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Reportaje:ESTAMPAS Y POSTALES

Debajo del puente

Existen muchas imágenes que pueden representar a Alcoy, pero ninguna llega a constituir un logotipo tan afín como el puente de Sant Jordi. Alcoy es una ciudad ensartada de puentes, aunque el de Sant Jordi es el más determinante. Este puente modernista quebró el aspecto medieval de la ciudad y propició su ensanche al unir las márgenes del río Barxell. El viaducto figuraba ya en el proyecto de ensanche de Alcoy de 1876, sin embargo el proyecto definitivo, realizado por la firma Erroz y San Martín de Pamplona, no se encargaría hasta el verano de 1923. Lo proyectaron los ingenieros de caminos Vicente Redón y Carmelo Monzón, junto al arquitecto Víctor Cune.Se trataba de un puente de hormigón armado, con pilas de sillería y mampostería, y cuatro apoyos principales, tres grandes arcos dobles bajo el tablero y la balaustrada decorada, cuya longitud alcanzaba los 156 metros, un ancho de 12 metros y una altura máxima de 42. Y era una de las obras más notables de la ingeniería de los principios del hormigón armado. En mayo de 1925 se firmó el contrato definitivo, con un presupuesto de 1.336.824 pesetas. Tras seis años de obras, el 26 de marzo de 1931 quedó inaugurado y abierto para su uso.

Desde entonces ha estado ahí, soportando el peso del tráfico rodado, haciendo fácil la comunicación y creando vínculo con Alcoy, además de incorporarse a los avatares de los vecinos y cuajar en los ojos como un emblema. Pero éste era también el mejor homenaje que se le podía tributar al río Barxell, en cuyas orillas se produjo el magnífico movimiento industrial.

Este hilo blando de agua que se ve desde la balaustrada se puso incandescente como un filamento de tungstato en el siglo XVIII. La furia de los saltos de agua había determinado en 1497 la creación de la Casa Social de la Fábrica de Paños, así como la constitución del gremio de tejedores en 1590. En el siglo XVIII Alcoy había dejado de ser agraria y había configurado una burguesía alrededor de la producción de la Real Fábrica de Paños y las industrias papeleras, pero en los fondos de esta actividad también se estaba fraguando un proletariado muy desamparado.

La explosión del maquinismo, simultánea a Inglaterra y Cataluña, acabaría por convertir a los artesanos en obreros con conciencia de clase explotada. En 1873 Bakunin sabía perfectamente dónde estaba Alcoy. La ciudad centralizaba todo el movimiento de la AIT de España, con el maestro Severino Albarracín a la cabeza. Ese verano se producía el primer estallido revolucionario con barricadas, hogueras de petróleo y asaltos al Ayuntamiento. Como consecuencia, el alcalde fue cosido a tiros, las tropas del general Velarde tomaron la ciudad y dos centenares de obreros fueron encarcelados. Luego vendrían las colectivizaciones. Debajo del puente todavía crepita esta furia social.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de agosto de 2000