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Crítica:FLAMENCO - 'GENERACIONES'

Bailando con duendes jerezanos

Esta niña, Paloma Fantova, da tres vueltas y ya la audiencia es un clamoreo. La magia del arte, el misterio de la emoción que se transmite. Es como un chispazo, pero lo que enciende son los corazones.No quiero decir que Paloma fuera quien mejor bailó anoche. Pero bailó con duende. Como sus compañeros mayores. Es el arte de Jerez, el clima que en el escenario saben crear estos gitanos -o no gitanos- de Jerez, el son constante, lo jondo permanente como en un solo jipío de un cante.

Hubo muchos duendes en el baile de anoche en el Albéniz. Y en el cante. Y en el toque. Duende de Jerez. Aunque Milagros Mengibar es sevillana y El Pele cordobés, Antonio El Pipa y los suyos saben impregnar todo el espectáculo de un jerezanismo que se palpa. Todo con una calidad artística realmente excepcional, porque cada uno en lo suyo cumple a la perfección lo que de él se espera: bailan, cantan, tocan las guitarras, hacen la palmas...

VIII Festival Caja de Madrid Generaciones

Baile: Antonio El Pipa, María del Mar Moreno, Paloma Fantova y Milagros Mengiba (colaboración especial). Cante: Juana La del Pipa, Luis Moneo, Manuel Tañe y El Pele (cantaor invitado). Guitarras: Antonio Jero y Pascual de Lorca. Palmas: Luis de la Tota y Joaquín Flores. Teatro Albéniz, 3 de febrero.

Antonio El Pipa ha ideado un espectáculo sencillo, pero emotivo porque su clave flamenca se nos antoja pura, incontaminada. Él no inventa nada en Generaciones, pues todo se apega a las raíces con deleite y derroche de generosidad, pero lo que hace tiene una eminente excelencia que nos hace pensar ya en magisterio. El Pipa es un bailaor que domina todos los recursos y la magia de un arte que es belleza en sí.

Todos sus colaboradores estuvieron a la altura de él y del espectáculo. Su tía Juana Fernández, impagable en los cantes que hace con esa voz suya que parece macerada en aguardiente. El Pele, que tuvo una gran noche derrochando esa forma de cantar suya llena de expresividad, con los ecos caracoleros a punto. Manuel Tañe, otro cantaor que creemos es descubrimiento de El Pipa, muy joven, con voz laína pero sumamente flamenca. Y Luis Moneo, de una familia de solera flamenca, que hace el cante con sobriedad y estilo. Las guitarras de Antonio Jero y Pascual de Lorca hicieron acompañamientos sobresalientes, como en ellos es costumbre, y los palmeros completaron un cuadro que realmente no es frecuente encontrarse en tablaos ni escenarios.

En el baile, junto a Antonio El Pipa, hay que señalar el buen hacer siempre de su pareja habitual, la también jerezana María del Mar Moreno, y la ya citada Paloma Fantova, una niña de siete u ocho años que encandila al público en cuanto aparece en escena y que sino se malogra llegará a ser una grande del baile flamenco. Y las alegrías de Milagros Mengibar, con bata de cola que ella mueve como muy pocas son capaces de hacerlo hoy, con señorío, empaque, y una plástica corporal realmente atractiva.

Fue otra noche redonda, y en el público vimos caras felices a la salida, comentarios entusiasmados y deseos de que todo siga en este tono, que ciertamente es uno de los más elevados que hemos visto en el flamenco en los últimos años. Y un dato para la historia: por primera vez se han vendido el ciento por ciento de las localidades para todas las funciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de febrero de 2000