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FIESTAS DE TALAVERA

La van a repetir

Tras el arrastre del último toro, aún seguía el público en pie, sin ninguna gana de marcharse. Paseaba José Tomás el trofeo obtenido, se preparaban los costaleros para llevarse a la calle a los tres espadas y al mayoral y nadie quería irse. Parecía que esperaban que todo lo que habían visto se repitiera. Y un portavoz de la empresa, a través de la megafonía, anunció con voz clara y alegre que la corrida se iba a repetir, con el mismo cartel de toros y toreros, el próximo 22 de septiembre, fecha en la que Talavera celebra su feria. Corrida de tanta impresión, corrida de repetición.A que el festejo haya alcanzado el mérito de ser repetido, para ver si vuelve a sonar la flauta, contribuyeron el excelente juego de los toros y la buena labor de los toreros, que supieron aprovechar la casta y la bravura de las reses para hacerles todo lo que saben y pueden. Joselito, Ponce y Tomás son toreros de muy diferentes maneras y estilos, y no cabe duda de que en esta corrida han dado todo lo que tienen.

Zalduendo / Joselito, Ponce, Tomás Toros de Zalduendo, de presencia desigual; tres primeros anovillados; resto, con más trapío

Todos bravos y encastados. Al 5º se le dio la vuelta al ruedo. Joselito: dos pinchazos y estocada corta. Le perdonaron un aviso (aplausos y también pitos al saludar); estocada (dos orejas). Enrique Ponce: media estocada, rueda de peones y cinco descabellos (ovación y salida al tercio); estocada caída (dos orejas y rabo). José Tomás: estocada tendida (oreja); dos pinchazos y estocada (oreja). Los tres espadas y el mayoral salieron a hombros por la puerta grande. Se guardço un minuto de silencio por la muerte de Joselito hace 80 años. Plaza de Talavera, 16 de mayo. 3ª y última corrida de las fiestas patronales. Lleno.

Fue el primer toro de la tarde un anovillado ejemplar y enseguida vio Joselito la bondad de su embestida. Lo toreó bien de capa, incluido el quite por chicuelinas y tafalleras. Metió al toro en la faena con buenos pases con la derecha y no tan buenos con la izquierda. Pronto se le quedó corto el torete y aquello empezó a perder fuste. Calentó de nuevo al público con un abaniqueo.El cuarto tuvo más presencia y, tras una única varita, entró Joselito al quite con unas vistosas crinolinas, que también podrían llamarse gallosinas, pues José Luis Galloso también las bordaba. A este burel lo toreó el madrileño muy bien por el pitón derecho, por el que llegó a conseguir algunos muletazos perfectos de temple, mando y recorrido. Al pasar al toreo con la zurda, el toro se le quedó corto y se revolvió, lo que hizo que Joselito tuviera que darse unas carreritas sin rematar bien los pases. El torero sabía, mejor que nosotros, que el pitón bueno era el derecho y terminó la faena haciéndole pasar por ese lado y olvidándose del otro. Acabó con un volapié impecable.

El mejor toro de la tarde fue el quinto, para hacer honor al tópico. Cayó en manos de Enrique Ponce, que le hizo una faena muy entonada, sin forzar ni castigar, pero sí procurando crear estética y plasticidad. Toreó a placer con la mano izquierda, en una tanda muy hilvanada, en la que los naturales y el de pecho se sucedieron en perfecta ligazón. El toro fue incansable y repetidor en su embestida y el valenciano se hartó de torear y de empalmar muletazos, por alto y por bajo, al final de la faena. Incluso llevando el toro todo el acero en las entrañas, Ponce le ligó tres naturales y un pectoral antes de que cayera fulminado.

Antes, con el segundo, vimos a un Enrique Ponce pinturero y acelerado, con una plástica muy lineal, un toreo chapucero con la mano izquierda y un corre que te corre entre pase y pase que levantó una polvareda. Pero cuando Ponce anda así, le sigue gustando al público tanto como cuando se para, liga y torea. Son misterios insondables.

A José Tomás le correspondieron los peores toros. El tercero tardeaba, escarbaba y flojeaba. Tomás no se acopló con él. Y al sexto se lo inventó. Esto se ha dicho muchas veces. Pero es verdad. A un toro muy flojo, que se quedaba a mitad del pase, le arrancó muletazos largos, templados y lentísimos. Sólo por ver eso otra vez, la van a repetir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de mayo de 2000