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Luis G. Martín ensalza el lado salvaje del sexo en su nuevo libro 'La muerte de Tadzio' recrea personajes de 'Muerte en Venecia'

Luis G. Martín no ha querido hacer de la turbadora y algo pornográfica novela La muerte de Tadzio (Alfaguara) una segunda Muerte en Venecia. Pero ha copiado a su protagonista como arquetipo de lo que quiere contar (y desmitificar): que el guapo triunfa sobre el feo, la juventud es la plenitud de la vida y el amor acaba privando al sexo de ese lado salvaje "que debe tener".

Luis G. Martín (Madrid, 1962) es un escritor "tímido", según su definición, que, sin embargo, no se priva de arremeter contra algunos tópicos y convencionalismos con voz tranquila, ademanes muy sosegados y puntualizando ampliamente cada afirmación. Eso de que la inteligencia triunfa sobre la belleza, o que la vejez ("el proceso más humillante y cruel que se puede infligir a una criatura") es sinónimo de experiencia y un orgullo que sirve para saber disfrutar más de la ópera o una buena comida, no son más que "patrañas", según dijo ayer este autor, para quien La muerte de Tadzio es su tercera novela. Para desentrañar esos "lugares comunes" en lo que considera su libro más trabajado y en el que ha empleado seis años y muchos borradores, Luis G. Martín se sirve del guapo adolescente Tadzio, que nació de la imaginación de Thomas Mann (le debe a su novela el tono y la visión desgarradora de la existencia) y de la recreación de Luchino Visconti, de cuya película recoge la imaginería.

Truculencia

El autor reconstruye la vida del personaje, algo blando, que mira obsesivamente la belleza, como un voyeur; que no quiere amores, sino sexo y amantes de una sola noche ("con alguien a quien se ama no es posible las aberraciones", cita), y porque el amor acaba "convirtiendo la sexualidad en algo tierno y blando"; que, a medida que envejece, se vuelve absolutamente solitario, porque es un cobarde que no se atreve a enfrentarse con el amor, y porque la distancia entre su vejez y la juventud que busca en otros es cada vez más abismal.

"Es también la historia de un pederasta y homosexual que ama la juventud que el viejo no puede compartir", dice el autor, "porque siempre me han atraído los estragos del paso del tiempo". Un asunto en el que ya hurgó este escritor en sus anteriores libros, Los oscuros (1990) y La dulce ira (1995), y que en La muerte de Tadzio añade las reflexiones sobre el sexo promiscuo, salvaje y morboso; la obsesión por la belleza física, el envejecimiento y la muerte.

Como no podía ser de otra manera, ambienta Luis G. Martín su nueva novela en Venecia, ciudad decadente, angustiosa y "hermosísima" a la vez.

Tadzio llega a esa isla, viejo y enfermo de una dolencia "oscura", para morir. Así, el relato de la novela bascula entre el presente en el protagonista, que conoce al jovencito y algo indecente Gabrielle, del que se enamora, y la evocación de las pasiones dormidas que su amante le hace revivir. "El protagonista se enfrenta a espejos que le hacen ver que toda su vida ha estado marcada por una revelación: que hermoso como era podía, sin hacer nada ni proponérselo, destruir la vida de una persona", declaró este escritor, que reconoce que tiene tendencia hacia lo truculento, lo cutre y lo valleinclanesco.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de marzo de 2000