El Papa pide perdón al pueblo judío en nombre de "aquellos que le han causado sufrimiento"

, ENVIADA ESPECIAL El Papa Juan Pablo II concluyó ayer en Jerusalén su viaje de seis días a Oriente Próximo con una visita a los tres lugares santos por excelencia de las tres grandes religiones monoteístas. Pisó brevemente la explanada de la mezquita de Al Aksa, el Muro de las Lamentaciones y celebró misa en la iglesia del Santo Sepulcro. El momento culminante de la jornada fue la visita al Muro, lugar sagrado del judaísmo, donde el Papa depositó la plegaria, leída el 12 de marzo, con la que la iglesia pedía perdón al pueblo judío. Juan Pablo II, conversó brevemente con el Muftí, (máximo líder musulmán) de Jerusalén.

El avión del Pontífice aterrizaba en Roma cerca de las once de la noche donde el Papa fue recibido por el primer ministro italiano, Massimo D'Alema. La visita a Jerusalén se desarrolló sin incidentes, a parte de algunas protestas palestinas cuando el Papa ya se había marchado, y de la detención de un judío ultraortodoxo en la zona del Muro Occidental (o de las Lamentaciones). Fue precisamente la visita al Muro la que ayer selló definitivamente la herida a medio cicatrizar entre la Iglesia católica y el pueblo judío. No sólo por la fuerza de la imagen del Pontífice romano rezando ante el símbolo más poderoso del judaísmo, sino por el mensaje, escrito en inglés, que depositó entre las gruesas piedras de la época de Herodes. En la gran explanada, a pleno sol, ondeaban numerosas banderas de Israel, ninguna del Vaticano. Una coreografía elocuente para subrayar la "israelidad" de una ciudad en la que, como recordaba un experto católico a la agencia Fides, "se habla demasiado de Dios, demasiado poco de los hombres y prácticamente nada de las mujeres".El Papa había escuchado ya al Gran Muftí, Ikrema Sabri, máximo líder espiritual musulmán de Jerusalén, reclamar la ciudad como capital eterna de su pueblo. Sabri desgranó ante el Obispo de Roma la lista de agravios del pueblo árabe, que incluye el derecho de los refugiados de regresar a sus casas. La entrevista entre ambos líderes espirituales duró apenas 15 minutos y se desarrolló en la oficina del Muftí, situada en la explanada del Templo, donde se alzan dos grandes mezquitas, una de ellas, la llamada Cúpula de la Roca, del siglo VII, el monumento árabe más antiguo de la ciudad.

El encuentro de Sabri con el Papa se produjo en un clima de tensión, a raíz de las declaraciones hechas por el Muftí este fin de semana al diario La Repubblica, en las que ponía en duda la cifra oficial de víctimas del Holocausto, seis millones de judíos. "Se sabe que no fueron seis millones, pero Israel utiliza la cifra para obtener compasión en el mundo entero". Ayer, los periódicos israelíes recogían la noticia y recordaban las conexiones con el nazismo del antecesor de Sabri, Hajj Amin Al-Husseini.

El Papa concluyó su peregrinación a Tierra Santa, un viaje cargado de contenido político, con una misa solemne en la iglesia del Santo Sepulcro, situada dentro de los muros del siglo XVI, en la ciudad Vieja. El lugar encierra el recuerdo de la Crucifixión y la sepultura de Jesucristo, en el Gólgota, hace 2000 años. Al margen del programa y pese a la dificultad de la operación, Karol Wojtyla decidió regresar por la tarde al Gólgota. Libre de todo protocolo, Wojtyla permaneció unos 12 minutos en el lugar, donde horas antes se había dirigido a los representantes de las iglesias cristianas en Tierra Santa para pedirles con palabras más suaves de lo que lo hizo el sábado, un esfuerzo mayor para lograr la unidad de los cristianos. "Aquí en el Santo Sepulcro y Gólgota, ¿cómo podemos dudar que el poder del Espíritu de la vida nos dará la fuerza para superar nuestras divisiones y construir un futuro de reconciliación, unidad y paz?", dijo Karol Wojtyla.

Lo único cierto es que el Pontífice, y la diplomacia vaticana, han conseguido algo que parecía imposible, satisfacer al Gobierno de Israel, el gran ganador de esta visita, y a los palestinos, cuyo derecho a una patria independiente reconoció el miércoles pasado en Belén, en presencia del presidente Yasir Arafat.

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