Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
INFORMÁTICA

El "efecto 2000" no causa ningún desastre

Los especialistas advierten de que no se debe bajar la guardia a pesar de la euforia

Barcelona
El primer día del año, sometido al anunciado efecto 2000, pasó sin que haya constancia de ningún cataclismo informático en el mundo. La breve antología de incidencias queda reducida a fallos que en ningún caso alteraron los servicios públicos. Los expertos, sin embargo, quieren evitar que una euforia excesiva relaje los mecanismos de control antes de tiempo y advierten de que hasta que no termine la semana no se podrá empezar a estar tranquilos. En España se detectaron problemas menores en dos centrales nucleares, en alguna gasolinera y en el sistema de recogida de datos de tráfico. En lo que todo el mundo está de acuerdo es en que las precauciones no han sido vanas.Los especialistas advierten de que no se debe bajar la guardia a pesar de la euforia

"Como pueden ver, las luces están encendidas en Moscú. El efecto 2000 no esun problema", declaraba el coronel ruso Sergey Kaplin pocos minutos después de que sonaran las campanadas en la plaza Roja moscovita. Tan o más animado estaba Denis Chagnon, portavoz de la Organización Internacional de Aviación Civil, en Montreal (Canadá): "¡Hurra! Estoy mirando la pantalla y todos los indicadores están en verde (normalidad en las operaciones)". Más o menos así de contentos y tranquilos estaban ayer todos los responsables de los innumerables centros de control desplegados en el mundo para prevenir cualquier incidencia por culpa del efecto 2000.

Desde que, a mediodía del viernes, Nueva Zelanda, el primer país industrializado que llegaba al 2000, reportó que allí reinaba la más absoluta paz informática, la angustia empezó a decrecer. Ayer por la tarde, 136 de los dos centenares largos de países que deben enviar su informe al Centro Internacional de Cooperación por el Efecto 2000 (www.iy2kcc.org/) habían remitido sus datos. Cada uno debía informar sobre 12 áreas cruciales -desde transportes a alimentos-. Todos los casilleros estaban en verde, salvo uno de Gambia, que había puesto en amarillo el que chequeaba los servicios gubernamentales. Entre los países de los que se carecía de información contrastada estaban Mónaco, Andorra y Liechtenstein.

El resumen de las incidencias es un catálogo de anécdotas. Las más relevantes afectaron a tres centrales nucleares japonesas y ocho norteamericanas, cuyos fallos en algún reloj o sistema de monitorización no obligaron, sin embargo, al corte del suministro. En España, el Gobierno reconoció problemas en las centrales nucleares de Zorita y Garoña, pero que tampoco supusieron repercusiones serias en el servicio. Las centrales nucleares españolas habían acordado reducir el viernes la potencia del suministro al 60%. Ayer volvían a sus niveles habituales. Otro sector que empezaba a relajarse era el sanitario. El Gobierno autorizó ayer al Insalud a reducir la plantilla extraordinaria que había movilizado ante el temor de un caos informático. El Ministerio del Interior apenas reportó algunos problemas en los sistemas que recogen datos sobre el tráfico y en dos gasolineras valencianas. Pero que el efecto 2000 debía controlarse lo demuestra la citación que recibió la semana pasada un trabajador de Murcia que fue requerido por el Juzgado de lo Social número 5 a un acto de conciliación para el 3 de febrero de 1900. Algo similar ha ocurrido en Corea del Sur.

En Estados Unidos, donde se ha producido la literatura más catastrofista sobre el efecto 2000, un portavoz de la Casa Blanca insistió en que la tranquilidad del primer día no debe hacer pensar que el problema no existía, y justificó plenamente los 50 billones de pesetas que el mundo ha invertido para no quedar atrapado por los relojes informáticos de dos dígitos que no sabían reconocer la llegada del año 2000. Ayer por la tarde, varios especialistas saltaron a la palestra para que la euforia de esta primera jornada sin caos no relajara la vigilancia. Un portavoz de Gartner Group recordó que sólo un 10% de los fallos posibles se detectarán en los primeros días del año. Andy Kate, analista de la citada empresa, dijo que no se esperaba un acontecimiento pirotécnico. "Hay que estar alerta sobre la gradual degradación de la eficiencia de los sistemas", señaló.

Un consultor de Ernst Young avisó de que es demasiado pronto para cantar victoria y que el inicio de la jornada laboral y financiera el lunes va a ser clave para confirmar los buenos augurios de este fin de semana. De momento, sin embargo, los indicios también son favorables. Bangladesh abrió ayer su mercado bursátil sin que se detectaran pifias informáticas.

Quienes quisieron mezclar los problemas del efecto 2000 con avisos milenaristas vieron pasar las horas sin que el anunciado cataclismo se produjera. En Israel nadie subió al monte Meguidó, donde se supone que iba a empezar el apocalipsis. Entre los temores no cerrados figuran la activación a corto plazo de virus con fecha de 2000 y la actuación de piratas dolosos. En Gran Bretaña la página de Internet de la compañía de ferrocarriles fue asaltada y tuvo que retirarse un falso aviso de que no habría trenes hasta después de fiestas. En Estados Unidos se investiga lo que parece ser la explosión de una bomba en una torre de electricidad en Illinois.

