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Crítica:TEATRO - 'ENTRE BOBOS ANDA EL JUEGO'

El viejo vodevil

Se llamaba entonces comedia de enredo, pero era el vodevil: con sus muchas puertas de donde puede saltar la sorpresa, sus equívocos, sus personajes cambiados. Y la historia de amor. Todos los autores del Siglo de Oro cuando abordan el teatro ligero, el de público, el comercial, dejan ver que la rigidez de las costumbres y los castigos del honor burlado tenían muchos resquicios. Sobre todo, ninguno deja de advertir que hay que dejar a la gente que elija sus parejas: eran intelectuales críticos. Esta campaña siguió siglo tras siglo, hasta el nuestro, y hoy ya no es menester. En esta obra, Don Lucas del Cigarral es rico, grosero. Un "figurón", en el lenguaje teatral. A él se le va a entregar la doncelluca, que, sin embargo, ama a un joven y arrojado doncel que le salvó la vida en el vergel del Manzanares. Rojas Zorrilla compone el viejo molde sin ningún escrúpulo, y Gerardo Malla llena el escenario de proyecciones, acude al cómic para explicar lances, y a las sombras silueteadas por la luz; y los actores trabajan con su entusiasmo natural, y todo funciona como es debido. No mas allá. Quizá no haya nunca más allá con este tipo de obras. El hecho de que sean antiguas, y su verso tenga tersura, y su construcción minuciosa, no debe inclinarnos a creer en su condición de monumento nacional, ni a que se trata de morir de risa. No muere nadie.

Entre bobos anda el juego

De F. de Rojas Zorrilla, versión de Rafael Pérez Sierra y Gerardo Malla. Con Cristina Marcos, Mónica Cano, Janfri Topera, Rafael Castejón, Francisco Lahoz, Jesús Fuente, Rafael Ramos de Castro, Jesús Castejón, Paloma Paso Jardiel. Director: Gerardo Malla. Compañía Nacional de Teatro Clásico. Teatro de la Comedia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de noviembre de 1999