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FERIA DE CÓRDOBA Triunfo de José Tomás

El toreo de José Tomás puso la plaza boca abajo. Lo hizo en el segundo de la tarde, con un animal anovillado y flojo como el resto de la corrida. Aparte de esta importante circunstancia, Tomás provocó el delirio en los tendidos y transmitió emoción con cada pase, sobre todo con la izquierda.Una primera muestra de su torería la puso de manifiesto cuando hizo un quite por gaoneras al primer toro de Joselito. Fueron tres muy ceñidas, muy serias. Lo demás vino con su primer animal, protestado de salida por chico y blando. Esa faena la inició con pases por alto y tandas de tres derechazos en el centro del redondel rematados con los de pecho de bella ejecución.

Y vino lo mejor. El torero se echó la muleta a la izquierda, se colocó en el sitio y en el terreno que sólo pisan los grandes toreros y ciñó naturales largos y profundos rematados atrás, llevando siempre muy toreada a la res y dándole la distancia precisa, la que necesitaba su enemigo. Construyó esta parte de su labor sin dudar, sin rectificar un movimiento; parecía un poste clavado en la arena, siempre bien colocado.

Núñez / Joselito, Tomás, Morante Toros de Joaquín Núñez: anovillados, flojos; 3º y 4º, inválidos

Joselito: saludos y silencio. José Tomás: dos orejas; petición minoritaria y saludos; salió a hombros. Morante de la Puebla: silencio y oreja. Plaza de Los Califas, 26 de mayo. 7ª corrida de abono. Cerca del lleno.

Mató de estocada, y el presidente, visto lo sucedido el día anterior cuando se le regalaron dos orejas a El Juli, sólo concedía una a Tomás, pero la presión de la bronca de los espectadores le hizo cambiar de parecer y sacó de nuevo el pañuelo que le concedía la segunda oreja cuando el toro estaba siendo ya arrastrado al desolladero.

No encontró Tomás el mismo tipo de animal en el quinto, mansurrón y que se rajó. Aun así, volvió a templar su faena con la izquierda con naturales muy profundos.

Hubo petición minoritaria (el público pide las orejas gritando al presidente y no saca los pañuelos, como está mandado) y por lo tanto no hubo trofeo.

Bronca importante se llevó el presidente por ello, pero nada tuvo que ver con otras dos más atronadoras que oyó cuando se resistió a devolver al tercero y cuarto de la tarde, que presentaban invalidez manifiesta.

El primero de ellos le correspondió a Morante de la Puebla, que reaparecía después de su cogida en la Feria de Sevilla. Con éste, el torero sevillano no pudo hacer nada. Con el sexto, el toro más largo de la corrida, Morante tuvo un inicio muy acelerado en los derechazos, hasta que poco a poco fue templando los muletazos. Con la izquierda se probó, ayudándose con la espada, mas como comprobó que el toro echaba la cara arriba y le ponía en peligro, desistió al primer intento.

El primer toro, que correspondía a Joselito, dejó de embestir muy pronto y las pocas veces que lo hizo fue para tragarse los muletazos uno a uno. Al torearlo con la izquierda, el toro se quedaba corto poniendo al diestro en situaciones comprometidas. En el cuarto, Joselito tuvo enfrente a un animal sin fuerza que tiraba tarascadas. Desistió pronto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de mayo de 2000