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Sitges exhibe en su recta final 'Memento', un apasionante filme sobre la memoria

Acaba el festival con incógnitas sobre un palmarés sin claro favorito

Hubo que esperar hasta el último día de proyecciones regulares -el de hoy se reserva a los premios y a la película que clausurará, esta noche, la 33ª edición del festival de Sitges, Sabotage!!, de los hermanos Esteban y José Miguel Ibarretxe- para descubrir, al fin, un gran título virtualmente desconocido. Se trata de Memento, segundo filme del británico Christopher Nolan, una producción estadounidense, y lo menos que se puede decir de ella, por comparación, es que está a años luz de lo que aquí se ha visto.

Peripecia construida por entero alrededor de un personaje que, a resultas de un incidente criminal, ha perdido la memoria reciente, aunque conserva la anterior, Memento -que se exhibió en la sección no competitiva Gran Angular- es, al tiempo que una modélica construcción formal en la que el tiempo se diría casi una dimensión líquida, en la que la trama se desliza con un desorden que sólo al final adquirirá coherencia, también un deslumbrante discurso sobre la memoria y su conservación. O si se prefiere, de las trampas que cada uno se construye, recuerdos incluidos, para seguir viviendo.Nolan partió para escribir el prodigioso guión que sirve de base a su película de un relato de su hermano Jonathan, de endiablada complejidad, que él convierte en un inteligente discurso sobre una venganza, la que un agente de seguros intenta realizar contra quien él cree que ha matado a su esposa tras violarla. Nolan establece dos texturas de imagen diferente, el blanco y negro para un presente que es tan provisional como el resto, y el color para mostrar los progresos que el inestable héroe va realizando en su investigación.

Los jurados deberán otorgar hoy los premios con una selección carente de propuestas interesantes. La más merecedora de mención es American psycho, la inteligente adaptación de Mary Harron. También puede tener alguna posibilidad la británica Hotel Splendid, una película de sorprendente madurez formal, aunque innecesariamente estirada en su anécdota. Tampoco conviene olvidar a La sombra del vampiro, no tanto porque la película lo merezca como porque Sitges nos tiene acostumbrados a palmarés con fuerte regusto a componenda. Y a buen seguro que la modesta, discreta y nada sensacionalista biografía del más famoso asesino en serie norteamericano, Ed Gein, no se irá de vacío: con permiso de Christian Bale (American psycho), su protagonista, Steve Railsback, ha hecho méritos suficientes para obtener el premio al mejor actor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de octubre de 2000