Los gitanos denuncian su persecución en Kosovo
En Kosovo no quedan más que 50.000 de los 150.000 gitanos que vivían antes de la guerra. El resto, los que huyeron, se encuentran en un callejón sin salida. No pueden establecerse de forma legal en los países de la Unión Europea porque no les conceden asilo político ni permiso de inmigración. Tampoco pueden regresar a sus hogares: sus viviendas fueron y siguen siendo incendiadas.
Cada semana algún romaní es víctima de agresiones racistas y son pésimas las perspectivas de incorporarse al mundo laboral o de brindar a los hijos una educación normal. En Praga, el Consejo Mundial Romaní busca en estos días una estrategia para conseguir que Europa tome al menos nota de la tragedia de este éxodo. "El verdadero genocidio de Kosovo fue a fin de cuentas contra el pueblo romaní", dijo Hadji Zylfi Mergja, representante gitano en el consejo interino de Kosovo. "La guerra no se acabó todavía en Kosovo porque los albaneses piden revancha", añade.
Yalfi Mergja, de 65 años, es el patriarca de los romaníes de Priszen, de religión musulmana. "Para convencer a los albaneses de que no habíamos colaborado con los serbios de Milosevic les tuvimos que recordar que somos musulmanes al igual que ellos, que fuimos neutrales en el conflicto y además les demostramos nuestra amistad ayudándoles a construir sus casas destruidas", dice Mergja.
En muchas otras localidades los gitanos viven en perpetuo pánico, afirma Stephan Müller, de la misión en Kosovo de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa. No se atreven siquiera a salir a la calle, donde corren verdadero peligro de ser atacados o a veces asesinados. "Por puro racismo", dice Müller. "Cualquiera que tenga la piel oscura está en peligro", constató Mozes Heinschink, de la organización romaní de Viena, tras su viaje a Kosovo.
Fueron extinguidas comunidades gitanas enteras de lugares donde vivían desde hacía siglos. Según Heinschink, ningún romaní se atreve hoy a entrar en Pristina, donde antes vivían 10.000 gitanos.
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