a ETA. Estos rasgos fueron glosados ayer por cuantos conocían a Ernest Lluch, la última víctima de ETA, y apuntados también como perverso argumento de la banda para acabar con él a tiros. Por ello, el Ejecutivo se ha comprometido a reforzar la seguridad de los socialistas que trabajan por un acercamiento al PNV. La familia socialista, conmocionada, defendió la "obligación política y moral" de afrontar el terrorismo por la doble vía del diálogo y la eficacia policial, mientras los ciudadanos se volcaban en Barcelona -lo volverán a hacer hoy- para clamar contra ETA.

Abatidos, profundamente conmovidos, los socialistas no renunciaron ayer a dar un sentido político a sus expresiones de dolor por el asesinato de Ernest Lluch a manos de pistoleros de ETA. Lo hicieron exigiendo la recomposición de la unidad de los demócratas y proclamando que los Gobiernos de España y de Euskadi tienen "la obligación política y moral" de afrontar el problema del terrorismo "por los caminos del diálogo y a través de la máxima eficacia policial". La respuesta, negativa, les llegó ayer mismo por boca del ministro del Interior, Jaime Mayor. No hay que olvidar, dijo el ministro, que al mismo tiempo que una ofensiva terrorista hay otra política, "cuyo objetivo es la secesión".El diálogo y la unidad de los demócratas eran las peticiones formuladas por la mañana, a primera hora, por la dirección del PSC. Pero fueron también el sentido de las palabras pronunciadas por Pasqual Maragall, Felipe Gonzaléz y Jósé Luis Rodríguez Zapatero en un emotivo homenaje a Lluch celebrado por la tarde en la sede central del PSC en Barcelona, al que asistían centenares de personas. Zapatero reclamó allí "la recuperación de un clima de profundo consenso" como el que hace 25 años hizo posible la transición. Basado, dijo, en la confianza, la sinceridad, la nobleza y la generosidad con que Lluch se esforzó en promover la paz en el País Vasco. En alusión al PP y al PNV, Zapatero pidió que quienes "se sitúan en los extremos" busquen "el punto de encuentro" necesario para alcanzar la paz.

Sin pacto político

González intervino para explicar que la lucha por la erradicación del terrorismo es como "una tela que se va tejiendo pacientemente". Está hecha, dijo, de compromisos y de pactos, de colaboraciones y esfuerzos para aislar a los violentos. "En los últimos años", lamentó el ex presidente, "algunos se han dedicado a arrancar jirones de esa tela". Y el resultado ha sido, agregó, que "se ha roto la parte de ese dibujo que era política y que se basaba en una trabajosa confianza entre responsables políticos de una y otra ideología". Hizo un balance nada halagüeño: No hay "pacto político" en la lucha contra el terrorismo y se ha perdido "capacidad de acción".También Maragall insistió que en que "algo tiene que empezar a cambiar". El líder de los socialistas catalanes pidió que "España tome nota de nuestro dolor y de nuestra determinación", dijo, "de construir con todos los pueblos de España un proyecto conjunto como el que Ernest Lluch quería".

El homenaje se celebraba en una sala abarrotada por militantes socialistas y numerosas representaciones institucionales y políticas. Entre ellos se contaban el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol; las ministras Celia Villalobos y Anna Birulés; el lehendakari, Juan José Ibarretxe; los presidentes de Aragón, Marcelino Iglesias, y Baleares, Francesc Antich; de Asturias, Vicente Álvarez Areces; numerosos exministros socialistas y los líderes de todos los partidos catalanes. También asistían el secretario general del PP, Javier Arenas, el coordinador de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, y los secretarios generales de CC OO y de UGT, José María Fidalgo y Cándido Méndez, respectivamente.

Una gran fotografía de Lluch presidía la sala. En el vestíbulo había 25 grandes coronas de flores. La mayoría habían sido remitidas por agrupaciones socialistas.

Centenares de personas que no pudieron entrar en la sala escucharon los parlamentos desde la calle, en la que se instalaron altavoces. Entretanto, muchos hacían una larga cola para firmar en los libros de condolencia. La emoción y el calor se cobraron algunos desmayos.

Uno de los momentos más intensos llegó cuando el ex presidente del PSC Joan Reventós afirmó, muy emocionado, que además de otras cosas "el socialismo es un sentimiento". Y que ese sentimiento refuerza la capacidad humana de sentir como propio el dolor de los demás. El asesinato de Lluch, aseguró, "nos ayudará a mantenernos fieles a los ideales socialistas".

A media tarde, Jaime Mayor acudió también a la sede socialista, en la calle de Nicaragua, convertida en el epicentro de las condolencias, ante la inexistencia de una capilla ardiente que no se instaló por deseo expreso de la familia de Lluch. Mayor mantuvo allí una reunión de más de una hora con Maragall y Narcís Serra, de cuyo contenido no trascendió nada. Pero el ministro ya había sido explícito en una comparecencia celebrada por la mañana en la Delegación del Gobierno, poco después de conocerse la declaración política del PSC reclamando unidad y diálogo.

Tras dar el pésame a "la familia socialista" y a la de Ernest Lluch, el ministro evitó descalificar de manera contundente la demanda de los socialistas, que Maragall había leído con solemnidad acompañado por el secretario de organización del PSOE, José Blanco, y el primer secretario del PSC, José Montilla. "No podemos olvidar", afirmó Mayor, "que existe una ofensiva terrorista simultánea a una ofensiva política para avanzar en lo que significaría, abandonando la autonomía, alcanzar otra cosa distinta que es el derecho de autodeterminación o el derecho de secesión, llamémosle como queramos".

El ministro reiteró que los "puntos de encuentro" en los que el PP está dispuesto a coincidir con otras formaciones que los defiendan son "el Estatuto y la Constitución, que ha unido a la sociedad española en estos años". La línea a seguir es la que emprendieron el pasado lunes representantes de Interior de los Gobiernos central y vasco, "que estuvieron reunidos todo el día para afianzar una serie de medidas indispensables en esta etapa de ofensiva terrorista", dijo.

Aznar irá a la manifestación

El dolor se había trasladado de lleno a Barcelona. De hecho, no hicieron falta muchas palabras para que, en Madrid, los miembros de la Junta de Portavoces del Congreso de los Diputados acordaran suspender del orden del día las preguntas de control al Gobierno y las comparecencias de ministros para rendir cuentas a la oposición por diversos asuntos. Tampoco las habrá hoy.Muchos socialistas que tenían que interpelar al Gobierno se trasladarán a Barcelona para acudir a la manifestación cívica contra ETA. Entre ellos, Rodríguez Zapatero, quien a primera hora de la mañana recibió una llamada de condolencia del presidente del Gobierno, José María Aznar. La Moncloa anunció que el presidente del Gobierno también asistirá a la concentración.

La solidaridad también llegó desde el País Vasco, donde el Parlamento de Vitoria aprobaba ayer una declaración de condena contra un asesinato "que sólo puede calificarse como acto cruel, inhumano y brutal. Un crimen que revela una ausencia de valores éticos y morales que repugna a la inmensa mayoría de los ciudadanos". El texto define a Lluch como "un hombre de enorme talla intelectual y política, comprometido con la tolerancia y el diálogo, y profundo conocedor y amante del País Vasco y de sus gentes".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de noviembre de 2000