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Tribuna:LA OFENSIVA TERRORISTA

A la busca de destinatario

El derecho de manifestación descansa en un presupuesto que no se menciona en ninguna de las constituciones que lo reconocen, pero que es el que le da sentido: el destinatario del ejercicio del derecho.El derecho se ejerce con la finalidad de crear un clima de opinión favorable a los manifestantes y sus reivindicaciones y conseguir de esta manera una respuesta de quien tiene autoridad para darla. Los mineros del Bierzo que hicieron la marcha a pie a Madrid con la finalidad de que no se cerrara la mina en la que trabajaban, sabían que el destinatario de su acción era el Gobierno. Los agricultores, pescadores y transportistas que estos días están haciendo tractoradas, o impidiendo el acceso de los buques a los puertos o acordonando refinerías, para conseguir una rebaja del precio del gasóleo, también saben quién es el destinatario del ejercicio de su derecho.

La existencia de un poder público no sólo con legitimidad de origen sino también con legitimidad de ejercicio es el presupuesto no escrito del ejercicio del derecho de manifestación. La manifestación es el instrumento para conseguir que los poderes públicos, estatales, autonómicos o municipales, adopten determinadas decisiones que no han adoptado motu propio o que se resisten a adoptar. El destinatario que tiene autoridad para dar respuesta al problema que los manifestantes exteriorizan, es lo que da sentido al ejercicio del derecho. Los agricultores que se han reunido con el ministro Arias Cañete, tras las primeras manifestaciones, están reconociendo de iure y de facto al Ministro como la autoridad que es. Esta es la razón por la que el ejercicio del derecho de manifestación, aunque parezca formalmente un desafío a la autoridad constituida, es materialmente un elemento de reafirmación de su legitimidad.

El destinatario es, pues, lo que le da sentido al derecho de manifestación. Una manifestación sin destinatario es literalmente un sinsentido. La manifestación se hace porque los manifestantes reconocen que hay una autoridad que puede dar respuesta a sus demandas.

Cuando falta el destinatario y, a pesar de ello, los ciudadanos consideramos que tenemos que ejercer el derecho de manifestación, como vamos a hacer mañana en San Sebastián, es que nos encontramos ante una grave quiebra de nuestro sistema político. La manifestación de mañana es expresión clara del déficit de legitimidad, en parte de origen pero, sin lugar a dudas, de ejercicio de la autoridad constituida en el País Vasco, que es una causa de perturbación de la convivencia no menor que el terrorismo . La inseguridad en la convivencia no proviene sólo de ETA, sino de la combinación del terrorismo con la falta de legitimidad, sobre todo de ejercicio, del Gobierno vasco, que está abdicando de su condición de tal.

Pero es también expresión clara de que tampoco existe una respuesta por parte del Estado al problema de la ruptura de la convivencia en el País Vasco. El déficit de legitimidad del Gobierno vasco, al no ser compensado por el Gobierno de la nación, se está convirtiendo en un vacío de legitimidad. De ahí la angustia con que se vive la situación.

Esto es lo que la manifestación de mañana quiere hacer visible. De la misma manera que los personajes de Pirandello iban a la busca de un autor, nosotros vamos a la busca de un destinatario. Hacemos la manifestación porque el destinatario no existe y entendemos que es imprescindible que exista, porque entendemos que no se puede seguir con la desunión actual de los partidos democráticos frente a ETA. Por eso la manifestación tiene más de cumplimiento de un deber ciudadano que de ejercicio de un derecho. Supone la defensa del marco institucional de nuestra convivencia y la exigencia a los partidos democráticos de que estén a la altura de lo que las circunstancias exigen de ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de septiembre de 2000