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Entrevista:

"El teatro no sirve para nada, es prescindible"

Ramón Fontseré se ha convertido en uno de los primeros y grandes actores del teatro español contemporáneo, a pesar de él, que ejercita un buscado anonimato, y a pesar de su grupo, Els Joglars, y su director, Albert Boadella, que por las características de su teatro no dejan espacio para estrellatos actorales. Mientras crítica y público se deshacen en elogios hacia el, Fontseré exhibe, con socarronena, sus dotes interpretativas en Daaah y su postura vital fuera del escenario

Cuando Ramón Fontseré (Torelló, Barcelona, 1956) hacía de Jordi Pujol en Ubú, president improvisaba broncas políticas e incluso, en señal de protesta, pintaba con sus colegas de grupo el asfalto de las carreteras que he van a El Llorá, la gran villa en la que Els Joglars se recogen cuando preparan sus espectáculos. Cuando hizo de Josep Plá en La increíble historia del Dr. Floit y Mr. Plá tenía claro que cuando acabara su etapa en el teatro volvería al campo, del que proviene, e incluso podría retomar el negoció familiar de ganado porcino. Ahora es el universalmente conocido pintor ampurdanés en Daaalí y sus manos hablan, se mueven, se expresan, y sus ojos vivos y escudriñadores se clavan en los del interlocutor. "Hay muchos métodos de trabajo, pero si los actores no ponen algo suyo en el personaje, si no hay una cierta comunión con él, si no le das algo tuyo, es difícil que lo que haces sea creíble y el que se siente en el patio de butacas vea a Dalí". Albert Boadella, responsable de que el actor, que ha trabajado en 11 montajes de Els Joglars, haya protagonizado los últimos cinco, dice de Fontseré: "A Ramón le aburre ha interpretación y la imitación; sólo le divierte la posesión del personaje".

Cuando el actor, al que no se puede considerar ni feo, ni alto, ni rubio, ni todo lo contrario, no está de gira vive en una masía, realmente aislada hasta el punto de que en días puede no verse un semoviente, en las faldas de los Pirineos. Es un tiempo que dedica a leer y pasear, a tumbarse a la bartola bajo el sol y a concentrarse en discernir a qué pájaros pertenecen los sonidos que le llegan. Pero si es época de setas se entrega con fruición a las prácticas micológicas.

"Vivir en una masía es bonito, pero muy duro, y vivir con migo, aún más, porque yo soy la duda permanente, pero ella me aguanta", dice refiriéndose a la actriz Dolors Tuneu, que además es Gala, mujer del autor de El gran masturbador, en Daaalí. "La relación funciona por que, en contra de lo ocurre con otras profesiones, para un actor de mis características, la única manera de tener una pareja es con alguien que sabe los interiores de este oficio, si no sería imposible".

"El teatro no sirve para nada", continúa el actor, en referencia a su oficio; "sería una cosa totalmente prescindible; desgraciadamente, si el fútbol desapareciera, sí pasaría algo; si quitaran la Liga habría motines, guerras, asesinatos". Se desternilla cuando se le pregunta qué se siente haciendo algo que uno cree que no sirve para nada: "Eso me pregunto yo todos los días".

Cuando está de gira, uno de sus pasatiempos favoritos es ir al vestíbulo del hotel y diseccionar con la mirada a la gente que pasa: "Me gusta observar; soy un voyeur, no puedo evitarlo, y si la que pasa por mi lado es una seño rita con un culo impresionante, no puedo hacer nada más que mirarla, aun que mirarla, que esto quizá ya empiece a ser cuestión de viejos verdes".

Su pasión por la duda lo impregna todo. Por dudar; duda hasta de sí mismo: "En estos momentos, no sé muy bien quién soy...; de hecho, estoy como cuando empecé con Els Joglars, hace 16 años; artísticamente, quizá he hecho algo más, pero cuesta mucho aprender algo en esta vida".

El actor, gran aficionado a la cocina de altura, siempre y cuando no sea un quiero y no puedo, está convencido de que ha perdido el tiempo de manera absurda y escandalosa: "Pero la vida es así y no hay nada que hacer". Esa pérdida la centra, sobre todo, en su adolescencia y juventud. Una etapa de su vida a la que llegó después de pasar por un rosario de colegios, en los que hizo el vago todo lo que pudo, motivo por el cual empezó a trabajar pronto en el entorno fa miliar, que, como mínimo, era atípico para que de ahí saliera un actor. Su familia tenía ganado porcino y un helicóptero en el garaje, funcionando, como quien tiene una bicicleta. Su padre es un gran aficionado a la aviación y pilotaba su helicóptero acompañado por su hijo. Fontseré pasó muchas horas con un masovero (encargado de una finca rural), del que heredó un escepticismo positivo y vitalista. Pero el destino no quiso que fuera payés, y menos aún piloto; entre otras cosas, porque es daltónico. Así que después de pasar unos caóticos años, se supone que haciendo teatro en Vic, se presentó, en 1982, a unas pruebas para Els Joglars. Pensó estar un año. De su etapa de juventud dice que sólo recuerda que era un melenudo.

