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FERIA DE SALAMANCA

Orejas de revolcón

Rui Bento Vasques dijo adiós a los toros en España, justamente en la plaza que más significación tiene sentimentalmente para él. Pero los sueños de salir a hombros y pasar junto a la estatua de El Viti no se realizaron. No le acompañó el ánimo, la significación de la tarde se le vino encima y tampoco los toros ayudaron. Con su primero, noble y blando, no se acopló a pesar de que comenzó el trasteo con seguridad. En su segundo apenas iniciado el capoteo, pisó un hoyo y cayó en la cara del toro, que se limitó a mirarle. Probablemente este percance desató sus nervios porque en la faena, que brindó tímidamente a la plaza, se desconfió y cogió la espada muy pronto.El primer toro de rejoneo se lastimó una mano y Hermoso de Mendoza tuvo que abreviar. Su segundo se calentó en el tercer rejón y con Cagancho consiguió el brillo que todos esperaban sin sobrepasar el límite de lo discreto.

Barcial / Bento, López, Calle; Hermoso

Seis toros de Barcial, bien presentados, mansos. Y dos para rejoneo, uno del mencionado hierro, otro de Loreto Charro.Rui Bento: estocada desprendida (aplausos y saludos); media costillera (división y saluda). López Chaves: estocada y descabello (oreja); estocada delantera perpendicular (vuelta). Álvaro de la Calle: estocada baja (oreja); estocada (silencio). El rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza: rejón pasado (silencio); dos rejones pasados y descabello (aplausos y saludos). Plaza de la Glorieta, 21 de septiembre. 9ª y última corrida de feria. Casi lleno.

Ya se sabe que los revolcones, sobre todo en plazas propensas al dispendio de trofeos, dan un resultado de miedo. Tal fue el caso de López Chaves y Álvaro de la Calle. El primero se salvó de una buena y por suerte todo quedó en la taleguilla rota. El segundo, ni siquiera eso.

López Chaves estuvo valentón con su primero. Apenas iniciada la faena resultó prendido. Un peón le ofreció la espada y la rechazó, cosa que también llega mucho a los tendidos y todo junto se materializó en la oreja. En el segundo se redujo a correr tras el toro.

Decoroso y rematando hacia afuera anduvo Álvaro de la Calle con su primero. Cuando se adornaba tocándole un pitón, el toro se le vino encima. No pasó nada. Pero estas cosas suelen resultar beneficiosas y así fue: oreja. En el sexto estuvo inseguro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de septiembre de 2000