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Europa renuncia a que la ONU apruebe una moratoria sobre la pena de muerte

La Asamblea General de Naciones Unidas dejará para mejor ocasión la discusión y votación sobre la pena de muerte. El grupo de 70 países, incluidos los 15 de la Unión Europea (UE), que promovía un borrador de resolución pidiendo una moratoria internacional en la aplicación de esta pena, acaba de tirar la toalla. El borrador no será sometido a debate en la actual sesión de la Asamblea General.El principal problema al que se han enfrentado los partidarios de que la ONU debatiera este año la pena de muerte han sido las numerosas enmiendas presentadas por países de Asia, Africa y Oriente Próximo exigiendo que el organismo mundial respete las identidades nacionales. Una de esas enmiendas recordaba que la Carta de Naciones Unidas descarta de modo explícito "interferencias" en asuntos de jurisdicción doméstica de sus Estados miembros. Otra reafirmaba que todos los Estados "tienen un derecho inalienable a escoger sus sistemas político, económico, social y cultural".

El borrador que apadrinaba la Unión Europea proclamaba que "la abolición de la pena de muerte contribuye a la mejora de la dignidad humana y al progresivo desarrollo de los derechos humanos". Ese borrador, ahora retirado, pedía a todos los Estados miembros de la Naciones Unidas que todavía aplican la pena capital una reducción en el número y tipo de delitos susceptibles de ese castigo. Y establecía como objetivo aprobar "una moratoria en las ejecuciones, en la perspectiva de abolir por completo la pena de muerte" en el planeta.

Dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas eran señalados de modo indirecto en el abortado proyecto europeo: Estados Unidos y China. Al entusiasmo con que esas dos superpotencias aplican la pena capital se suman también miembros importantes de la comunidad internacional como Irán o Arabia Saudí. Pero, pese a la diferencia de sus estructuras políticas y culturales, esos cuatro países tienen en común la reivindicación del derecho a establecer sus propios modalidades de castigo de la delincuencia.

La ejecución de dos alemanes y la condena a muerte que pesa sobre el español Joaquín José Martínez y otros europeos encarcelados en EEUU han puesto de relieve este año las diferencias de visión entre los dos bloques aliados. El Parlamento Europeo -cuyo pleno pidió ayer la suspensión de la pena impuesta a Martínez- ha condenado la creciente aplicación de la pena capital en EEUU, un país que, además, viola sistemáticamente la convención de Viena sobre asistencia consular a los extranjeros detenidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de noviembre de 1999

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