Un tema que ayer empezó a suscitar las primeras preguntas es la política informativa de muchas autoridades y organizaciones de expertos que lideraron el terror informativo sobre lo que podía suceder y, de momento, no ha sucedido. TOMÀS DELCLÓS Barcelona

"Como pueden ver, las luces están encendidas en Moscú. El efecto 2000 no es

un problema", declaraba el coronel ruso Sergey Kaplin pocos minutos después de que sonaran las campanadas en la plaza Roja moscovita. Tan o más animado estaba Denis Chagnon, portavoz de la Organización Internacional de Aviación Civil, en Montreal (Canadá): "¡Hurra! Estoy mirando la pantalla y todos los indicadores están en verde (normalidad en las operaciones)". Más o menos así de contentos y tranquilos estaban ayer todos los responsables de los innumerables centros de control desplegados en el mundo para prevenir cualquier incidencia por culpa del efecto 2000.

Desde que, a mediodía del viernes, Nueva Zelanda, el primer país industrializado que llegaba al 2000, reportó que allí reinaba la más absoluta paz informática, la angustia empezó a decrecer. Ayer por la tarde, 136 de los dos centenares largos de países que deben enviar su informe al Centro Internacional de Cooperación por el Efecto 2000 (www.iy2kcc.org/) habían remitido sus datos. Cada uno debía informar sobre 12 áreas cruciales -desde transportes a alimentos-. Todos los casilleros estaban en verde, salvo uno de Gambia, que había puesto en amarillo el que chequeaba los servicios gubernamentales. Entre los países de los que se carecía de información contrastada estaban Mónaco, Andorra y Liechtenstein.

El resumen de las incidencias es un catálogo de anécdotas. Las más relevantes afectaron a tres centrales nucleares japonesas y ocho norteamericanas, cuyos fallos en algún reloj o sistema de monitorización no obligaron, sin embargo, al corte del suministro. En España, el Gobierno reconoció problemas en las centrales nucleares de Zorita y Garoña, pero que tampoco supusieron repercusiones serias en el servicio. Las centrales nucleares españolas habían acordado reducir el viernes la potencia del suministro al 60%. Ayer volvían a sus niveles habituales. Otro sector que empezaba a relajarse era el sanitario. El Gobierno autorizó ayer al Insalud a reducir la plantilla extraordinaria que había movilizado ante el temor de un caos informático. El Ministerio del Interior apenas reportó algunos problemas en los sistemas que recogen datos sobre el tráfico y en dos gasolineras valencianas. Pero que el efecto 2000 debía controlarse lo demuestra la citación que recibió la semana pasada un trabajador de Murcia que fue requerido por el Juzgado de lo Social número 5 a un acto de conciliación para el 3 de febrero de 1900. Algo similar ha ocurrido en Corea del Sur.

En Estados Unidos, donde se ha producido la literatura más catastrofista sobre el efecto 2000, un portavoz de la Casa Blanca insistió en que la tranquilidad del primer día no debe hacer pensar que el problema no existía, y justificó plenamente los 50 billones de pesetas que el mundo ha invertido para no quedar atrapado por los relojes informáticos de dos dígitos que no sabían reconocer la llegada del año 2000. Ayer por la tarde, varios especialistas saltaron a la palestra para que la euforia de esta primera jornada sin caos no relajara la vigilancia. Un portavoz de Gartner Group recordó que sólo un 10% de los fallos posibles se detectarán en los primeros días del año. Andy Kate, analista de la citada empresa, dijo que no se esperaba un acontecimiento pirotécnico. "Hay que estar alerta sobre la gradual degradación de la eficiencia de los sistemas", señaló.

Un consultor de Ernst Young avisó de que es demasiado pronto para cantar victoria y que el inicio de la jornada laboral y financiera el lunes va a ser clave para confirmar los buenos augurios de este fin de semana. De momento, sin embargo, los indicios también son favorables. Bangladesh abrió ayer su mercado bursátil sin que se detectaran pifias informáticas.

Quienes quisieron mezclar los problemas del efecto 2000 con avisos milenaristas vieron pasar las horas sin que el anunciado cataclismo se produjera. En Israel nadie subió al monte Meguidó, donde se supone que iba a empezar el apocalipsis. Entre los temores no cerrados figuran la activación a corto plazo de virus con fecha de 2000 y la actuación de piratas dolosos. En Gran Bretaña la página de Internet de la compañía de ferrocarriles fue asaltada y tuvo que retirarse un falso aviso de que no habría trenes hasta después de fiestas. En Estados Unidos se investiga lo que parece ser la explosión de una bomba en una torre de electricidad en Illinois.

Un tema que ayer empezó a suscitar las primeras preguntas es la política informativa de muchas autoridades y organizaciones de expertos que lideraron el terror informativo sobre lo que podía suceder y, de momento, no ha sucedido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de enero de 2000