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Materia prima para la construcción de bombas atómicas

A falta de un compromiso concreto sobre el tema clave -el escudo antimisiles de que Estados Unidos pretende dotarse-, la cumbre de Moscú permitió al menos alcanzar, tras dos años de negociaciones, un acuerdo que permitirá la inutilización o reconversión para usos pacíficos de 34 toneladas de plutonio por parte de cada una de las dos superpotencias nucleares. Se trata de unas reservas con las que, según Sandy Berger, consejero de Seguridad Nacional norteamericano, se podrían fabricar miles de armas atómicas. En realidad, Clinton y Putin sólo ultimaron el compromiso, pero lo que queda, la firma definitiva, es puro trámite. El vicepresidente de EE UU, Al Gore, y el primer ministro ruso, Mijaíl Kasiánov, lo cumplirán en breve.

Aplicar lo convenido ayer será caro: unos 3,5 billones de pesetas en el caso de Rusia y el doble en el de Estados Unidos. Y complejo, además de lento: unos 20 años. Pero pone de manifiesto que en el terreno del desarme, y a pesar de la disputa sobre el futuro del ABM, hay todavía un gran espacio para la convergencia.

Ya en 1998, en otra cumbre celebrada en Moscú, hubo un acuerdo de principio sobre el plutonio nuclear entre Borís Yeltsin y Bill Clinton, quien ahora cierra el trato con Putin. En virtud del mismo, Estados Unidos prestará asistencia técnica y económica para construir instalaciones en las que el plutonio de uso militar pueda ser inutilizado y enterrado como basura nuclear o utilizado en reactores de centrales de producción de energía. Algunos de éstos tendrán que adaptarse, ya que actualmente emplean combustible a base de uranio. Ambas partes se comprometen a que el plutonio retirado de la circulación nunca sea reutilizado para fines militares.

La precaria situación económica del país impide que Rusia pueda pagar por sí sola la factura, que supone aproximadamente el 10% del presupuesto anual del Estado. Estados Unidos pagará una buena parte, y buscará fondos adicionales, especialmente en la próxima cumbre del Grupo de los Ocho, que se celebrará en julio en la isla japonesa de Okinawa. Como cabía esperar, el acuerdo establece mecanismos de inspección para garantizar que el plutonio nunca será utilizado para fabricar armas nucleares, así como que no será exportado.

Washington participa ya en numerosos programas para reconversión a usos civiles de la antigua industria nuclear rusa, lo que ha transformado la vida en muchas de las ciudades secretas que, en tiempos soviéticos, ni siquiera figuraban en los mapas. Fondos norteamericanos contribuyen también a mejorar las condiciones de almacenamiento y uso del uranio enriquecido, así como a conjurar el peligro de vertidos atómicos procedentes de los reactores de la obsoleta flota de submarinos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de junio de 2000