"Si volviera a nacer, m iría a una escuela a que .me enseñaran de todo...baile, verso, acrobacia, todo". Si se le recuerda que es uno de los actores españoles más reconocidos por la crítica y el público responde: "Tengo grandes carencias, no me siento capacitado para hacer cine o televisión, no poseo ese don de la inmediatez, sólo soy un Diesel y me gustaría tener más capacidad de trabajo y de concentración. Me gustaría hablar un castellano de puta madre, como el de Fernán-Gómez o Paco Rabal; me gustaría ser un actor como Pepe Isbert, que era bajito, feo y con una voz peculiar, pero con esos tres elementos hacía virguerías, era un genio... Yo querría ser como él, querría algo que en principio es todo lo contrario de lo que se supone que es mi oficio, porque sólo aspiro a hacer un trabajo discreto y profundo".

. A la hora de hablar de contabilidad y analizar como están los saldos entre él y Els Joglars dice que la cosa está más o menos equilibrada: "Si la gente no sabe quién soy es culpa mía, no del grupo o de Boadella; además, yo no soy vendedor de mí mismo; sólo sé que me encuentro muy a gusto tal como estoy, trabajo muy bajo en una compañía que me viene como anillo al de do". Ello no impide que piense que no va a ser siempre así: "Es evidente que llegará un día en que haré, otra cosa o me cansaré; pero tal y como está eh mercado, y con lo bien acostumbrado que estoy, tendría que valer realmente ha pena para que yo diera el salto fuera de aquí".

Hace tres años decía que, si tenía que abandonar Els Joglars, no le apetecería seguir haciendo teatro en ningún sitio y se volvería ah campo, a dedicarse a ha cría de cerdos. "Lo dije, y tanto entonces como ahora puedo decir lo contrario. No es que cambie de opinión, es que soy muy contradictorio, pero lo cierto es que por mis características me costaría amoldarme a otro sitio, o quizá estaría encantado con los cerdos, y no digamos si lo que pudiera hacer es vivir de las rentas", dice Fontseré, con una sonrisa sardónica que deata que es un hereu (en una familia catalana, varón primogénito que hereda el patrimonio familiar aunque haya más hermanos).

A su personaje, a Dalí, Font seré le ve como un individuo que iba contra todo: "Eso me atrae de él, que tenía un punto de valentía; además tiene algo en común con los actores, que también somos esquizofrénicos. e infantiles. Yo reconozco que cuando era pequeño me podía sumar a las opiniones de que Dalí estaba loco, pero, cada vez que he veía en los No-Dos o la tele, me quedaba fascinado con sus jolgorios y sus números, porque ahora todos hacen cosas raras, pero entonces era sólo él".

Fontseré no persigue hacer algo que no haga nadie: "Sólo persigo mi comodidad y estar bien; me gustaría pasar por esta vida de una manera tranquila y serena, y seguir haciendo una cosa que me gusta, que es hacer teatro y pasando los días tranquilamente".

No tiene iconos en su camerino, como suelen colgar los actores, pero en su habitación de hotel tiene colgado eh discurso de Saramago cuando recibió el Nobel, en eh que habla de que la persona más inteligente que conoció era analfabeta y desconocida. Cuando se he habla de que Boadella, al que admira profundamente, no es precisamente una persona anónima, ya que su personalidad es especialmente brillante y no pasa inadvertida, contesta: "Tiene algo del abuelo de . Saramago; sabe conectar muy bien, tiene una sabiduría y una profundidad que el puñetero transmite muy bien, y si no fuera por él, aún podría ser mucho más brillante, pero, por lo que le conozco, es una persona que se autorreprime".

Integrado en un proyecto teatral que tiene nombre y apellidos —Els Joglars de Boadella—, Fontseré no se siente postergado ni parece importarle que su nombre no haya tenido mayor resonancia: "Si estoy aquí es por gusto; si aparecieran celos o rabia, éstos me impedirían a buscar suerte en solitario; pero si alguna vez lo dejo será por otra cosa...; en cualquier caso, lo cierto es que no me puedo quejar". -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de diciembre de 1999

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