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El éxito de una temporada deseada

El deseo confesado por los liceístas por volver de nuevo a su añorado Liceo, físicamente el mismo que se quemó y que han reencontrado en una copia aparentemente idéntica, ha convertido la primera temporada artística en un éxito absoluto de taquilla. Tras haber alcanzado el récord de 15.000 abonados y prácticamente con el cartel de no hay localidades colgado en cada una de las cerca de 140 funciones programadas, el teatro ha puesto el nivel muy alto para la próxima temporada, en la que se podrá medir de forma real, y pasada la novedad de la reapertura, la auténtica fidelidad del público.Cinco óperas -Don Carlo, Beatrice di Tenda, Lohengrin, Le nozze di Figaro y Sly- y dos espectáculos de ballet -la Compañía Nacional de Danza y el Ballet del Bolshói- quedan en una temporada con un exceso de recitales y conciertos y que la dirección del teatro presentó como de rodaje para la nueva maquinaria escénica.

Tras la aprobación por parte del público de la ópera inaugural, Turandot, y el éxito artístico y de crítica del estreno en España el pasado noviembre de El caso Makropulos, de Janácek, los liceístas se han mostrado más críticos con los resultados del tercer título de la temporada, Lucia di Lammermoor. En el estreno de esta ópera, el pasado 29 de diciembre, se oyeron algunos silbidos destinados a alguno de los cantantes tanto del reparto principal como del de las funciones a precios populares.

Este es un signo evidente de que, pese al deseo de regresar al Liceo, el público no ha perdido su sentido crítico, y un aviso a la dirección artística de que si esta temporada se acepta como de rodaje, la próxima, que se abrirá en septiembre con el estreno mundial de D. Q., basada en Don Quijote, con música de José Luis Turina y libreto y dirección escénica de La Fura dels Faus, no admitirá excusas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de enero de 2000